martes, 28 de abril de 2020

PREGUNTA: “Por favor explique 1 Cor. 3:10-15. ¿Pueden los hombres, por ignorancia, enseñar un error que conduzca a la perdición a aquellos que están en su radio de influencia, y aún así salvarse?”


Pablo escribió a los corintios lo siguiente: “Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, como perito arquitecto puse un fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno vea cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesús el Mesías. Si sobre el fundamento alguno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca; la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la mostrará, pues con fuego está siendo revelada, y el fuego probará la clase de obra de cada uno. Si la obra de alguno que sobreedificó, permanece, recibirá recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; si bien él mismo será salvo, aunque así como a través del fuego” (1 Cor. 3:10-15).

Se nos ha pedido comentar la siguiente declaración con respecto al pasaje citado:

La referencia es… a las interpretaciones erróneas de las Escrituras, y la cruda o fanática predicación de hombres sinceros, pero ignorantes… Los esfuerzos de un sincero, pero errado maestro, se mostrarán indignos en sí mismos, pero el maestro mismo será salvo y recibirá la recompensa del carácter personal, pero no la de un buen constructor”.

Desde nuestra perspectiva, sería difícil errar en el significado de las palabras del apóstol más que como lo hace el autor de la declaración anterior en estas observaciones respecto a 1 Corintios 3:10-15. Tal punto de vista no sólo es una aplicación errónea del significado del pasaje; sus implicaciones son bastante peligrosas y perjudiciales para la causa de Cristo. Su clara e inevitable conclusión es que un maestro o predicador realmente puede defender doctrinas que conduzcan a la destrucción de las almas que las crean ¡y aún así salvarse él!

Lo cierto es que, la “referencia” no es a doctrina, sino a discípulos. La palabra “alguno” debe ser considerada dentro del marco de la referencia característica del tema discutido, y está limitado a aquellos que edifican sobre el fundamento—Cristo. Así que, “alguno” es cualquier predicador o maestro. Su “obra” son sus convertidos. Esto convertidos mostrarán diferentes niveles de fidelidad, representados en los materiales mencionados: oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca. Debe observarse que estos materiales, en el orden indicado, muestran una inmunidad en incremento al fuego. El “fuego” los probará. Algunos convertidos serán como hojarasca—su durabilidad es muy limitada, pronto perecen. Otros son como el heno—un poco mejor que el material anterior en su capacidad de resistir el fuego; la madera soporta el fuego mejor que el heno; las piedras preciosas, mejor que la madera; la plata mejor que las piedras preciosas; y el oro, siendo completamente inmune al fuego, no se ve afectado por éste.

La obra de cada uno se hará manifiesta”—los convertidos de cada predicador se mostrarán en su verdadero carácter—y “el día” lo declarará. Por supuesto, el día, es el día del juicio, cuando el registro de todos los hombres se hará manifiesto. La “obra” (del predicador del evangelio) será revelada “por el fuego”, y “el fuego probará la clase de obra de cada uno”. ¿Cuál fuego? El fuego del infierno, según Barnes y otros. El fuego de la persecución, la prueba y las dificultades terrenales, según McKnight. En apoyo del primer punto de vista está la asociación de la frase con “el día” lo cual señala obviamente al Gran Día final. En cualquier caso, se manifestará el carácter de los involucrados, como resultado de la prueba de fidelidad a la que serán sometidos. Aquellos “convertidos” representados por los materiales susceptibles al fuego (madera, heno y hojarasca), se perderán; aquellos representados por el oro, la plata y las piedras preciosas, serán salvos. ¿Qué efecto tendrá esto sobre el predicador o maestro?

Si la obra de algunopermanece, recibirá recompensa”. El “alguno” es el predicador o maestro. Su “obra” son sus convertidos. Ellos “permanecen” si son fieles. El predicador, en este caso, “recibirá recompensa”. ¿Cuál será la recompensa? No simplemente o solamente o únicamente su salvación. La fidelidad de los convertidos del predicador no operará automáticamente para salvar al predicador. Si se salva, será sobre la base de su propia fidelidad, y no por la de alguna otra persona. La recompensa es algo aparte de la salvación.

Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; si bien él mismo será salvo, aunque así como a través del fuego”. Aquí, otra vez, “alguno” es el proclamador de la verdad. Su obra son sus convertidos. La incineración de su obra representa la pérdida de estos convertidos debido a su infidelidad. En este caso, el predicador “sufrirá pérdida”. ¿Qué perderá? No su alma. Como la fidelidad de los convertidos del predicador no lo salvará, tampoco la apostasía de ellos operará para privarle de la salvación (suponiendo que él no es el responsable de su apostasía). Además, aunque él “sufrirá pérdida”, ¡”será salvo”! Por esto, la pérdida que sufre no es la de su salvación. Es la recompensa que él hubiera recibido, si ellos hubieran sido fieles. (Aquí, incidentalmente, hay evidencia clara de la doctrina de los grados de recompensa­—un tema frecuentemente enseñado en el Nuevo Testamento).

El comentario que estamos revisando en esta respuesta tergiversa completamente el significado de las palabras del apóstol. La “obra” del predicador, contemplada aquí, no es su doctrina, sino sus discípulos. Las doctrinas no pueden ser probadas ni por el fuego de la persecución ni por el fuego del juicio, en cambio los hombres que predican falsa doctrina, conduciendo a la condenación a sus oyentes se perderán juntamente con aquellos que ellos han desviado. Ciertamente es una teoría engañosa y peligrosa que defendería, como lo vimos en el párrafo que comentamos, que los hombres se pueden salvar, aunque enseñen falsa doctrina y conduzcan a la perdición a otros.

Con los siguientes comentarios de J. W. McGarvey, acerca de 1 Corintios 3:10-15, concordamos plenamente: “Si los discípulos de cierto maestro pasan la prueba del juicio, él recibirá una recompensa, de la cual sus convertidos serán sólo una parte (1 Tes. 2:19; Filp. 2:16), pero si sus discípulos no pasan la prueba, él perderá cualquier propiedad que tuviera en ellos, y quizá más (2 Jn. v. 8). El maestro puede, desde luego, salvarse independientemente de sus discípulos, pues la salvación es un don y no una recompensa; pero se salvará como un administrador que perdió todas las cosas de su mayordomía; como un arrendatario que pierde toda la cosecha quemada, o como un contratista cuya estructura ha sido consumida por las llamas”.

Todos los que enseñamos y predicamos la Palabra de Dios deberíamos considerar cuidadosamente con el corazón las implicaciones de este destacado pasaje de los escritos de Pablo. Es una cosa seria sobreedificar con materiales indignos en el edificio de Dios. Que esto se puede hacer es obvio según la ilustración del apóstol. Debemos estar siempre en guardia para enseñar e inculcar de tal manera la verdad que ésta proteja del error a aquellos que la reciben y la obedecen, y los confirme y los fortalezca en la fe de manera que puedan ser clasificados como oro, plata o piedras preciosas, y no como madera, heno y hojarasca. Haciendo esto, aseguramos nuestra “recompensa”, y les aseguramos la salvación.

viernes, 24 de abril de 2020

UN ANÁLISIS DE ROMANOS 14


El capítulo catorce del libro de Romanos es una pieza de literatura intrigante. Generalmente mal entendido, con frecuencia maltratado, ofrece mucha instrucción para el estudiante de mentalidad espiritual que se enfrenta a una variedad de problemas.

El texto surge de una era de transición en la historia religiosa cuando muchos conversos a Cristo estaban pasando de un gran sistema divino (el régimen mosaico) a otro (la era cristiana).

Debido a los diversos antecedentes, religiosos y culturales, tanto de judíos como de gentiles, surgieron muchos problemas que amenazaban la unidad del cuerpo de Cristo. Por lo tanto, se establecen en este capítulo una serie de principios que, si se siguen concienzudamente, ayudarían a mejorar esta situación potencialmente explosiva.

Considere algunas de las circunstancias tratadas en este capítulo y tenga en cuenta las aplicaciones que son relevantes para cualquier época. Sería útil leer el capítulo antes de continuar con este artículo.

Débil contra fuerte

En el contexto más amplio de este discurso, el apóstol contrasta a los que son "débiles" (14:1), con los que son "fuertes" (15:1). Una consideración cuidadosa de los datos relevantes lleva a la conclusión de que los más fuertes son aquellos que tienen un mayor grado de "fe" cristiana (14:1-2, 22-23). La fe más fuerte se caracterizaba por una comprensión más precisa de la doctrina cristiana (comp. 10:17).

La fe más fuerte (más conocedora), por ejemplo, percibe que ciertas carnes, consideradas “inmundas” bajo la economía mosaica (Levítico 11), ya no están prohibidas para aquellos que están en Cristo. Estos cristianos entendieron que ciertos "días", anteriormente estimados como "santos", en adelante no deben ser vistos como tales bajo la ley de Cristo.

Compasión por los débiles

El cristiano fuerte debe ejercer paciencia para comprender que el débil no ha alcanzado el nivel de conocimiento que poseen los más maduros (vv. 2-3). Por lo tanto, el fuerte debe extender la compasión y la paciencia, permitiendo que la persona débil crezca, alcanzando así un nivel de comprensión en el que pueda avanzar en Cristo sin violar su conciencia (vv. 5-6, 13, 15-16).

Unidad entre cristianos

Pablo advierte firmemente a los hermanos que se unan en asuntos que no afectan la integridad de la fe cristiana, por ejemplo, comer ciertos alimentos o honrar días particulares.

Aquellos que se abstienen por motivos de conciencia de comer carnes "inmundas" no deben ser condenados. Aunque su conocimiento era incompleto, tenían buenas intenciones; y sus esfuerzos, aunque equivocados, estaban dirigidos a traer gloria a Dios. Del mismo modo, el hombre que se negaba a trabajar el sábado, a pesar de que esa restricción fue abolida en Cristo (Efesios 2:13ss; Colosenses 2:14-17), lo hizo con los motivos más puros: honrar a su Creador (v. 6).

Estos cristianos con diferencias sinceras, con diferentes niveles de conocimiento y con distintos grados de sensibilidad de conciencia fueron amonestados a luchar por la unidad en Cristo. La causa de Jesús y el valor de un alma deben ser primordiales, y en muchos casos los hermanos en Cristo deben estar dispuestos a ceder el uno al otro en lugar de causar angustia y división.

¿Significa esto que las verdades doctrinales fundamentales pueden hacerse a un lado por el simple hecho de hacer sentir bien a los herejes o aplacar cada "desviación" en la iglesia? De ninguna manera. Tal visión básica de este texto destacado forzaría a las Escrituras a contradecirse en muchos detalles. Anularía todos los pasajes que requieran disciplina y, cuando sea necesario, la separación de la comunión de aquellos que persiguen vidas disolutas y/o que defienden enseñanzas destructivas y anticristianas.

Los cristianos deben seguir las cosas que contribuyen a la paz; debemos esforzarnos por edificarnos unos a otros, no lo opuesto (v. 19). Todo esto, por supuesto, debe lograrse en una atmósfera de lealtad a la verdad.

El valor de un alma

El apóstol inspirado advierte a cada hijo de Dios que no sea un obstáculo ni que ponga uno en el camino de su hermano (v. 13). No vivimos la vida de manera aislada (v. 7). Lo que uno hace afecta a los demás.

Si el cristiano tiene un desprecio insensible por la debilidad de su hermano, hiere a propósito su conciencia, no le importa el alma de esa persona, y esto resulta en la "destrucción" del hermano más débil (v. 15), ¿la obra misma de Cristo a favor de esa preciosa alma no ha sido en vano? ¿Y quién compartirá la culpa de esa apostasía?

Manteniendo la sensibilidad de la conciencia

Pablo advierte que cuando un cristiano procede con cierta acción, debe "estar completamente convencido en su propia mente" (v. 5) de que lo que está haciendo no viola su conciencia. La conciencia es un instrumento sensible y es la dotación más valiosa de una persona para "empujarlo" en la dirección adecuada a medida que crece en conocimiento.

La conciencia no es el árbitro final de lo correcto y lo incorrecto (Proverbios 14:12); Debe ser educada. Sin embargo, en su lugar apropiado, es un preciado regalo de Dios, y el cristiano debe evitar que se endurezca (comp. Efesios 4:19; 1 Timoteo 4:2).

Es por eso que, al concluir el capítulo, Pablo advierte que hacer algo en violación de la conciencia (aunque el tema sea religioso o éticamente neutral) es pecado. Uno debe poder (en el caso de comer "carne", por ejemplo) comer o beber "de fe", es decir, con la conciencia tranquila (v. 23). Una conciencia limpia no hace que un acto incorrecto sea correcto, pero una conciencia violada puede hacer que un acto correcto (en términos de su naturaleza básica) sea incorrecto para ese individuo.

El juicio final le pertenece a Dios

Ningún cristiano tiene la capacidad de mirar el corazón de otro hijo de Dios y juzgar los motivos detrás de sus acciones (1 Samuel 16:7; 1 Corintios 2:11). Por lo tanto, en muchos asuntos debemos dejar el juicio final a Dios, quien siempre hará lo correcto (Génesis 18:25). En última instancia, somos responsables ante el Señor, no ante nuestros hermanos (vv. 4, 8-12, 22).

Siendo ese el caso, no estamos obligados a conformar toda nuestra vida a las convicciones personales de nuestros hermanos menos informados en Cristo. Si ese fuera el caso, no tendríamos edificios para adorar, ni bautisterios, ni clases bíblicas en el día del Señor, ni literatura bíblica, ni copas de comunión individuales, ni predicadores a tiempo completo, ni casas hogares, ni benevolencia de la iglesia para los no cristianos, A lo largo de los años, hermanos bien intencionados, pero equivocados, se han opuesto a estas conveniencias.

Sin embargo, como se señaló anteriormente, tenemos la responsabilidad de no herir deliberadamente sus espíritus y participar en actos públicos y frívolos que podrían poner en peligro la salvación de otros. Aquí hay un delicado equilibrio, y se requiere mucha sabiduría para lograrlo.

El ejemplo de Pablo

Pablo era judío en el sentido supremo de ese término. Su lealtad al sistema mosaico fue irreprochable. Mientras instruía a sus hermanos judíos en los elementos más avanzados del evangelio, reconoció el diseño temporal de la Ley. Sus cartas están llenas de afirmaciones de la abolición de la ley. El código mosaico no proporcionó ningún medio de justificación final. Uno solo tiene que leer la argumentación en varias de sus epístolas (por ejemplo, Romanos, Gálatas, Efesios, 2 Corintios y Colosenses) para ver una imagen clara sobre este asunto.

Y, sin embargo, el gran apóstol siempre fue sensible a las necesidades espirituales de sus hermanos judíos, esforzándose por resolver sus malentendidos hasta que pudieron llegar a una comprensión más rica de la verdad.

Aunque Pablo sabía que no había salvación asociada con la circuncisión (Gálatas 5:2, 6), no obstante tenía a Timoteo, un compañero de predicación cuyo padre era gentil, circuncidado para no ofender a los posibles conversos hebreos (Hechos 16:3).

Sabía que no había virtud redentora en el ceremonialismo del templo, pero accedió a una ceremonia de purificación para calmar una situación volátil en Jerusalén (Hechos 21:26). Ese acto desinteresado le costó cuatro años de prisión (Hechos 24:27; comp. 28:30). El apóstol afirmó abiertamente su disposición a subordinarse a aquellos de menor conocimiento por el bien de sus almas (1 Corintios 9:19-23). ¡Qué hombre!

Aplicaciones prácticas

En las secciones anteriores de este artículo, he intentado exponer los principios enunciados por el gran apóstol de Dios en el capítulo catorce de la carta a los romanos. A veces, sin embargo, es una tarea mucho más difícil aplicar los principios divinamente prescritos a situaciones de la vida diaria en el mundo moderno, pero se debe ejercer un esfuerzo estudioso y espiritualmente experimentado en interés de la verdad.

A este respecto, debo decir esto: en demasiados casos, los cristianos no quieren ejercer el estudio personal y la destreza analítica individual para buscar aplicaciones sabias para la resolución de las tensas relaciones cristianas que encuentran.

Con demasiada frecuencia, es el caso de que quieran presentar a los ancianos o al predicador los "hechos" de su situación, y pedirles que tomen una decisión que ya esté perfectamente empaquetada. Y cuando uno les insta a considerar los principios bíblicos y descubrir las aplicaciones en el mejor interés de todas las partes involucradas, a veces se resisten, atacando de vez en cuando al que busca ayudarlos a crecer en sus hábitos de estudio.

Además, no son pocos los que simplemente no pueden tolerar ningún grado de flexibilidad entre los hermanos con quienes no comparten un acuerdo perfecto (¿y quién lo logra alguna vez?). Por el contrario, están preparados para "escribir", "marcar" y/o "expulsar" a cualquiera que no cumpla con su estándar. El "cazarrecompensas" profesional no puede sobrevivir por mucho tiempo si no sigue el rastro de una víctima. Es una situación muy lamentable cuando un hombre es más feliz si está desollando a un hermano en Cristo.

Pero pongamos un ejemplo muy real que en ocasiones ha enfrentado a hermanos cristianos devotos:
Una familia encantadora se convierte a Cristo de una secta del séptimo día, con la que estuvieron afiliados durante varios años, y en la que estuvieron más que superficialmente involucrados. Son estudiantes honestos y dedicados de las Sagradas Escrituras, y pronto aprenden que la ley de Moisés, con sus obligaciones sabáticas, no está vigente hoy. Están convencidos de eso y pueden argumentar ese caso admirablemente.

Sin embargo, tienen un par de problemas. Simplemente no pueden sentirse cómodos haciendo el trabajo de jardinería el sábado; por costumbre, prefieren reservar el día para el estudio de la Biblia u otras actividades principalmente espirituales. ¿Deberían ser ridiculizados si así lo eligen? Si prefieren no asistir a un juego de pelota o alguna otra actividad recreativa el séptimo día de la semana, ¿no deberían ser amados y respetados?

¿Y qué pasa si es el caso de que no pueden, en buena conciencia, en una comida de la iglesia, comer el jamón horneado de alguna hermana o el plato de bagre frito de un deportista? ¿No pueden considerarse con honor sus hábitos alimenticios de larga data, en lugar de que alguien sugiera cuán “tonta” es esa abstinencia?

La protección de las conciencias de los débiles es de mucho mayor valor que aplacar las críticas insensibles de sus hermanos farisaicos que intentan colar mosquitos mientras los camellos se alojan en sus propias gargantas "ortodoxas".

Conclusión

Que Dios nos ayude a cada uno de nosotros a inhalar los vapores fragantes de Romanos 14, a digerir los principios de esta magnífica narrativa, y así estar dispuestos a deshacernos de nuestras pequeñas inclinaciones de interés propio para conseguir el objetivo final de una población más grande en el cielo. El lema del cristiano debería ser: "Compasión sin comprometer la verdad".

PREGUNTA: “En Romanos 14:23 la Biblia dice que un hombre que duda es condenado si come. ¿Significa esto que, si un hombre tiene serias dudas respecto a una acción particular, él no debería realizar dicha acción?”


Sí. Nunca debemos seguir una ruta que viole nuestra conciencia. Cuando un hombre viola su conciencia, está haciendo deliberadamente lo que él cree que está mal y que no tiene la aprobación de Dios; y, esto conduce a la corrupción de la conciencia y, eventualmente, a su destrucción. En un capítulo, cuyo tema es “las cosas sacrificadas a los ídolos”, Pablo escribió: “Sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que ninguno es Dios, sino unoPero no en todos está el conocimiento; más bien, algunos habituados hasta ahora a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, es contaminada” (1 Cor. 8:4-7). La adoración idólatra abundaba entre los paganos en el primer siglo; y, en los templos de los ídolos de aquel tiempo, se ofrecían sacrificios de animales. Generalmente, la carne era llevada al mercado y puesta a la venta para comer. Algunos hermanos sentían que era algo malo comprar y comer carne que había sido usada de esa manera; otros, sabiendo que los ídolos no eran nada, comían esta carne sin remordimiento. Los hermanos más débiles, al observar esto, se sentían tentados a comerla, aunque creían que era pecaminoso hacer eso. Pablo escribió, con respecto a esto: “Si bien la comida no nos hace más aceptos ante Dios, ni por no comer somos peores, ni por comer somos mejores. Pero mirad que esta libertad vuestra no sea en alguna manera tropezadero para los débiles. Porque si te viera alguno, a ti que tienes conocimiento, reclinado a la mesa en un lugar de ídolos, ¿no será estimulada la conciencia del que es débil a comer de lo sacrificado a los ídolos? Entonces, por tu conocimiento, se echa a perder el débil, el hermano por quien el Mesías murió. Y así, pecando contra los hermanos, y golpeando fuertemente sus débiles conciencias, contra el Mesías pecáis” (1 Cor. 8:8-12).

Si el hermano “fuerte” puede comer esta carne, sin problemas, ¿por qué se “perderá” el hermano “débil” si la come? Porque él está siguiendo un camino que viola su propia conciencia. Para ser correctos, no solamente debemos hacer lo que es correcto, también debemos creer que estamos en lo correcto. El simple hecho de creer que es correcto lo que hacemos no hará que eso sea correcto—Pablo tenía una conciencia tranquila mientras perseguía a los cristianos (Hch. 23:1; 24:16)—pero no podemos ser personas correctas, a menos que creamos que estamos en lo correcto. “Yo sé, pues he sido persuadido por el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo, pero el que piensa que alguna cosa es inmunda, para él es inmunda” (Ro. 14:14). Esto nos muestra que nunca deberíamos hacer lo que creemos que está mal. Cuando hacemos esto, es que estamos motivados por otras razones que no son hacer lo correcto y agradar a Dios. Ese tipo de motivación destruye el carácter y la conciencia, porque lo lleva a uno a hacer aquello que consideramos opuesto la verdad y en conflicto con la voluntad de Dios. Una buena persona no violará su conciencia en ningún asunto. “El propósito de este mandamiento es el amor nacido de un corazón puro, de buena conciencia y de una fe no fingida” (1 Tim. 1:5).

Si debemos respetar nuestra conciencia en todos los asuntos de este tipo, ¿significa esto que la conciencia es un monitor infalible de lo que es correcto? De ningún modo. Ella puede ser retorcida, estar prejuiciada o completamente mal informada. La conciencia es el monitor de nuestro juicio. Cuando seguimos un camino que aprueba nuestra conciencia, simplemente estamos haciendo lo que aprueba nuestro juicio; si hacemos lo que nuestra conciencia nos dice que está mal, entramos en un conflicto con nuestro juicio de lo que es correcto. En esos casos, necesitamos poner nuestro juicio en armonía con la voluntad de Dios, el Nuevo Testamento, y entonces nuestra conciencia nos aprobará cuando actuemos en conformidad con esto, y nos reprenderá cuando no lo hagamos.

Debemos ser sumamente cuidadosos para no extender el principio enseñado por Pablo en 1 Cor. 8, y Ro. 14, más allá de su alcance. En estos capítulos, él trata con el tema de comer carne sacrificada a los ídolos—una acción que no involucraba ningún principio moral ni religioso. Alegar que es correcto involucrarse en la bebida social, en prácticas inmorales, en el uso de narcóticos, y cuestiones similares si uno cree que estas cosas son permisibles, es aplicar erróneamente el principio enseñado, y degradarlo. Estas cosas, y cuestiones semejantes, son esencialmente pecaminosas; está mal involucrarse en ellas sin importar lo que uno crea, porque se oponen a la voluntad de Dios.

Pablo nos enseña en Ro. 14:23 que nos sujetemos a la verdad, en aras de la verdad; debemos, como hijos de Dios, ser fieles a nuestras conciencias, y fieles a Su voluntad; un buen hombre con una mala conciencia es una anomalía. La lealtad a Dios demanda una buena conciencia.

martes, 21 de abril de 2020

PREGUNTA: “Por favor explique Romanos 3:25. ¿Se perdonaron pecados antes de que Cristo muriera en la cruz?”


Por cuanto todos pecaron, y están privados de la gloria de Dios, siendo justificados por su gracia, sin merecimiento alguno, mediante la redención que tienen en Jesús el Mesías; a quien Dios ha propuesto públicamente como sacrificio expiatorio por su sangre a través de la fe, como evidencia de su justicia, a causa de haber pasado por alto, Dios en su paciencia, los pecados pasados, con el propósito de demostrar su justicia en el tiempo presente, a fin de que Él siga siendo justo también cuando declara justo al que es de la fe de Jesús” (Biblia Textual).

Este maravilloso pasaje conecta la profunda pecaminosidad del hombre con la inmensa estatura del plan de redención de Dios para la humanidad. Este pasaje habla de la necesidad que el hombre tiene de un Salvador, de la redención que está en Cristo; de la propiciación que es efectuada a través de Su sangre, de Su justicia y paciencia; y de la justicia mezclada con misericordia característica de Sus tratos con el hombre. Además, aquí se ve la actitud de Dios hacia aquellos que habían pecado antes del Calvario, y la manera en la que trató con los que pecaron en esa condición—un hecho desafortunadamente confuso en la versión Reina Valera de 1960.

La palabra aphesis es la palabra griega usual para “remisión”, y aparece frecuentemente en las Escrituras, particularmente en los escritos de Lucas. Significa ser liberado de algo, dejar ir algo, antiguamente se refería a deudas, y más tarde se vino a utilizar en su aplicación superior de liberar del pecado. Una forma de esta palabra aparece en Hechos 2:38, “Arrepentíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús el Mesías para perdón de vuestros pecados (eis aphesin hamartioon)”. Aphesis es la palabra usual para “remisión” en las Escrituras. Sin embargo, esta palabra no es la palabra traducida “redención” (RV-60) en este pasaje. La palabra así traducida en este pasaje es el término griego paresin, ¡y no aparece en ninguna otra parte del Nuevo Testamento! Éste no conlleva la idea de liberar o quitar pecados. Thayer lo define como “permitir que pase, pasar por alto, dejar pasar, descuidar, ignorar” los pecados. Los revisadores, reconociendo esta diferencia esencial en los dos términos, no siguieron a los traductores de la Reina-Valera. Tradujeron el término adecuadamente como “pasar por alto”. Así que Dios, simplemente y por un tiempo, “pasó por alto” los pecados de aquellos que murieron en la fe bajo el antiguo orden, sin una completa y final absolución de estos. De manera que no había un perdón absoluto en los pactos anteriores. “Porque la ley, teniendo meramente una sombra de los bienes destinados a venir, no la imagen misma de las cosas, nunca puede perfeccionar a los que se acercan por medio de los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año. De otra manera, ¿no habrían cesado de ser ofrecidos, puesto que los que adoran, una vez purificados, no tendrían ya más conciencia de pecado? Pero en ellos se hace memoria de los pecados cada año, porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos pueda quitar pecados” (Heb. 10:1-4). Así que, hasta que no muriera Cristo, los ríos de sangre que fluían de los altares judíos nunca habían funcionado para quitar los pecados. Su eficacia se debía únicamente al hecho de que ellos anticipaban el “manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalem, para la purificación”, provisto por el Cordero de Dios.

Además, el viejo orden de “pasar por alto”, de ignorar los pecados había operado tan bien como podía. Dice Thayer en esta párrafo: “Debido a que Dios había pasado por alto los pecados cometidos previamente (a la muerte expiatoria de Cristo)—es decir, los había tolerado, no los había castigado (y así, la concepción del hombre de Su santidad estaba en peligro de debilitarse, si no extinguirse). En la misma línea Trench dice: “Era necesaria, diría San Pablo, una manifestación como señal de la justicia de Dios a causa de la larga omisión, o el pasar por alto los pecados, en su infinita tolerancia, sin la adecuada expresión de su ira contra ellos, durante todos esos largos años que precedieron la venida de Cristo; en cuya manifestación de Dios la justicia encontró lugar, cuando no expuso a otro y no menos que a su propio Hijo para ser el sacrificio propiciatorio por el pecado”.

Por lo tanto, Dios simplemente pasó por alto los pecados de los que eran dignos; esos pecados no fueron perdonados. La palabra utilizada aquí, paresis, indica ignorar temporalmente el pecado, y existe una alusión definida respecto a que aquel cuyos pecados se pasan por alto, durante un tiempo, tiene el privilegio de volver con la demanda original, si así lo desea. Así el pueblo del antiguo pacto se mantuvo en una relación con Dios. Todos ellos habían pecado; Dios misericordiosamente ideó un arreglo mediante el cual ellos pudieran postergar el día de rendir cuentas; pero este arreglo no dejaba de anunciar la promesa de una absolución final y completa. Esto era solamente una anticipación; éste debía su eficacia únicamente a la virtud del hecho de que tipificaba la muerte de Cristo en la cruz. Así que la creencia que declara que Cristo fue el Cordero inmolado desde la fundación del mundo y que Su sacrificio fue efectivo durante el antiguo pacto, no tiene fundamento alguno.

domingo, 19 de abril de 2020

PREGUNTA: “¿Por qué Jesús alaba al mayordomo injusto de Lucas 16:1-8?”


Debemos ser muy cuidadosos para observar lo que se dijo exactamente, en esta parábola, y no suponer cosas que no están en ella. En realidad, la alabanza no la da Jesús, sino el amo (dueño, empleador), del mayordomo, aunque Jesús relacionó y aplicó los detalles. Ni la alabanza ni la aplicación de la lección tienen que ver con el método que utilizó el mayordomo, sino con la sagacidad y la previsión que usó para prepararse para el futuro. Rahab, la ramera, está inscrita en el salón de la fama de la inspiración, no porque ella mintió, sino porque creyó en el triunfo final del plan de Dios, y corrió un grave peligro personal apoyándolo (Jos. 2:1-24; Heb. 11:31). Abraham y Sara, a quienes el relato sagrado adscribe los más altos honores, pecaron gravemente en el tema de Agar, aunque otras acciones suyas evidenciaron su dedicación y devoción a Dios. La mentira de Rahab y la sustitución de Sara, ambas se oponían a los mandamientos explícitos de Jehová, y ninguna de ellas gozó de la aprobación de Dios por estas acciones, sino por otras.

No fue el método manipulado al que recurrió el mayordomo injusto lo que provocó un cumplido, sino su sabia anticipación de la necesidad futura y su preparación para ella, lo que atrajo los buenos comentarios del amo y el uso que nuestro Señor dio al incidente. El punto es simplemente este: el mayordomo injusto planeó para el futuro; en esto, él hizo uso de sabiduría y buen juicio. Los seguidores de Cristo deben ejercitar la misma sagacidad y previsión y prepararse para el mundo venidero. En demostración de que Dios mira con agrado al que se prepara para el futuro y que usan sus oportunidades presentes para incrementar y mejorar sus oportunidades futuras, el Señor dijo: “El que es fiel en lo muy poco, también es fiel en lo mucho, y el que en lo muy poco es infiel, también en lo mucho es infiel. Así que, si en el injusto Mamón no fuisteis fieles, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo vuestro?” (Lc. 16:10-12). El mayordomo injusto manejó los asuntos de su señor de tal manera que incrementaran su bienestar futuro. Nosotros somo administradores de Dios aquí en la tierra. Si no mejoramos nuestras oportunidades mediante el uso adecuado de las cosas de esta vida no tendremos el privilegio de disfrutar de las “verdaderas riquezas” de la vida venidera.


sábado, 18 de abril de 2020

PREGUNTA: “¿Enseña Mateo 18:15-17 que un hermano, que defiende y enseña públicamente una falsa doctrina, debe ser contactado personalmente antes de que sea apropiado y justo refutar sus errores públicamente?”


No.
Es perturbador que ciertos hermanos hoy en día no titubeen para tomar textos fuera de sus contextos, y usarlos sin considerar en lo absoluto el propósito de esas declaraciones, llegando así a conclusiones totalmente ajenas a las originales. Obviamente ese es el caso aquí.

Incluso el examen más casual de Mateo 18:15-17, mostrará que el Señor tenía bajo consideración ofensas de una naturaleza personal, ocasiones donde un hermano ha sufrido algún perjuicio de una clase u otra a manos de otro hermano en la congregación. Éste no hace la más leve referencia a, ni puede aplicarse correctamente a casos donde hermanos apóstatas han propagado una falsa doctrina para el detrimento de la causa de Cristo. “Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero, si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y, si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado” (LBLA).

(1) La ofensa involucrada es un “pecado” (amarteesee) de un hermano contra otro hermano. (2) El hermano ofensor debe ser visitado por el ofendido y debe ser reprendido (elegdson auton). Es significativo que la palabra griega aquí no es el término usual para reprender (epitimoo), sino una palabra que significa reprender con propósito, y de una manera que conduzca a la persuasión. (3) Si esto conduce al hermano ofensor al arrepentimiento, se restaura la comunión y se ha “ganado” un hermano. (4) Sin embargo, si el hermano está en rebeldía y no corregirá sus malas obras, se deben llevar “uno o dos” hermanos suponiendo que su intervención hará que éste recapacite. Si este intento también falla, el asunto debe ser llevado ante la iglesia, y considerar este tema públicamente. Y si esto, tampoco influye en el hermano para que confiese y corrija su mal camino, entonces debe ser expulsado de la comunión y ser considerado de allí en adelante como un gentil y publicano. Los paganos y los recaudadores de impuestos eran visto como hombres impíos y corruptos, fuera de la comunión de los santos, y bajo la desaprobación de Dios. Así debía considerarse a este hermano ofensor y rebelde mientras persistiera en esa condición.

Por lo tanto, es obvio que este pasaje es aplicable solamente a aquellos casos, que involucran ofensas personales, donde un hermano ha pecado contra otro hermano. Generalmente, en otras partes del Nuevo Testamento, cuando los hermanos son culpables de otro tipo de pecados, se siguen pasos bastante distintos a estos para tratar con ellos. Por ejemplo, ¿quién podría creer, en serio, que Pablo, el apóstol, debía contactar al hermano incestuoso de 1 Cor. 5:1, antes de escribir sus instrucciones a la iglesia con respecto a las obligaciones que ellos tenían en este asunto? ¿Debemos suponer que él violó las instrucciones de nuestro Señor en Mateo 18:15-17 cuando advirtió a Timoteo de Himeneo y Fileto debido a los errores que estos estaban propagando con respecto a la resurrección (2 Tim. 2:15-18)? Y, ¿qué decir de su reprensión a Figelo y Hermógenes quienes eran responsables de que los hermanos de “Asia” abandonaran a Pablo? ¿Debió conversar con estos erroristas antes de dar a conocer públicamente sus acciones (2 Tim. 1:15)?

Es un grosero malentendido de Mateo 18:15-17 ofrecerlo como una regla de procedimiento para tratar con casos donde se está defendiendo una falsa doctrina que perturba la causa y destruye las almas de los hombres; y quienes hacen esto caen ellos mismos en un grave pecado. La disposición de excusar o proteger a cualquiera que esté enseñando error, hace partícipes a estas personas de esa acción y el Señor los juzgará de esa manera en el día final. La exhortación de Pablo a la iglesia en Roma deja claro el tema para aquellos que verdaderamente respetan a Dios y a su Palabra: “Os ruego, hermanos, que pongáis atención a los que causan disensiones y tropiezos contra la doctrina que vosotros aprendisteis, y apartaos de ellos” (Ro. 16:17, LBT).

PREGUNTA: “¿La ‘adivina de Endor’ realmente llamó a Samuel de entre los muertos, o ella engañó a Saúl con ilusionismo?”


Ninguna de las dos. No obstante, indudablemente Samuel apareció desde el mundo espiritual, y conversó con Saúl en aquella ocasión. Saúl, rey de Israel, fuera de la gracia de Dios y del favor del hombre, habiendo abandonado a Dios y siendo abandonado por Él, busca ayuda en una fuente que antes él había tratado con todo el desprecio: una mujer con “un espíritu familiar”—una bruja. La profundidad de su desesperación se puede notar en el hecho de que por su propia orden muchos de los que practicaban el arte de la brujería y cosas semejantes, habían sido castigados con la muerte, debido a su mala influencia sobre el pueblo; y ahora, al no tener a quién recurrir en la tierra, recuerda al buen Samuel cuya sabiduría él había descartado en vida, ¡y ansiaba un consejo suyo! Y, para obtenerlo, busca ayuda de una bruja. Qué sorprendente ironía hay en esto. El que había expulsado a todos de la tierra, o había provocado que murieran, ahora consulta a uno de ellos para que le brinde la ayuda que ni Dios ni el hombre le podían dar. Además, también hay una fuerte ironía en el hecho de que él anhela una oportunidad más para escuchar las palabras de su amigo y consejero de aquellos días más felices. Cuán frecuentemente vemos esta situación en nuestro día a día. Ciertamente es una de las grandes tragedias de la vida que las palabras de bien y los consejos muchos las valoran cuando ya no está disponible.

La mujer hizo su encantamiento usual, lo común en esas sesiones, y Samuel apareció. Que esa fue una aparición real y no una aparición lograda con ilusionismo por la mujer, es claro por el hecho de que ella no esperaba que apareciera Samuel y, por consiguiente, no estaba preparada en lo absoluto para ese suceso. ¡Es claro en la narrativa que Saúl tenía más fe en la capacidad de ella para invocar a Samuel, que ella misma! Samuel realmente apareció; esta aparición no se dio ni por los poderes de la mujer, ni por la agencia de Satanás; fue una aparición real con el propósito de reprender tanto a la mujer como a Saúl.

La prueba positiva e irresistible del milagro, porque eso fue, se ve en el mensaje que Samuel entregó a Saúl en esa ocasión: “Además YHVH entregará a Israel contigo en manos de los filisteos, y mañana tú y tus hijos estaréis conmigo” 1 Samuel 28:19). Adicional al anuncio del final del reino de Saúl, Samuel hizo dos predicciones: (1) los filisteos triunfarían en batalla contra Israel; (2) Saúl y sus hijos morirían al día siguiente de esa entrevista. Estos detalles ni la mujer, ni Satanás ni sus agentes los podían saber y, por lo tanto, debieron darse por inspiración. Así que Samuel realmente vino ante Saúl, no por brujería, sino por intervención divina y, por ende, el relato puede considerarse como una descripción auténtica de lo que aconteció ese día.