lunes, 2 de julio de 2012

¿Son digresivos los "edificios" modernos de las iglesias?


Hay un elemento minoritario dentro de la comunidad cristiana el cual contiende que la iglesia primitiva se reunía exclusivamente en hogares privados, no en el tipo de facilidades públicas que uno ve hoy en día. Alegan que el uso de “edificios modernos” para la iglesia es una violación de un patrón bíblico. Las iglesias del Nuevo Testamento eran “familias”, argumentan ellos. Por lo tanto, para preservar la atmósfera de intimidad debemos reunirnos en grupos pequeños. Y ya que las familias viven en “casas”, ellos suponen que el sistema “casa-iglesia” constituye un “modelo obligatorio” para la adoración de la iglesia del Nuevo Testamento.

Sin embargo, los abogados de esta teoría, por más sinceros que sean, están muy mal dirigidos. Esta noción de “programa de control familiar” no tiene el más mínimo apoyo en las Escrituras.

Autoridad por inferencia —Se permite lo conveniente
El mandamiento/ejemplo dado a los cristianos de reunirse con el propósito de adorar (Hch. 20:7; Heb. 10:25) implica (y por lo tanto autoriza) un lugar de alguna clase en el cual reunirse. Pero, a menos que haya algún patrón exclusivo de conducta, asociado con algún tipo de principio espiritual subyacente, nadie puede requerir un estilo particular de sitio de reunión, por ejemplo, un hogar privado. La conveniencia aconsejará lo que es prudente bajo ciertas circunstancias, y la conveniencia es un asunto de juicio y preferencia.

Ningún patrón exclusivo
No hay patrón exclusivo relacionado con las facilidades par adorar en los días de los apóstoles, y esto se demuestra por los siguientes hechos.

1.       La primitiva iglesia de Jerusalén inicialmente se reunía en alguna parte de los confines del templo, la cual comprendía un área bastante extensa— aproximadamente algo más que unos ochocientos metros cuadrados. Se ha observado que el “atrio de los gentiles” era muy cómodo, capaz de acomodar a unas 20,000 personas (Harrison, p. 64). Estas reuniones pudieron requerir que se dividieran las reuniones en varios grupos diferentes a medida que la iglesia se expandía. Sin embargo, inicialmente por lo menos —antes que emergiera la hostilidad judía, el atrio externo era su sitio de reuniones (comp. Hch. 2:46). Estos “primeros frutos” de la fe muy obviamente no necesitaron segregarse en pequeñas “casas-iglesia” con el propósito de reunirse para adorar en el día del Señor.

A pesar de este claro precedente en el libro de los Hechos, un escritor, en defensa de la posición “casa-iglesia” declara que “la iglesia del Nuevo Testamento comenzó como un pequeño grupo casa-iglesia (Col. 4:15), y se mantuvo así hasta mediados o el fin del siglo tercero”. Este alegato es, honestamente, ridículo.

En primer lugar, la iglesia no comenzó como un pequeño grupo pequeño en la casa de alguien. Había un mínimo de 3,000 discípulos en Jerusalén en el día de Pentecostés (Hch. 2:41). Y podrían ser muchos más que 3,000 si los bautizados por Juan el Bautista (Mat. 3:5-6), como también aquellos preparados por el Señor y sus apóstoles (Jn. 4:1-2) no estaban incluidos en ese conteo (comp. Alexander, p. 89). Además, ellos estaban “todos juntos”, al menos por un tiempo, como se refleja en el tiempo pasado imperfecto de verbo esan (“estaban”) en 2:44. Obviamente a ellos no se les había enseñado que un grupo demasiado grande nulifica el “ambiente de familia”.

2.       Los cristianos primitivos se reunían en casas particulares a veces. De esto no hay duda (1 Cor. 16:19; Col. 4:15). Pero no hay la más remota evidencia de que este formato representara un “modelo obligatorio”.

3.       En algunas circunstancias, los cristianos pudieron emplear una facilidad prestada o rentada. Una circunstancia de éstas sería la que los llevó a reunirse diariamente en la escuela de Tirano (Hch. 19:9), lo cual parece incluir días de semana y domingos también. Argumentar, como algunos abogados de las “casas-iglesias” han hecho, que esto era simplemente un arreglo temporal (dos años) es escasamente convincente. Las Escrituras no enseñan a practicar el error para ir perfeccionando lo que dicta la verdad. Aparte de esto, seguramente los que se convirtieron a Cristo en este lugar tenían sus casas y, en ocasiones, las habrían cedido para reuniones sin que se abandonara la facilidad pública. El punto es este: la adoración en casas no era obligatoria ni un modelo exclusivo.

4.       Uno simplemente no puede descartar el hecho que la persecución jugó un rol significativo en las localidades seleccionadas para la adoración durante los primeros siglos de existencia de la iglesia— antes que el cristianismo recibiera la protección del gobierno civil. El libro de Hechos contiene amplia evidencia de la devastadora presión que la iglesia primitiva resistió bajo la opresiva mano de sus perseguidores— primero, de parte de los judíos, luego de los paganos. Pero tales circunstancias no justifican el argumento que niega la conveniencia en tiempos de más tranquilidad.

5.       No hay una conexión fundamental, espiritual entre un cuerpo de personas adorando y el lugar donde se reúnen a adorar. Por ejemplo, uno puede ver fácilmente la asociación subyacente entre participar de la cena de comunión (representando el cuerpo y la sangre del Salvador) y la necesidad de hacerlo en el primer día de la semana (el día de la resurrección), porque hay una conexión muerte/resurrección. Pero no hay afinidad espiritual entre un cuerpo de creyentes adorando y el tipo de facilidad en la cual éstos se reúnen. Un lugar de reunión es totalmente incidental.

6.       La teoría de la “casa-iglesia” sugeriría que ninguna iglesia podría crecer hasta el punto de no poder acomodarse en un hogar privado. ¿Cuánto puede crecer una familia antes que ésta viole la ley humanamente impuesta de “límite de crecimiento”? Además, si la analogía de “familia” va a ser forzada para convertirse en un modelo obligatorio, como nuestros amigos del concepto “casa-iglesia” pretenden, ya que una familia habita en una misma casa todos los días, ¿por qué no insistir en que todos los miembros de la iglesia local deben residir dentro de la misma estructura usando este razonamiento? Aquí es donde recordamos el viejo axioma: “Lo que prueba demasiado no prueba nada”.

7.       Finalmente, debemos encauzar este asunto. Los abogados de la teoría de la “casa-iglesia” alegan que no hay un ejemplo de “evidencia literaria ni indicación arqueológica” de un “edificio” para la iglesia antes del tiempo de Constantino. Dos cosas deben decirse en respuesta a esta alegación.

Primero, si un edificio es una mera conveniencia, no importa cuándo estas facilidades comenzaron a emplearse como lugares de adoración. Hay muchas conveniencias que se han venido desarrollando con el paso de los siglos las cuales no violan el principio de la autoridad bíblica, por ejemplo, los métodos para divulgar el evangelio (vía radio, televisión e internet).

En segundo lugar, la aseveración que ningún edificio especial de adoración existió antes del cuarto siglo, ha sido disputada por muchos historiadores reconocidos. Por ejemplo, Joseph Bingham (1668-1723) de Inglaterra produjo una obra masiva (diez volúmenes) la cual consumió veinte años de investigación. Titulada, The Antiquities of the Christian Church [Las Antiguedades de la Iglesia Cristiana], se ha reconocido generalmente que este esfuerzo de la erudición “aún no ha sido superado” (Cross, p. 173). Bingham declara que los puntos de vista de algunos “en estos últimos tiempos” [es decir, en aquel tiempo] los cuales sugieren que los cristianos de los tres primeros siglos “no tenían un lugar particular de reunión”, no soportan la investigación cuidadosa.

Bingham llama la atención a la obra de Joseph Mede (1586-1638), quien hizo una detallada refutación de esa teoría, “presentando una colección de autoridades históricas de la antigüedad las cuales dan fe de localidades públicas donde se reunían los cristianos de los primeros tres siglos” (Bingham, pp. 277-282). Se dio a conocer una masiva cantidad de evidencia extraída de los escritos de los “padres ante-nicenos”. Bingham concluyó por señalar que aunque las grandes facilidades públicas donde reunirse vinieron a ser más populares durante la administración de Constantino, no obstante los santos primitivos “siempre tuvieron lugares públicos reservados para la adoración divina” (p. 282). El erudito británico decía que las pruebas eran irrefutables.

Otros han señalado que aunque las primeras iglesias frecuentemente se reunían en las casas de los discípulos eventualmente esas mismas casas fueron donadas al cuerpo de creyentes y llegaron a ser edificios exclusivamente dedicados a las asambleas de las iglesias. En 1931/1932, en la antigua Dura-Europos, próxima al río Eufrates y a más de 200 kilómetros al suroeste de Harán, los arqueólogos descubrieron las ruinas de un edificio antiguo de la iglesia. La fecha del edificio, determinada mediante una inscripción, era 232-233 d. C. —una fecha muy lejana de aquella en la que Constantino publicó su “edicto de tolerancia” (Finegan, pp. 405-406).

CONCLUSIÓN
No hay duda en que muchas iglesias han gastado fortunas en construir edificios con un diseño y elaboración innecesarios. Ciertamente muchas congregaciones no usan sus facilidades de una manera sabia. Pero los abusos no niegan una legítima conveniencia. Ω

BIBLIOGRAFÍA
Alexander, J.A. (1956 Reprint), Commentary on Acts (Grand Rapids: Zondervan).
Bingham, Joseph (1865), The Antiquities of the Christian Church (London: Henry G. Bohn), Vol. I.
Cross, Frank, Ed. (1958), The Oxford Dictionary of the Christian Church(London: Oxford University Press).
Ferguson, Everett F. (1975), Acts: The Expanding Church (Chicago: Moody).
Finegan, Jack (1946), Light From The Ancient Past (Princeton, NJ: Princeton University Press).
Harrison, Everett (1975), Acts – The Expanding Church, Chicago: Moody.

miércoles, 13 de junio de 2012

¿Deben ayunar los cristianos?


Ayunar, en el sentido bíblico, es abstenerse de comer y beber por un motivo espiritual. En la era del Antiguo Testamento, los judíos ayunaban frecuentemente, aun cuando sólo había un ayuno prescrito por la ley. Una vez cada año, en el día de la Expiación, los hebreos debían “afligir” sus almas (Lev. 16:31), lo cual significa que debían ayunar (comp. Isa. 58:3).

Aunque no hay ayunos obligatorios hoy para los cristianos, el Nuevo Testamento parece dar por entendido que los hijos de Dios ocasionalmente necesitarían ayunar.

Cuando los discípulos del Señor fueron criticados por no ayunar, Jesús respondió que difícilmente sería apropiado que lo hicieran mientras Él aún estaba con ellos. Sin embargo, vendría el tiempo cuando Él sería apartado de  ellos; entonces ellos ayunarían (Lc. 5:35).

Además, cuando El advirtió acerca de una incorrecta motivación para adorar, los aconsejó así: “Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas” (Mat. 6:16). Es llamativo que Él no dijo “Si ayunáis” sino que dijo “Cuando ayunéis”— reflejando que Él esperaba que lo hicieran.

Ayunar, para el cristiano, es un asunto estrictamente voluntario. Debe surgir de una sensación de profunda necesidad, no como resultado de una mera formalidad.

Entonces, ¿cuándo puede ser valioso el ayuno?

(1)    Ayunar puede ser beneficioso en tiempos de aflicción personal. David y sus hombres lloraron y ayunaron cuando oyeron acerca de la muerte de Saúl (2 Sam. 1:12), y Nehemías hizo lo mismo cuando supo de la condición deplorable de Jerusalén (Neh. 1:4). Ayunar y orar ciertamente parece apropiado cuando un ser amado está críticamente enfermo (2 Sam. 12:16).

(2)    El ayuno acompañado de arrepentimiento como una muestra externa y genuina de contrición por la rebeldía espiritual (1 Sam. 7:6). El pueblo de Nínive proclamó ayuno general cuando reconoció su estado pecaminoso (Jon. 3:5).

(3)    El ayuno fue practicado en conexión con grandes e importantes eventos religiosos. Moisés ayunó durante el período en el que recibió la ley (Ex. 34:28). Cristo ayunó antes de su encuentro con Satanás en el desierto (Mat. 4:2). La iglesia ayunó antes de enviar a Saulo y a Bernabé a aquella peligrosa primera campaña misionera (Hch. 13:2-3). Ayunar ciertamente era un componente en el dinámico ministerio de Pablo (2 Cor. 6:5; 11:27).

Sin embargo, se advierte que el ayuno puede prestarse para abusos. La práctica nunca debe emplearse como sustituto de una vida personal devota. Isaías presentó una devastadora reprensión para aquellos que ayunaban y luego se entregaban a sus placeres mundanos (Isa. 58). Es más, ayunar no debe ser una ocasión para alardear de la religiosidad que uno practica. Los fariseos eran culpables de tal comportamiento (Mat. 6.16-18).

Finalmente, los rigores del ayuno no deben dar a luz un espíritu de satisfacción religiosa y auto-justicia. Esto en verdad es una tentación (comp. Lc. 18.9-14).

En el análisis final, no parece haber beneficios en el ayuno voluntario en ciertas ocasiones. Reflexione acerca de lo siguiente:

(1)    Las Escrituras parecen sugerir que Dios honra el ayuno cuando es llevado a cabo con profunda y sincera dedicación.

(2)    Los médicos indican que el ayuno moderado puede ser beneficioso para la salud, permitiendo que nuestro sistema se limpie a sí mismo ocasionalmente.

(3)    Al parecer la mente es capaz de alcanzar profundos niveles de reflexión durante períodos de ayuno.

(4)    El ayuno puede ayudarnos a afinar nuestra autodisciplina.

(5)    El ayuno también puede tener el efecto añadido de reforzar nuestro aprecio por aquellas cosas de las que nos abstenemos durante ese período. Ω

sábado, 9 de junio de 2012

Ungiendo con aceite - Santiago 5:14


En el libro de Santiago, el escritor inspirado exhorta: “¿Está alguno entre vosotros enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; y la oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le serán perdonados” (5:14-15, énfasis mío).

Aún hay enfermos entre nosotros. Y prácticamente nadie cuestiona el hecho que la iglesia deba tener ancianos hoy día, siempre que haya hombres cualificados. Entonces, ¿deben los ancianos junto con sus oraciones ungir con aceite a los enfermos?

Aunque este procedimiento no ha sido practicado por las iglesias de Cristo en tiempos modernos (como regla general), algunos han sugerido que esto debe ser parte de nuestro ritual. ¿Cómo debe verse esta cuestión?

Primero, debe notarse que esta referencia a “ungirle con aceite” (Stgo. 5:14) es extremadamente abreviada. No se dice nada específicamente en el contexto en cuanto al propósito de esta práctica.

Segundo, no hay indicaciones contextuales de que este ungimiento tuviera algún tipo de base espiritual que lo hiciera universalmente aplicable o perpetuamente obligatorio. Si este era un requerimiento para la iglesia universal para todos los tiempos, parece razonable la espera por un fundamento para tal práctica.

Los comentaristas están sorprendentemente divididos en cuanto al significado de este pasaje. Ciertamente cualquier punto de vista en cuanto a este texto que entre en conflicto con otra información bíblica clara debe ser rechazado.

Varias de las ideas que intentan explicar este ambiguo texto son las siguientes:

1.       Algunos sugieren que el aceite era empleado como un artículo de aseo diario en tiempos antiguos (tal como los cosméticos hoy día). En períodos de enfermedad, o de ayunos, este uso casual del aceite era suspendido (comp. Ruth 3:3; 2 Sam. 12:20; 14:2; Dan. 10:2, 3; Miq. 6:15; Mat. 6:16, 17). Por lo tanto, se argumenta que Santiago puede estar exhortando a sus hermanos a acompañar sus oraciones de “ungimiento con aceite”, es decir, con la reanudación de sus actividades normales. El aceite serviría como una señal de confianza en el poder de la petición de ellos.

Aunque este concepto puede ser posible, no se recomienda fácilmente al expositor ordinario. Además, no explicaría por qué se le solicitaba a los ancianos que administraran dicha unción.

2.       Un cierto número de escritores contiende que el aceite de Santiago 5:14 era simplemente un artículo medicinal el cual, junto con la oración, sería eficaz providencialmente en el proceso de sanación.

Aunque es cierto que el aceite tiene un valor medicinal en algunas dolencias, y que era empleado para este fin en tiempos antiguos (comp. Isa. 1:6; Lc. 10:34). Sin embargo, el aceite, como remedio físico, sería inútil en muchas enfermedades. Es más, sería algo más que inusual que se buscara a los ancianos para la administración de técnicas de sanación física, cuando había buenos doctores a disposición para ese propósito (comp. Col. 4:14). Difícilmente alguien hoy día llamaría a los ancianos para el diagnóstico y tratamiento de sus dolencias físicas.

3.       Algunos eruditos piensan que “la unción” referida por Santiago era simplemente un acto de amistad refrescante, alentador, como cuando María ungió los pies de Jesús (Jn. 12:3; comp. Lc. 7:46). Se argumenta que la palabra griega aleipho (“ungir”) tiene que ver con rituales mundanos no con ceremonias religiosas (aun vea Mr. 6:13). En este sentido la amonestación de Santiago sería que se solicitara las oraciones de los ancianos, acompañadas por la amenidad cultural de aquellos días la cual reflejaba amor y amistad.

Si este es el caso, ese primitivo culturismo no tendría relevancia hoy; ciertamente no sería una práctica obligatoria en el mundo moderno.

4.       Muy probablemente el uso del aceite, como se refleja en este pasaje, era un acto simbólico. En tiempos bíblicos la práctica de ungir con aceite frecuentemente representaba la aprobación de Dios (vea 1 Sam. 10:1; Sal. 89:20). Por consiguiente, muchos eruditos bíblicos confiadamente asumen que la aplicación de aceite en Santiago 5:14 era un acto simbólico invocado en conjunción con la sanidad sobrenatural. Hay un par de factores que guían razonablemente a este punto de vista.

(a)    Hay información contextual en otras partes del Nuevo Testamento la cual asocia la sanación milagrosa con la unción con aceite. En Mr. 6:13 el registro dice: “Y [los discípulos empoderados sobrenaturalmente por el Señor] echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban”. Este puede ser el versículo clave que arrojará luz sobre Santiago 5:14.

(b)   No todos los cristianos en el primer siglo poseían el don de la sanación (comp. 1 Cor. 12:28-30). Aunque, sería más natural que los ancianos de las congregaciones locales fueran los bendecidos con el don en sus respectivas congregaciones. Efesios 4:8-11 claramente indica que algunos “pastores” (es decir, ancianos) contaban con dones espirituales. Si este punto de vista es correcto, y a juicio de este escritor es el más viable, entonces el acto de ungir con aceite no sería apropiado hoy día por la sencilla razón que los dones milagrosos no están disponibles para la iglesia en esta era (1 Cor. 13:8ss).

Entonces, ¿por qué hay un grupito ansioso por implementar la unción con aceite en la iglesia en tiempos modernos? Podría ser que algunos son muy sinceros, esperando cumplir con la voluntad del Señor, sin embargo no comprenden bien la naturaleza de este pasaje. Por otro lado, podría ser que algunos están buscando una nueva experiencia de algún tipo. Han crecido cansados de lo que ellos consideran el servicio “tradicional” que rendimos a Dios, así que buscan una novedad. Acerquémonos a la Escritura de una manera respetuosa pero sensible. Ω

viernes, 1 de junio de 2012

Lecciones de las catacumbas


El término “catacumba” se deriva de un término griego compuesto formado por kata (bajo) y kymbe (hoyo). La palabra se usa en referencia a una vasta red de tumbas que están debajo de la ciudad de Roma (y de otros lugares también) donde los antiguos cristianos sepultaban a sus muertos— y hasta se reunían para adorar en tiempos de persecución severa. Se ha estimado que esta masa de corredores y panteones, si se unieran todos, cubrirían unas sesenta millas. El estimado de número de tumbas varía de 1, 750, 000 a 4, 000,000; representan la sepultura de los romanos desde el segundo hasta el quinto siglo D. C. (Blaiklock, 159). Hay un número de lecciones valiosas que podemos obtener de las catacumbas.

La historicidad de Cristo
Las catacumbas están llenas de obras de arte (de grafiti antiguo) las cuales testifican de la profunda fe de los mártires en Jesucristo como el Hijo de Dios. Las inscripciones en epitafios como la siguiente son frecuentemente encontradas: “Victorina, en paz y en Cristo” (Finegan, 389). Común entre las inscripciones era el símbolo del pescado. La palabra griega para pescado, ichthus, llegó a ser un símbolo acróstico para Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Seguramente los antiguos mártires tendrían una mejor oportunidad de saber si Jesucristo era un personaje histórico real que la de los ateos de este tiempo.

Las Escrituras
El hecho de que muchas de las obras de arte de las catacumbas fueron tomadas de varias narraciones bíblicas— tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento —éstas revelan cómo las Escrituras habían estado circulando ampliamente en aquellos tempranos siglos de la historia de la iglesia. Hay representaciones de Adan y Eva, del sacrificio de Isaac por parte de Abraham, del milagro de Moisés de sacar agua de la roca, del foso de los leones de Daniel, de Jonás, de la visita de los reyes sabios, de Jesús como el Cordero y El Buen Pastor, etc.

Hay otro punto por señalar. Muchos de los nombres mencionados en las epístolas de Pablo se encuentran grabados en las paredes de las catacumbas. Obvio que esto no significa que representan a las mismas personas de la correspondencia de Pablo, pero sugieren que el registro bíblico es un reflejo exacto de la nomenclatura de ese tiempo, y por esto posee un aura de autenticidad (comp. Lightfoot, 177).

Los milagros de Jesús
El Nuevo Testamento representa a Cristo como un obrador de milagros. Se adscriben a Él alrededor de unos treinta y cinco milagros, además de las numerosas referencias genéricas (por ejemplo, Jn. 20:30-31). Muchos eruditos modernos, dejándose llevar por la influencia de escépticos tales como David Hume (1711-1776), niegan que Jesucristo realizara milagros. Aun cuando, claramente, los cristianos primitivos estaban convencidos de los poderes de Cristo para efectuar milagros. Entre las obras de arte de las catacumbas, hay muchas representaciones de los milagros de Cristo. Hay descripciones del bautismo de Jesús, con el Espíritu Santo descendiendo sobre Él en forma de paloma. Hay reproducciones de la sanación del paralítico (Mr. 2), y la resurrección de Lázaro (Jn. 11). Hay reflexiones acerca del agua convirtiéndose en vino en la boda de Caná (Jn. 2), como también la alimentación de la gran multitud con panes y peces (Jn. 6).

El crecimiento de la iglesia
Una consideración del material del libro de los Hechos muestra cuán explosivo fue el crecimiento de la iglesia primitiva, y los santos en Roma no eran una pequeña parte de esto. La fe de los cristianos romanos era ampliamente conocida (Rom. 1:8; 16:19). Blaiklock dice: “La interpretación más conservadora de las figuras en las sepulturas de las catacumbas sería, por consiguiente, que… un quinto del imperio medio eran cristianos, y es probable que la proporción en esos tiempos fuera mucho mayor” (161). Hay otro factor a ser tomado en cuenta también. Las tumbas de las catacumbas representan alrededor de diez generaciones de creyentes. Esto nos sugiere que los devotos primitivos del cristianismo pasaban el evangelio a su descendencia. Esto se llama “evangelismo vertical”.

Cristianismo e intelectualismo
El ateísmo alega que la fe cristiana es sólo para los ignorantes y para quienes están faltos de razón. Gibbon señaló a la iglesia como un conglomerado que consistía exclusivamente de “la escoria de la sociedad”. La evidencia de las catacumbas muestra, sin embargo, que el cristianismo invadió los rangos medios y superiores de las clases romanas, y tuvo su impacto entre los intelectuales. Muchas de las tumbas evidencian haber pertenecido a familias de aristócratas (comp. Hch. 17:4).

Persecución
El Señor había advertido a sus discípulos que serían perseguidos (Mt. 5:10-12). En el 64 d. C. Nerón inició un régimen vicioso de terror contra la iglesia, y así los siguientes césares. Los cristianos tuvieron que meterse bajo el suelo (entre las tumbas— donde los supersticiosos romanos no los seguirían) para adorar. Sorprendentemente, a pesar de eso, no se encuentra en el grafiti de las catacumbas ninguna imagen de congoja o queja; en lugar de eso, un espíritu vibrante de gozo y triunfo es lo que queda evidenciado por todas partes. ¡Qué fe poseían aquellos santos!

Apostasía
El registro de las catacumbas no es completamente positivo. Tal como Pablo predijo que habría una apostasía de la verdad (2 Tes. 2:1ss; 2 Tim. 4:1ss), así el registro de las tumbas revela un alejamiento de la fe primitiva. Por ejemplo, hay un grafiti que anima a orar a y para aquellos que han muerto (lo cual llegó a desarrollarse plenamente en el catolicismo). Aunque los cristianos construyeron bautisterios en las catacumbas, hay una imagen donde el “bautismo” es administrado por rociamiento. Pero también hay un dios pagano en la escena lo cual revela una fe en condición deplorable (Foster, 23). El prístino cristianismo se corrompió eventualmente. ¡La vigilancia eterna es el precio de la fe!   Ω

BIBLIOGRAFÍA
Blaiklock, E.M. (1970), The Archaeology of the New Testament (Grand Rapids: Zondervan).
Finegan, Jack (1946), Light From the Ancient Past (Princeton, NJ: Princeton University).
Foster, R.C. (1971), Studies in the Life of Christ (Grand Rapids: Baker Book House).
Lightfoot, J.B. (1953 Reprint), Paul’s Epistle to the Philippians (Grand Rapids: Zondervan).

jueves, 31 de mayo de 2012

Un Alegado fracaso en el ministerio de Jesús


Tanto Mateo como Marcos dicen que Jesús dejó la región cercana al mar de Galilea y que fue a “su pueblo” (Mat. 13:54; Mr. 6:1). Indudablemente esto hace referencia a los alrededores de Nazareth, la ciudad en la que se crió Jesús. En relación con la visita del Señor a esta región Marcos registra una curiosa declaración: “Y no pudo hacer allí ningún milagro…” (6:5).

Frecuentemente los modernos “sanadores cristianos” apelan a este texto para explicar su propia incapacidad para efectuar milagros auténticos. “Algunas personas”, alegan ellos, “no tienen suficiente fe como para ser sanados”. ¿Cómo explica este pasaje el estudiante concienzudo de la Biblia? Debemos enfocar nuestra atención en varios aspectos importantes:

1.       La Biblia inequívocamente enseña que Jesús poseía el poder para efectuar milagros. Sus capacidades milagrosas habían sido profetizadas en el Antiguo Testamento (Isa. 35:5-6), éstas asombraron a Sus discípulos (Mat. 14:33) y confundieron a sus enemigos (Jn. 11:47). Él ejerció poder divino sobre la enfermedad (Jn. 9:1ss), sobre las leyes de la naturaleza (Jn. 6:19), sobre objetos materiales (Jn. 2:1ss), sobre el mundo demoníaco (Mat. 12:22), y aun sobre la misma muerte (Jn. 11:43-44). Además, hay ejemplos claros donde se realizaron milagros en favor de quienes no tenían fe en Él (comp. Lc. 7:11ss). ¿Cuánta fe puede tener un cadáver?

En vista de este amplio alcance de habilidades milagrosas, es difícilmente concebible que a Jesús le fallara el poder en esta ocasión. El estudiante probado debe buscar otra explicación razonable. Y el contexto remoto del episodio la provee.

2.       Una comparación de Marcos 6:5 con Mateo 13:58 (un texto paralelo) traerá la solución ante nosotros. Donde Marcos registra que Cristo “no pudo hacer ningún milagro allí”, Mateo simplemente declara lo siguiente: “Y no hizo muchos milagros allí a causa de la incredulidad de ellos”. Tanto Mateo como Marcos declaran el mismo hecho básico; sin embargo, el lenguaje que emplean respectivamente es ligeramente diferente.

El problema aparente está en la expresión de Marcos, “no pudo”. La fraseología griega es ouk edunato— una manera de hablar ocasionalmente empleada en el Nuevo Testamento para connotar la idea de que alguien, por alguna razón, elige no hacer algo — aunque técnicamente tiene la capacidad para hacerlo.

Considere estos ejemplos. En una de sus parábolas, Jesús nos cuenta de un hombre que recibió una invitación para una gran cena. Por razones propias (aunque injustificadas), él declinó dicha invitación diciendo: “Me he casado, y por eso no puedo [ou dunamai] ir” (Lc. 14:20). ¡Tener esposa difícilmente representa una imposibilidad!

En una de sus epístolas, el apóstol Juan escribe: “Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede [ou dunamai] pecar, porque es nacido de Dios” (1 Jn. 3:9). El apóstol no está afirmando que es imposible que un hijo de Dios peque (comp. 1 Jn. 1:8-9; 2:1-2); en cambio, está diciendo que cuando la verdad divina hace su residencia en el corazón, uno se determinará a no involucrarse en una habitual y persistente vida de pecado. El término “no puede” se usa como un imperativo moral.

3.       Esta es claramente la circunstancia que se desarrolló en la región de Nazaret. Había una razón por la que Jesús limitó sus demostraciones milagrosas delante de sus vecinos.

Primero, observe que el Señor efectuó algunos milagros en ese territorio. Aun Marcos dice específicamente, “sólo sanó a unos pocos enfermos sobre los cuales puso sus manos”. Por lo tanto, Su poder no era el problema.

Segundo, hay un énfasis en la tozuda y deliberada incredulidad de los judíos de esta área. El escritor inspirado nota que Jesús estaba “sorprendido” de tal incredulidad. En el texto griego el término “incredulidad” es precedido por un artículo definido, literalmente, “la incredulidad”, es decir, una profunda incredulidad de un nivel atroz. Mateo claramente describe que Jesús se contuvo de realizar muchos milagros allí “a causa de” la incredulidad de ellos (13:58).

LA RESPUESTA A LOS CRÍTICOS
Pero los críticos de la Biblia sienten que el problema no está resuelto. Ellos señalan que el propósito mismo de las señales milagrosas era producir una creencia. Por lo tanto, esta circunstancia proveyó el ambiente ideal en el cual Jesús podía manifestar su poder, convirtiendo así incrédulos en creyentes.

Sin embargo, esta objeción pasa por alto un elemento muy importante en relación con la manera en la que Dios trata con los seres humanos. El Señor ha concedido al hombre el poder de escoger. El don de la voluntad es intrínseco en aquellos que han sido hechos a la imagen del Creador. Sin embargo, la manera en la que se utiliza ese don de “elección” se determina por la condición del corazón (mente) de la persona. En una de sus parábolas, Cristo describió a la persona que tiene un corazón “recto y bueno” (Lc. 8:15). Un milagro convencerá al no-creyente— quien informado es lo suficientemente honesto como para evaluar la evidencia (comp. Mr. 9:24). Por otro lado, si alguien es fundamentalmente deshonesto, nada lo convencerá (comp. Lc. 16:31).

Cuando Jesús vino a la región de su antigua comunidad, se encontró con la resistencia de corazones endurecidos. En efecto, muchas personas decían: “¿De dónde sacó toda esa sabiduría y el poder para realizar semejantes milagros?». Y se burlaban: «Es un simple carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón. Y sus hermanas viven aquí mismo entre nosotros». Se sentían profundamente ofendidos y se negaron a creer en él” (Nueva Traducción Viviente [NTV]). (Vea Mat. 13:54ss; Mr. 6:1ss). Tanto Mateo como Marcos dicen que estas personas estaban “ofendidas” a causa de lo que hacía el Señor.

Por lo tanto, al discernir esta disposición hostil, el Salvador decidió limitar su actividad entre ellos. No había necesidad de echar “perlas” a los cerdos. Sin importar lo que hiciera, Él no recibiría ningún tipo de “honra” ¡ni de parte de sus propios vecinos! (Mat. 13:57; Mr. 6:4). Un erudito ha resumido muy bien el asunto:

[Jesús] percibió que era moralmente imposible ejercer su poder benefactor  a favor de ellos en vista de su incredulidad (Mat. 13:58). Ésta cerró la puerta ante la operación de Su poder. Rehusó forzarse por aquellos que no lo quieren (D.E. Hiebert, The Gospel of Mark, Greenville, SC: Bob Jones University, 1994, p. 156).

Otro escritor comenta:

Dios y su Hijo hubiesen podido hacer algo, pero habían decidido limitarse a Sí mismos debido a la respuesta humana… Jesús no era de esa clase de hacedores de milagros cuyo propósito principal es impresionar a su audiencia [sin tomar en cuenta la naturaleza de su disposición] (James Brooks, Mark – The New American Commentary, Nashville: Broadman, 1991, p. 100).

CONCLUSIÓN
Por consiguiente, cuando se toman en consideración todos los hechos, uno debe concluir que no hay problema alguno con la narración bíblica. El problema reside en el corazón de aquellos que buscan una falla en la vida de Cristo para así evitar someterse a Él. Ω

viernes, 18 de mayo de 2012

¿Qué podemos decir acerca del voto de Jefté?


Uno de los pasajes más difíciles del Antiguo Testamento tiene que ver con un voto hecho por uno de los jueces de Israel, Jefté, el cual está registrado en Jueces 11. Jefté hizo el voto que si el Señor le concedía la victoria sobre los Amonitas, lo primero que se encontrara con él a su regreso, sería ofrecido a Jehová en sacrificio. Cuando llegó a casa, su hija fue la primera en venir a saludarlo. Él estaba devastado, pero finalmente cumplió su  voto.

Generalmente se asume que esto significa que él la sacrificó como ofrenda. Algunos eruditos conservadores argumentan fuertemente que él cumplió su voto y le quitó la vida (vea Kaiser, pp. 193-195). Algunos de sus argumentos son los siguientes:

1.       Se alega que casi todos los escritores primitivos creían que Jefté realmente sacrificó a su hija. La idea de que él la dedicó a una virginidad perpetua comenzó en la Edad Media, dicen éstos.

2.       La era en la que Jefté vivió era una excesivamente corrupta, y él no era diferente de los demás hombres de su época.

3.       Se alega que la construcción gramatical del 11:31 sólo permite un sacrificio humano de su casa, no un sacrificio de animal.

4.       El sacrificio literal de su hija es la manera más natural de interpretar el contexto.

Ya que Jefté es descrito como uno de los grandes héroes de la era del Antiguo Testamento (Heb. 11:32), alguno eruditos sienten que esto involucra a la Biblia en una dificultad moral.

POSIBLES CONSIDERACIONES
Hay dos posibles maneras de abordar este asunto. Primero, si Jefté ofreció a su hija en sacrificio, lo hizo sin la aprobación de Dios, pues la ley de Moisés condenaba los sacrificios humanos (Deut. 18:10). El escritor del libro de los Hebreos no estaba aprobando esa atrocidad en particular como tampoco él aprobaba las mentiras de Abraham (Gén. 12:10ss), ni la prostitución de Rahab (Jos. 2:1ss). Reportar un evento no es equivalente a aprobarlo. La alusión en el libro de los Hebreos reflejaría una caracterización de la vida de fe de Jefté, vista en su totalidad, y no la desacreditaría  por un acto aislado (aunque horrible) de pecado, el cumplimiento de un voto hecho a la ligera.

Por otro lado, un número de prominentes eruditos (por ejemplo, Edersheim, Archer, Geisler, etc.) creen que Jefté no sacrificó a su hija como ofrenda; en cambio, argumentan que él la dedicó, como virgen, al servicio de Jehová por el resto de su vida.

En apoyo a este punto de vista, se ofrecen varios argumentos:

Un sacrificio humano atenta contra la ley de Moisés
Ya que el sacrificio humano era claramente una violación de la ley divina, parece probable que Jehová no habría concedido la victoria a Jefté (Jue. 11:32), sabiendo que eso resultaría en una grosera y pagana tragedia.

Ninguna condenación
No hay una condena para el acto de Jefté en ninguna parte del libro de los Jueces. Esto parece extraño en vista de que se reprende la conducta pagana de los otros jueces (vea el caso de Gedeón Jue. 8:27).

Lenguaje idiomático
El “y” (Heb. Vau) del versículo 30 puede ser una expresión idiomática con el sentido “o” (comp. Éxo. 21:15 en la LXX [versículo 17 en la Biblia en español] “el que maldiga a su padre o a su madre morirá”). De manera que, este personaje del Antiguo Testamento pudo haber afirmado simplemente que cualquiera que saliera a su encuentro cuando él regresara a casa sería dedicado a Jehová o sería ofrecido como sacrificio dependiendo de qué sería lo apropiado. Vea los comentarios del Dr. Hales (Clarke, p. 153).

La conducta de la doncella
La joven fue a la montaña a lamentar su virginidad, no su inminente muerte (11:37). Si ella sabía que iba a morir, ¿por qué desperdiciar los últimos dos meses de su vida en la soledad de la montaña, en lugar de quedarse con su familia (11:36-37)?

Lenguaje desconcertante
Jefté cumplió su voto (11:39). Si esto significa que la mató, ¿por qué añadir “y no conoció varón” [es decir, no tuvo intimidad con ningún hombre]?

La hija de Jefté: una heroína
Cada año después de esto las hijas de Israel “conmemoraron” (la palabra puede significar “alabaron”; comp. “repetirán” en 5:11) a la hija de Jefté (11:40). ¿Sería este el caso si ella se hubiera ofrecido en sacrificio en una ceremonia pagana en clara violación a la voluntad de Dios?

Un respetable erudito, Goslinga, quien contiende que Jefté sí sacrificó literalmente a su hija, concede que el punto de vista de la “virginidad perpetua” también es posible. Él dice que el hecho que Jefté continuó en sus funciones como juez después de este incidente, favorece ese punto de vista. De hecho, la ley de Moisés  imponía pena de muerte para cualquier que sacrificara a sus hijos a Moloc (Lev. 20:2).

Si Jefté sacrificó a su hija aunque fuera para el Señor— es difícil pensar que tantos israelitas no se hayan opuesto a semejante atrocidad. Goslinga dice que el exégeta bíblico puede actuar aquí con cautela, en lugar de ser dogmático (p. 396). Para una discusión balanceada de este asunto, vea McClintock & Strong (pp. 818-820). Vea también Douglas en: Fairbairn (III.215ff); Keil & Delitzsch (II.388ff).

Cualquier punto de vista que uno tome con respecto a este extraño incidente, no es necesario que se culpe a la Biblia de falta moral. Ω

BIBLIOGRAFÍA
  • Archer, Gleason (1982), Encyclopedia of Bible Difficulties (Grand Rapids: Zondervan).
  • Clarke, Adam (n.d.), Clarke’s Commentary (Nashville: Abingdon), Vol. II.
  • Fairbairn, Patrick. ed. The Imperial Bible Dictionary. London: Blackie & Son. 1876.
  • Edersheim, Alfred (1890 ed.), Bible History (Grand Rapids: Eerdmans, n.d.), III.
  • Geisler, Norman and Howe, Thomas (1992), When Critics Ask (Wheaton, IL: Victor Books).
  • Goslinga, C.J. (1986), Joshua, Judges, Ruth — Bible Student’s Commentary (Grand Rapids: Zondervan).
  • Kaiser, Walter C., et al. (1996), Hard Sayings of the Bible (Downers Grove, IL: InterVarsity Press).
  • Keil, C.F. & F. Delitzsch. Commentary on the Old Testament. Grand Rapids: Eerdmans. 1978.
  • McClintock, John and Strong, James (1969 ed.), Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature (Grand Rapids: Baker), Vol. IV.

martes, 15 de mayo de 2012

¿Debemos "levantar las manos" cuando oramos?


¿Ordena 1 Timoteo 2:8 que levantemos en alto nuestras manos cuando oramos al Padre? ¿Cómo sabemos si esto era o no una tradición en el tiempo de Pablo, o algo que deberíamos practicar hoy?

El estudiante cuidadoso de la Biblia está al tanto de que hay ciertas condiciones asociadas con la oración efectiva. Por ejemplo:

1.       La oración debe ofrecerse sólo a la Deidad (Mat. 6:9), nunca a los seres humanos (por ejemplo, a María o a los “santos”).

2.       Este modo de comunicación es una de aquellas bendiciones espirituales  que forman parte de esa relación de estar “en Cristo” (Ef. 1:3; Jn. 15:7; comp. Ro. 6:3-4; Gál. 3:26-27). Así que ésta es un privilegio cristiano. No hay autoridad en el Nuevo Testamento para que el pecador ore pidiendo salvación.

3.       La oraciones deben ofrecerse con plena confianza y con persistencia (Stgo. 1:5-8; 1 Tes. 5:17), y en armonía con la voluntad revelada de Dios (1 Jn. 5:14).

Estos y otros elementos son componentes de las peticiones aceptables para el Señor.

Una postura física específica nunca ha sido un requisito para una oración aceptable. La oración se puede hacer de pie (1 Sam. 1:26), o de rodillas (1 Re. 8:54). Algunas veces las peticiones fueron ofrecidas desde una postura postrada (1 Re. 18:42; Mr. 14:35). Alguien pudiera extender sus manos en oración (1 Re. 8:22; Isa. 1:15), o levantarlas (Job 11:13-14; Sal. 63:4). Pero ni el lugar (público o privado) ni la postura son elementos cruciales de la oración.

Sin embargo, levantar las manos en gesto de oración había sido un formato cultural común, tanto entre paganos como entre judíos y aun entre cristianos. Un monumento de piedra con dos manos levantadas (reflejando un acto de devoción entre los canaanitas) fue descubierto en el sitio del antiguo Hazor al norte de Palestina en 1955.

La “mano” como órgano importante de la actividad humana, se convirtió en un símbolo importante en la literatura bíblica. La expresión “la mano de Jehová” significa el poder del Señor (Isa. 59:1; comp. Hch. 4:28). “Manos que derraman sangre inocente” (Prov. 6:17) representa a los asesinos, etc.

Así, de manera similar, “levantando manos santas” (1 Tim. 2:8, énfasis mío) es una figura de lenguaje que enfatiza que la oración efectiva debe ir acompañada de una vida consagrada, una vida dedicada al servicio de Dios. El pasaje no está requiriendo que levantemos las manos cuando estamos orando.

¿Hay algo intrínsecamente malo en levantar las manos durante la oración? No, en absoluto. Levantar las manos ni está ordenado ni está prohibido.

Sin embargo, si me permiten, me gustaría dar mi opinión acerca de este tema.

·         Uno pudiera dar alguna impresión equivocada en cuanto a si ha habido algún cambio en las convicciones doctrinales. Por ejemplo, ¿no es común la percepción que este tipo de demostraciones se asocian frecuentemente con el fenómeno “pentecostal” o “carismático”?

·         Pareciera que algunos piensan que este tipo de cosas va a “recargar” sus vidas de más espiritualidad. Pero las mejoras espirituales vienen de una asimilación interna de la palabra de Dios, no como resultado de la alteración de los movimientos corporales.

·         ¿Podría este tipo de demostración tomarse como algo “presuntuoso” en nuestra cultura? Piense en eso. No hay nada inherentemente pecaminoso en “golpearse el pecho” (comp. Lc. 18:13) cuando uno ora, pero sería conveniente no hacerlo públicamente.

Otra vez, como se ha dicho anteriormente, no hay nada pecaminoso en postrarse en el suelo durante la oración (Mr. 14:35) pero ¿sería sabio hacerlo en la congregación? Debemos recordar que la percepción de los demás, y el ejercicio de un buen juicio, es un elemento importante en la conducta cristiana.

La persona espiritual debiera tomar estos distintos factores en consideración cuando decide acerca de cuál postura física es la más apropiada en la oración pública. Ω