martes, 21 de febrero de 2017

SERIE: Jesús, un maestro verdaderamente definitivo

INTRODUCCIÓN

Jesús— El Maestro Mal Representado

Aunque seguramente es el caso que Jesús es el «Maestro por excelencia», es decir, el maestro perfecto, el maestro que no solamente conocía a la perfección, sino que enseñaba y vivía perfectamente—no obstante, es el caso que probablemente no ha habido otro maestro que haya sido tan mal representado por los hombres como Él (Jesús).

Los hombres han contendido que Jesús era (es) un maestro que tolerará cualquier tipo de reacción hacia Su enseñanza. La Biblia muestra que Él demanda conocimiento de la verdad (el evangelio de Jesucristo), amor a la verdad, y obediencia a la verdad (Jn. 8:32; 2 Tes. 2:10-12; Heb. 5:8-9; Mat. 7:21-23; etc.). Los hombres han contendido y aún contienden que Jesús salvará aun a aquellos que rechazan Su verdad. La Biblia no enseña eso (Heb. 5:8-9; Mat. 7:21-23; 7:13-14).

Hoy, el triste cuadro es que la gente que afirma ser seguidores de Cristo castigarán a otros por la simple razón de que éstos enseñan que Jesús demanda obediencia a Su voluntad (Mat. 7:13-27). Las personas con una «mente liberal» tienen una muy fuerte aversión a lo que ellos llaman o «legalismo» o «dogmatismo» (es decir, a defender como necesario el conocer y obedecer la verdad, el evangelio de Cristo).

Jesús es representado por muchas personas como un maestro que no solamente tolera, sino que demanda el método al que los círculos teológicos se refieren como «unidad-en-diversidad» (lo cual en realidad no significa unidad en absoluto sino «un acuerdo en cuanto a estar en desacuerdo» o un «acuerdo para comprometer la verdad con el error»). Pero Jesús no tolera el compromiso de la verdad con el error. El denominado Movimiento Ecuménico (con su comprometida montaña de denominaciones con doctrinas contradictorias) es decididamente antagónico con la verdad que es el evangelio de Jesucristo. Aquellos que conocen y aman la verdad rechazan al Movimiento de la «unidad-en-diversidad», el cual, naturalmente, conduce a la adopción del Movimiento Ecuménico.
Esta presente serie de lecciones ha sido diseñada para ayudar a los lectores a ver por lo menos algo de la verdad de cómo enseñaba Jesús realmente. Él fue el más grande maestro del debate que el mundo ha conocido. Él sabía que la verdad es absoluta (ésta se mantiene siendo lo que es sin importar el número de interpretaciones erróneas que los hombres puedan inferir). Jesús luchó por la verdad, sin embargo, siempre llevó esa lucha con amor. Habló claramente a quienes estaban en error (especialmente a aquellos que estaban involucrados en un error fatal) con términos bastante fuertes. No obstante, siempre lo hizo con amor hacia el pecador, deseando que éste se arrepintiera y fuera salvo.

Los artículos de este tema han sido preparados para dejar al lector profundamente impactado con el hecho de que Jesús veía el amor a la verdad, el conocimiento de la verdad, y la obediencia a la verdad no solamente como importantes sino necesarios para que el pecador sea salvo del pecado (2 Tes. 2:10-12; Jn. 8:32; 14; 15; 1 Jn. 5:3).

Es nuestra sincera esperanza que todos y cada uno de los lectores va a «escudriñar las Escrituras» para determinar por sí mismo si Jesús realmente era/es la clase de maestro que afirman los artículos que componen este estudio (Hch. 17:11; 2 Tim. 2:15).

Ojalá que ninguno de nosotros provoque una controversia sólo por provocar (una mentalidad que es decididamente antagónica a la verdadera espiritualidad) sino que, por el contrario, estemos dispuestos a pelear la buena batalla de la fe—que todos estemos dispuestos a enseñar la verdad en amor (Ef. 4:15; Mat. 10:34; Lc. 12:51). ¡Jesús vino a traer espada!

Jesús es nuestro ejemplo para todo lo que debemos hacer (1 Pe. 2:21-25). Simplemente debemos permitir que Él sea nuestro ejemplo como Maestro. Aquí estamos dedicados a alcanzar esa meta. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Los Predicadores No tienen la misma autoridad que los Ancianos

La autoridad de Dios es inherente a Su palabra, el evangelio de nuestra salvación. Nuestro Padre en el cielo dio la Palabra a su Hijo, Cristo, Quien a su vez dio las palabras al Espíritu Santo, Quien de igual manera dio las palabras a los escritores del Nuevo Testamento (Jn. 16:1-3, 5; 2 Cor. 5:18-21). Esto se llama la cadena de autoridad. Dios utilizó «vasos de barro» para transmitir en tesoro de la verdad (2 Cor. 4:7).

Los apóstoles se sentaron «sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» por medio de la palabra escrita (Mat. 19:28). Sentarse en un trono denota poder y autoridad. Ese poder y autoridad reside en la palabra de Dios. Pablo escribió, «Pues aunque yo me gloríe más todavía respecto de nuestra autoridad, que el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción, no me avergonzaré» (2 Cor. 10:8). Él estaba hablando de autoridad apostólica. Dios habla hoy a través de Su palabra escrita con todo el poder y autoridad con los cuales lo hizo por otros medios (la zarza ardiente, sueños, escrituras en muros, etc.). Por lo tanto, cuando alguien (sea un niño de diez años o un hermano de edad avanzada) lee en voz alta la Palabra de Dios en privado o en público, él habla con la autoridad de Dios.

Pablo dijo al predicador Tito, «Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie» (Tito 2:15). Un predicador tiene autoridad cuando él predica la Palabra de Dios (2 Tim. 4:2).

Pero un predicador no tiene la autoridad que tiene un anciano. Los ancianos están autorizados para velar por sí mismos y por el rebaño, alimentándolo y protegiéndolo (Hch. 20:28). Un predicador está fuera del rango de su deber cuando intenta hacer la obra que Dios asignó a los ancianos, es decir, la de supervisar el rebaño (1 Pe. 5:1-3). Los predicadores deben cuidar, principalmente, de sí mismos y de la doctrina (1 Tim. 4:16). Los ancianos son culpables de negligencia si permiten que el predicador o los predicadores asuman las responsabilidades del ancianato. Recuerde que a los ancianos se les ha encargado el deber de velar para que las acciones que realizan los demás, las realicen correctamente. Esto significa que los ancianos deben contratar a un predicador para que les ayude a alimentar al rebaño. Pero son los ancianos los que tienen que velar para que el rebaño reciba comida nutritiva (Sal. 23:1-3).

LOS PREDICADORES NO DEBEN DOMINAR A LOS ANCIANOS

Los predicadores, al igual que todos los miembros (esto incluye a cada anciano), están bajo el ancianato. El escritor de Hebreos ordena, «Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros» (Heb. 13:17).

Según el diccionario, «dominar» significa «mandar, gobernar, predominar sobre». Sin embargo, al parecer la palabra conlleva un sentido más emotivo que el de simplemente mandar o gobernar. Por ejemplo, los ancianos deben gobernar, pero no «teniendo señorío sobre los que os han sido confiados» (Heb. 13:17; 1 Pe. 5:3). Deben gobernar, pero no dominar. Ni los ancianos ni los predicadores deben dominar. El único que debe dominar es Jesucristo (1 Tim. 6:15; Hch. 2:36).

Los predicadores, como todos los miembros, deben recordar cuál es su lugar en el cuerpo del Señor (1 Cor. 12:18). Los predicadores del evangelio no deberían dar órdenes a los ancianos sino estar en sujeción. Esto no significa que no puedan hacer sugerencias pertinentes al bienestar de la iglesia. Algunos pueden acusar a los predicadores de dominar a los ancianos cuando el problema real puede fundamentarse en que los hombres en el oficio de supervisión no son líderes. Los pastores del rebaño deben ser líderes y deben guiarlo por el camino correcto, es decir, de acuerdo con la ley de Dios.


De hecho, aunque haya hombres sin la suficiente calificación para estar «sirviendo» como ancianos, eso no justifica al predicador para pasar por encima de ellos o dominarles. Los hombres que no llenan los requisitos para ser ancianos nunca debieron ser seleccionados; pero si han sido seleccionados, deben abandonar el cargo. Si se rehúsan a renunciar, entonces, en lugar de dividir el cuerpo del Señor, el predicador debe trabajar con ellos hasta donde se lo permita su capacidad. Si no es capaz de lograr eso, debe salir y predicar en alguna otra parte. 

miércoles, 5 de octubre de 2016

¿Podemos ver todos la Biblia de la misma manera? (Entenderla)

¿PODEMOS VER TODOS LA BIBLIA DE LA MISMA MANERA?
Hace unos veinte años atrás, empezando el ministerio, escuchaba una contención de esas que lastiman los oídos de parte de la gente en las denominaciones: «Es que todos no vamos a ver la Biblia de la misma manera». Un cliché semejante a éste decía: «Cada uno tiene su propia interpretación de la Biblia, ¿y quién se va a atrever a decir quién está en lo correcto?». Un aspecto aún más perturbador de esta pregunta es el hecho de que hoy encontramos gente entre nuestros propios hermanos haciendo este tipo de alegato.

UNA DECLARACIÓN MÁS PRECISA

Para poder tratar con la pregunta de una manera más efectiva, vamos a delimitarla con más precisión. La expresaremos así: «¿Podemos todos entender la Biblia correctamente y de la misma manera?». La unidad a pesar del error podría ser una manera, pero no la que buscamos. Cuando miramos a la pregunta reformulada: «¿Podemos todos entender la Biblia correctamente y de la misma manera?», es evidente que aparecen ciertas situaciones alternativas. Si no la entendemos correctamente y de la misma manera, entonces:

1. ¿La entenderemos INCORRECTAMENTE Y DE LA MISMA MANERA? Ya hemos dicho que esto no es lo que buscamos, pero considere además que 2 Tes. 2:12 enseña que creer una mentira causará la perdición de quien la crea. Gál. 1:8-9 prohíbe la predicación de cualquier otro evangelio que no sea el que Pablo predicó. Seguramente entenderla incorrectamente no es la solución adecuada.

2. ¿La entendemos CORRECTAMENTE PERO NO DE LA MISMA MANERA? Parece que esto es lo que sugieren algunos. Evidentemente se contiende que hay muchas interpretaciones diferentes de la Biblia las cuales son correctas y aceptables. En 2 Pe. 1:20-21, aprendemos que, «…». Esto mostraría que las afirmaciones de los hombres que han sido movidos por el Espíritu Santo no se pueden interpretar de manera «privada» (subjetiva o personalmente).

Nos percatamos de que no todo principio bíblico se aplica a todas las personas de la misma manera. Por ejemplo, en 1 Tim. 2:11-15 vemos que el rol de la mujer en el programa de enseñanza de la iglesia no es igual al del hombre. Sin embargo, no hay un entendimiento diferente aquí. Ambos, hombres y mujeres pueden entender el rol de los hombres, y ambos, hombres y mujeres, pueden entender el rol de las mujeres.

Además, hay diferentes niveles de entendimiento (Ro. 14). Esto sencillamente se refiere a que algunos comprenden con más exactitud y claridad algunas verdades bíblicas, pero en cualquier grado que entendamos una verdad bíblica, hasta ese grado la entendemos de la misma manera.

LA BIBLIA ES VERDAD PROPOSICIONAL

La revelación de Dios viene en la forma de verdad proposicional, en la forma de la Biblia que ciertamente consiste en proposiciones verdaderas. Es la naturaleza de la verdad proposicional que todo lo que alguien ha dicho, lo ha dicho EXPLÍCITA o IMPLÍCITAMENTE, o de ambas maneras. La Biblia es una comunicación que tiene Dios con el hombre. Es una comunicación que el hombre puede recibir y captar. El hermano N. B. Hardeman, un gran predicador del evangelio de la época de la historia de la restauración, se vio ante la siguiente pregunta: «¿Es el evangelio tal cual Dios lo dio, apropiado para el hombre tal cual Dios lo hizo?». La respuesta obvia es: «Sí». No es natural creer que Dios deliberadamente diseñaría una comunicación para el hombre que es Su criatura, a quien Él conoce perfectamente, y sin embargo la diseñara de tal forma que el hombre no pueda entenderla correctamente.

Básicamente, entender la Biblia es simplemente una cuestión de entender las declaraciones EXPLÍCITAS y entender igualmente las declaraciones IMPLÍCITAS. Claro que no siempre es fácil hacerlo; sin embargo, es posible cuando se hace la aplicación correcta.

EXPLÍCITO E IMPLÍCITO

Aunque estos términos podrían no ser muy conocidos por el lector, la idea que conllevan sí lo es.

1. Una declaración EXPLÍCITA se entiende como una cuestión de lenguaje. Ésta involucra el entendimiento de una declaración al conocer el significado de las palabras que la componen y por el entendimiento de la gramática, la relación que esas palabras tienen las unas con las otras.

2. Una declaración IMPLÍCITA es la que se sugiere en otras declaraciones. Luego de que hemos entendido las declaraciones explícitas mediante la aplicación de nuestro entendimiento del idioma, entonces les aplicamos nuestro entendimiento de la lógica y aprendemos las implicaciones que éstas contienen. Así que el uso del IDIOMA es lo que nos ayuda a entender lo explícito, y guiándonos por esto, el uso de la LÓGICA nos advierte de las implicaciones.

DOS CONJUNTOS DE DECLARACIONES

Para hacer esto tan sencillo como sea posible, considere un ejemplo matemático. De la geometría aprendemos que podemos tener postulados con respecto a la naturaleza de una figura geométrica. Tenemos otro conjunto de postulados en la forma de reglas en cuanto a cómo debemos aplicar correctamente el primer conjunto. Este segundo conjunto es un conjunto de reglas de interpretación. Es obvio que debo tener dos conjuntos correctos de declaraciones y debo aplicarlos correctamente. Debo, no solamente tener el conjunto de correcto de declaraciones acerca de la figura geométrica, sino también un correcto entendimiento de cómo debería abordar dichas declaraciones.

Un ejemplo muy sencillo de estos principios podría encontrarse en un SILOGISMO. Consideremos el siguiente:

Todos los yaks son mamíferos
Sheba es un yak
Por lo tanto, Sheba es un mamífero.

Deben tomarse en cuenta dos cosas diferentes. Primero, cada declaración es entendida como una cuestión de palabras y la relación que tienen entre sí. Quizá el lector necesite consultar un diccionario para aprender qué es un yak, aunque probablemente la mayoría lo sabe. Si hubiéramos elegido un animal más exótico, sería necesario investigar por su definición. Luego, cuando cada premisa, la primera o la premisa mayor y la segunda o la premisa mejor, han sido entendidas, entonces, según lo establece la lógica, estamos preparados para obtener una conclusión que será una tercera declaración. Claramente, entender el significado de las declaraciones, las premisas mayor y menor, es una cosa y entender la naturaleza y uso de un silogismo es otra. Si, por ejemplo, hubiéramos dicho:

Todos los yaks son mamíferos
Sheba es un mamífero

No habríamos razonado correctamente que Sheba debe ser un yak. Esto habría sido un argumento inválido. Ambas declaraciones deben ser verdaderas y debemos entender ambas, sin embargo, el planteamiento de arriba lleva a una conclusión no garantizada ya que ésta hubiera involucrado un razonamiento inválido.

UNA RAZÓN POR LA QUE OCURRE EL ERROR

¿Por qué encontramos a personas honestas leyendo la Biblia, pero alcanzando conclusiones diferentes? Esto es complejo y requiere un alto grado de atención. Algunas veces tendemos a desacreditar la honestidad de las personas que están en desacuerdo con nosotros, pero este no siempre es el caso.

Sin embargo, será nuestra contención aquí que cuando las personas no entienden la Biblia, ellos han errado en entender mal el idioma o han utilizado reglas de interpretación inadecuadas.
Interpretar la Biblia mediante reglas inadecuadas producirá error tan fácil como si tuviera la Biblia equivocada.

¿CÓMO APRENDEMOS LAS REGLAS ADECUADAS?

Poco se ha escrito a la par de esta línea, sin embargo, es muy importante estudiar. La mayoría de los libros de Hermenéutica (la ciencia de la interpretación) parecen tratar el estudio como si todo fuera simplemente una cuestión de lenguaje. Este autor ha escrito un folleto para una pronta publicación, primero Dios, el cual desarrolla precisamente este asunto.

Hay dos fuentes básicas para aprender las reglas adecuadas de interpretación. Ninguna es subjetiva y las reglas no son arbitrarias.

1. Un estudio de la lógica. Ya que el hombre es un ser racional—hecho así por su Creador, Dios—entonces no es de extrañarse que Dios lo trate como a un ser racional. Las leyes del pensamiento racional son tan exactas y definidas como las demás leyes de Dios y se pueden descubrir mediante investigación. No son escogidas arbitrariamente, así como el hombre no decide sobre la ley de la gravedad. A través de la investigación aprendemos los procesos racionales que Dios ha establecido.

2. Un estudio de la Biblia. De hecho, hay reglas de interpretación que se exponen en la misma Biblia. Cualquier documento puede, en sí mismo, explicar cómo debe ser interpretado. Esta es una regla de interpretación comunicada.

¿Cómo debemos entender el silencio de Dios en varios asuntos? Debemos permitir que la Biblia misma nos muestre cómo se deben tratar los asuntos en los cuales Dios guarda silencio.

¿Cómo debemos entender los ejemplos de la Biblia? Debemos permitir que la Biblia nos diga cómo entenderlos.

El adecuado conjunto de reglas de interpretación de las Escrituras tendrá algunas reglas que son simplemente reglas de lógica y también algunas reglas que hemos derivado de estudiar cómo la Biblia nos explica la manera de interpretarla.

Ninguna de estas reglas es arbitraria

El punto importante es que en ningún caso las reglas de interpretación están sujetas al capricho del hombre. En ambos casos son producción de Dios y nuestro deber es descubrir lo que Él ha revelado.
Cuando dos personas llegan a conclusiones diferentes en su estudio de la enseñanza bíblica, alguna ha errado, por lo menos una y quizá ambas. Dios no solamente nos ha dado la Biblia, también nos ha dado los medios adecuados para interpretarla.

En conclusión, hacemos nuevamente la pregunta: «¿Podemos entender todos la Biblia de la misma manera?» Lo cierto es que la única manera en la que debemos entender la Biblia es DE LA MISMA MANERA.

BIBLIOGRAFÍA


Robert Camp, «Obligaciones por Implicación», The Spiritual Sword, Vol. 1, No 2, página 48. 

jueves, 29 de septiembre de 2016

Génesis 6 y los Nefilim

El contexto de Génesis 6:1ss habla de «los hijos de Dios» quienes tomaron esposas de entre «los hijos de los hombres». Posteriormente, el registro revela que en aquellos días «había gigantes [Heb. Nefilim] en la tierra».

Tomando en cuenta estas frases, algunos eruditos han expresado la suposición de que ciertos ángeles caídos («hijos de Dios») se casaron con mujeres de la tierra («hijas de los hombres»), y que de estas uniones surgió una especie de raza híbrida llamada los nefilim.

Para esta historia no existe evidencia, y esta va en contra de numerosos hechos bíblicos. Considere:

1. Los ángeles son espíritus (Heb. 1:14). Como tales, no están compuestos de carne (Lc. 24:39), y por esto, son incapaces de tener una relación física.

2. Cristo claramente afirmó que los ángeles no se casan (Mat. 22:30; Mr. 12:25; Lc. 20:34-35).

3. De hecho, no hay nada el contexto de Génesis 6:4 que indique que los nefilim eran descendientes de los supuestos matrimonios sugeridos en este contexto.

4. La palabra «nefilim», que usualmente identificaba a los «gigantes» (LBLA), es un término de significado incierto. Probablemente conlleve la idea de fuerza y poder. Se usa en Números 13:33 para referirse a ciertos habitantes de Canaán a quienes los espías israelitas encontraron en su reconocimiento de la tierra. El contexto indica que ellos simplemente eran «hombres de gran estatura» (32); no eran la progenie de los ángeles.

El punto de vista más razonable acerca de Gén. 6:1ss es que la alusión apunta al hecho de que algunos hombres, de la línea piadosa de Set, llamados «los hijos de Dios» (una expresión que denota una relación de pacto con Jehová — comp. Deut. 14:1; 32:5), comenzaron a seguir intereses carnales, y por esto tomaron esposas de entre «las hijas de los hombres», es decir, de quienes eran incrédulos (¿Hay algún principio que podamos aprender aquí?)

El contexto posterior sugiere que fue precisamente esta inclinación carnal lo que trajo como consecuencia el diluvio, lo cual provoca una pregunta interesante. Si los «hijos de Dios» eran ángeles, ¿cómo sirvió el Diluvio para enjuiciarlos? ¿Pueden ahogarse los ángeles?


Así que, subraye Gén. 6:1 en su Biblia y en el margen escriba: No son ángeles, ellos no se casan. Vea Mat. 22:30

domingo, 27 de marzo de 2016

Apostasía y las universidades cristianas


 En las pasadas décadas, la disciplina de la “ciencia” no ha sido la única “vaca sagrada”. Una tremenda preocupación en el “Movimiento de Restauración” porque en los últimos ciento cincuenta años la iglesia se ha involucrado por medio de hermanos fieles y devotos en establecer escuelas y colegios. Estos han sido establecidos con el costo de la transpiración, sangre, lágrimas y dinero complicado de conseguir. Pero muchos no han sido fieles a su propósito y han ayudado a poner en tela de duda la causa misma de Cristo, a la cual ellos debían servir desde que fueron establecidos. Este escritor es amigo de escuelas fieles y de confianza que están en comunión con las iglesias de Cristo; aparte de graduarme en una de ellas, también fui maestro por algunos años allí y serví tanto en la enseñanza como en la administración. Sin embargo, abiertamente afirmo  que ante todo mi lealtad final e indivisible está con el cristianismo primitivo, no adulterado, del primer siglo. Este educador cristiano no compra la idea  de que los colegios, los doctorados, los doctorados en Filosofía siempre están en lo correcto, y que son los “verdaderos eruditos” (por admisión propia) y que no deben ser sometidos a cuestionamiento alguno. No estoy intimidado con la pregunta: “¿Dónde obtuvo título éste?”

Esto no es para denigrar en ningún modo el bien inmensurable cumplido por esas escuelas que mantienen su fidelidad al propósito por el cual fueron establecidas. Este artículo considerará las responsabilidades de las instituciones de educación superior entre hermanos que se mantienen fieles a su propósito, examinando primero la naturaleza de su organización; segundo, algunos ejemplos de apostasía, y tercero, algunos peligros presentes y advertencias.

Las universidades cristianas — su propósito

Las varias universidades cristianas en la hermandad fueron establecidas por hombres y mujeres creyentes, maestros leales de la enseñanza bíblica, quienes dejaron en claro que estas universidades debían mantenerse fieles a la Palabra de Dios, sin adición, sustracción o modificación. Para determinar que los jóvenes cristianos y otros no siguieran los pasos de los ateos, agnósticos, “teólogos” liberales, evolucionistas teístas y otros con poco, o ningún aprecio por la iglesia del Nuevo Testamento sino que serían instruidos como cristianos verdaderos, las escuelas serían puestas en manos de una directiva cuando se legalizaran, de acuerdo con las leyes del estado en la cual estuvieran ubicadas. La junta directiva tendría la autoridad de  adquirir y dirigir una propiedad la cual obtendrían mediante la ayuda de testamentos, donaciones y contribuciones personales. El poder de la junta directiva es dado a ese grupo por aquellos dueños de la idea, o los que establecieron la institución, en el caso de una escuela cristiana. Este poder es tan necesario y razonable para hacer posible la ejecución de los deberes de dicha directiva, como se declara en el certificado de propósito, o la misión y visión. En otras palabras, la junta directiva tiene la responsabilidad y la autoridad de llevar cabo los deberes que se les encomendaron.

Debería llegar el tiempo cuando una universidad cristiana deje de funcionar, por la razón que sea, por ejemplo, bancarrota, la doctrina de “lo más cercano posible” [cy pres en inglés] dice que los fondos que queden —después de liquidar la propiedad y las deudas pendientes—deberían ir a alguna organización de caridad que sea lo más cercano posible al propósito original por el que se fundó ese centro de estudios bíblicos, incluso podría ir a otra universidad dirigida por hermanos. Los fondos no deben ir a una congregación (es), ni a las cuentas de los directivos, ni a los patrocinadores. Además, la junta directiva no es más propietaria de esa universidad como lo hacen los bancos.

La mesa directiva se esmera en alcanzar la máxima efectividad y eficiencia de la operación. Ellos formulan las políticas de la institución y nombran un director que se encargue de que esas políticas se cumplan y de mover la institución hacia la meta propuesta. Debe hacerse una distinción entre los directivos que confeccionan las políticas y el presidente ejecutivo, con su personal administrativo. La junta directiva debe ser meticulosa en el ejercicio de sus funciones manteniéndolas fielmente y claramente definidas por aquel propósito declarado y la filosofía que se originó en el establecimiento de dicha institución.

El Colegio Cristiano—Algunos ejemplos de apostasía

Casi al inicio del Movimiento de Restauración, Alexander Campbell estableció el Buffalo Seminary (1818) el cual fue seguido un poco después por el Bethany College (1840). El establecimiento del Bethany por parte del hermano Campbell tardó por la organización del Bacon College (1836), Georgetown, Kentucky. Nombrado así por Francis Bacon, este colegio contaba con la dirección de Walter Scott como presidente, quien dirigió el discurso inaugural pero nunca realizó de lleno su función. Tolbert Fanning era miembro del Colegio. Su mesa directiva incluía nombres como Walter Scott, James Challen, John T. Johnson, P. S. Fall y John Bowman. En 1859, la escuela se convirtió en la Kentucky University. La universidad se mudó a Lexington, Kentucky (1865), y se unió con la Transilvania University, donde J.  W. McGarvey ayudó a formular el currículo para la Universidad de la Biblia y empezó enseñando Historia Sagrada. John B. Bowman era el rector de la universidad, y Robert Milligan asumió la presidencia de la Universidad de la Biblia.

La facultad de Biblia, una de las cinco facultades de la Universidad de Kentucky, es en sí misma un estudio de la apostasía. Con el tiempo, la hermandad perdió el control de la Universidad de Kentucky, y McGarvey fue despedido (1873). En 1875, la Universidad de la Biblia retornó al “control de la hermandad”. Sin embargo, se estableció una universidad totalmente independiente el 27 de julio de 1877, con Robert Graham, presidente, y J. W. McGarvey y I. B. Grubbs como maestros. Más tarde, el hermano McGarvey asumiría la presidencia.

Nubes negras de modernismo ahora estaban en el horizonte. Charles Darwin había montado su teoría de la evolución sobre la teoría naturalista acerca de la historia que expuso Hegel, y los teólogos liberales estaban intentando afirmar que la Biblia no era más que el resultado de un pensamiento religioso en evolución, para nada sagrada, ni la inequívoca palabra de Dios. Ese pensamiento liberal comenzó a ser defendido por hermanos como R. C. Cave, L. L. Pinkerton, George W. Longen,  Isaac Errett, James H. Garrison, y otros.

La teología modernista, liberal, propagada por los estudiantes  de la teología perteneciente a la manada de universidades germanas ateas donde enseñaban Ritschl, Wellhausen y otros que la trajeron a Estados Unidos, negaba la autoría mosaica del Pentateuco, ridiculizaba el relato de Génesis 1 de la Creación, se mofaba de los milagros de la Biblia, y atacaban la infalibilidad de la Escritura. Otras herejías involucraron ideas tales como: Dios es la evolución de las deidades tribales, los profetas no predecían sino que escribieron después que los eventos ya eran historia, Mateo y Lucas se basaron en Marcos y en un documento más antiguo anterior a éstos, con el que no contamos ahora, llamado la fuente, “la logia” o “el documento Q”, el documento desmitologizado el cual prueba que el Jesús histórico era simplemente un hombre— no el “Unigénito Hijo de Dios”; Cristo no era el Dios-Hombre, nacido de una virgen; la sangre de Cristo no expía el pecado; Cristo no resucitó al tercer día; Él no va a regresar, y el cielo y el infierno son productos fantasiosos de la imaginación del hombre. Por consiguiente, la iglesia no es más que una fraternidad social­— no el cuerpo que Cristo compró con su sangre; su mensaje es el evangelio social— no la salvación por gracia por medio del sistema divino de fe; su líder es “el buen hombre” de Nazareth— no el Señor de la gloria, el Salvador eterno, el Único “declarado Hijo de Dios con poder mediante la resurrección de entre los muertos” (Ro. 1:4). Como el fuego en el rastrojo seco, esta deificación impía, irracional de la mente del hombre arrasó casi todo a su paso en las facultades y universidades estadounidenses. Además su efecto sobre algunos hermanos fue tanto profundo como trágico.

Algunos hermanos llegaron a sentir que si no se sentaban a los pies de los “eruditos teológicos” se convertirían en indoctos e ignorantes. Así que, ellos rápidamente se unieron a rebaños de los liberales tales como la Universidad de Chicago y la Yale University. Los liberales usaban el Christian Century para predicar el liberalismo y la aceptación de los “santos que no han sido bautizados”, mientras que el Instituto Campbell desarrollaba una estrategia para infiltrar en la iglesia la teología modernista. Muchos hermanos, incluyendo directivos fueron tan ingenuos o confiados que no creían que estos brillantes eruditos estaban contaminados con tal propaganda modernista.

Los liberales ganaron más y más influencia en la hermandad, controlando a muchos predicadores y numerosas facultades. McGarvey se convirtió en un poderoso defensor de la Biblia y del cristianismo del Nuevo Testamento. No solamente se opuso a innovaciones tales como la música instrumental sino que llegó a ser quizá el más destacado erudito en Evidencias Cristianas, combatiendo erudición con erudición. Sus numerosos libros como respuesta a los “eruditos” liberales nunca fueron refutados; su prominente liderazgo ayudó a miles que “no habían doblado rodilla ante Baal” a que se mantuvieran en la trinchera. Su departamento de “Crítica Bíblica” en el Christian Standard potenciaba la verdad, defendía la causa de la inspiración verbal plenaria, infalible y totalmente inequívoca. Adán fue el primer hombre, y Eva fue creada a partir de su costilla; Isaías fue escrito por Isaías, y Daniel por Daniel; Abraham ofreció a Isaac, y Jonás fue tragado por un pez gigante; Job fue un personaje histórico, y la esposa de Lot se convirtió en un pilar de sal literal; los carruajes del faraón fueron destruidos y su ejército ahogado en el Mar Rojo—no en el lodo del Mar Rojo, y el ángel del Señor causó la muerte de 185,000 soldados de Senaquerib—no fue el resultado de una plaga de pulga en las ratas que había en sus equipajes.

Cuando el hermano McGarvey partió de esta vida (1911), los liberales se apresuraron para apoderarse de la Universidad de la Biblia. El hermano Hall L. Calhoun (Ph. D., Harvard) había sido preparado por John W. McGarvey para sucederle como presidente. Sin embargo, Calhoun no fue tomado en cuenta por Richard H. Crosswell, un liberal, para presidente de la Universidad de la Biblia y, además, de Transylvania; la directiva fue dominada por A. W. Fortune y otros liberales. Ellos traicionaron su deber. Los conservadores fueron purgados inexorablemente y reemplazados por liberales; su estrategia para la purga fue “vendida” sobre la base de mejorar la calidad de la educación; de considerar todos los lados de una cuestión y permitir que los estudiantes decidieran; de honrar la libertad académica; de presentar la posición sostenida por “los eruditos” [erudición liberal, en oposición a las afirmaciones claras de la Biblia y sus preceptos, la cual gobernaba sus agencias de acreditaciones] y animando un avance hacia el ecumenismo. Aquellos “chapados a la antigua, radicales, extremistas de derecha” que se oponían a la avalancha hacia lo modernista, fueron tildados por los teólogos modernistas rápidamente como “alborotadores de Israel” que se levantan para destruir la paz, la unidad y el espíritu de amor en la hermandad. Cuando eran atacados, los apóstatas apelaban a la simpatía, jugando con las emociones de los hermanos— ¿cómo podía alguien cuestionar a estos dedicados, amorosos y pacificadores hermanos? Por eso muchas veces se permitía al cuestionado que evitara ciertos temas y evadiera el tener que dar una respuesta honesta y directa a quien lo cuestionaba. El diablo ha utilizado con frecuencia esta táctica con gran éxito, como en Lexington, y es así como mantuvieron por un tiempo a los hermanos engañados.

Hall L. Calhoun se convirtió en decano de la universidad en 1912. Sin embargo ya no podía controlar a los liberales de la universidad, quienes eran defendidos por Crosswell; ellos ridiculizaban su defensa de la Biblia como libro de texto y en el salón de clases enseñaban que Cristo era simplemente un hombre, que la inmersión no era necesaria en el bautismo y que Cristo no tiene poder para ayudar en nuestras necesidades. Cuando las prácticas liberales fueron desafiadas, Mark Collis, presidente de la directiva, y los otros directivos, defendieron a los profesores liberales. La última esperanza de la universidad, Hall L. Calhoun, se resignó; se identificó con las iglesias de Cristo  enseñando en Freed-Hardeman College y en el David Lipscomb College hasta 1935, el año de su muerte. ¡Que nadie se engañe! Las universidades pueden y apostatan.

Otras universidades se apartaron del Movimiento de Restauración incluyendo el Betany College, Butler University, Drake University, Eureka College, Hiram College, Texas Christian University, y otros. Estas instituciones y aquellos que las patrocinan tienen muy poco interés en el propósito de sus padres fundadores.

Las Universidades Cristianas —Algunos peligros y advertencias en el presente

Si las universidades cristianas van a mantener su grandioso y fiel servicio a la hermandad y a la sociedad, la directiva, el personal administrativo, y la facultad misma deben conservar el objetivo original de estas instituciones—lealtad a  Cristo y a la enseñanza de la Sagrada Escritura. Deben contender a favor de “la fe una vez dada a los santos” (Jud. 3). Las lecciones de la historia deberían ser una exhortación para los directivos, administradores y electores a que estén vigilantes por aquellos que ridiculizarían las Sendas Antiguas en lugar de animar a los más jóvenes a seguirlas; aquellos que están más atentos a la posibilidad y tragedia de enseñar menos acerca de la “Biblia” y más acerca de las teologías de Bultmann, Tillich, Barth, y otros, y no del Libro Divino [los predicadores van a predicar y enseñar lo que ellos creen saber]; se debe demandar a los maestros a no “repetir cual papagayos” a los sectarios y a al parloteo de los liberales sino que armen a los estudiantes con la Palabra; es de esperarse que aquellos miembros de la facultad que estén en desacuerdo con los ideales y propósitos de la institución tengan el suficiente honor como para voluntariamente desprenderse de la institución [de lo contrario, luego de seguido el debido proceso, los demás miembros deberían despedirlos]; los directivos responsables deben percibir que alguien que conoce bien que la Biblia está en lo correcto sabrá decir cuándo la teología y la filosofía están erradas [el buen estudiante de la Biblia no se dejará seducir por los modernistas]; es de esperarse que esta facultad sostenga el punto de vista de la inspiración— el que “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pe. 1:21; comp. 1 Cor. 2:4-13; ; 1 Tes. 2:13; 1 Cor. 14:37). Cuando hay profesores que defiendan un origen evolutivo de la Biblia se les debe exigir que revelen cuál es su punto de vista acerca de la inspiración, si la Biblia está inspirada en el grado bíblico o si en el grado modernista. También debe tomarse en cuenta si tienen un punto de vista modernista de la divinidad de Cristo o un punto de vista bíblico acerca de la Deidad del Señor.

Nadie será tan ingenuo hoy como para negar que los peligros antes mencionados no son reales, pues éstos existen en toda época. Nadie puede lograr el éxito acusando a este autor de no ser amigo de la educación cristiana; tantos años dedicados a la enseñanza voluntaria y sin remuneración hablan elocuentemente acerca del amor que tenemos por este ministerio; ya son dieciséis años de enseñanza en casi todos los niveles y lo más cercano posible de un método profesional y probado. Los sabios no menospreciarán estas advertencias, ellos escucharán.


Una exhortación de Pablo que es aplicable a los individuos y a las instituciones es: “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga” (1 Cor. 10:12).

domingo, 20 de marzo de 2016

Seamos Cautelosos con la Conducta Desvergonzada

¿QUÉ ES UNA CONDUCTA DESVERGONZADA?

La conducta de un niño parte de su conciencia y sus valores. Muchos niños que se crían en ambientes con muy limitados recursos crecen haciendo el bien y aquellos que nacen y se crían en las mejores circunstancias tienen problemas para vivir una vida buena. Algunos niños a los cuales se les enseña el evangelio de Cristo responden positivamente, otros no. La razón de esto es que los hijos deciden por sí mismos cómo vivirán sus vidas. Hay algunos factores externos que influyen fuertemente sobre su conducta, como los padres, los amigos, la cultura y las circunstancias, pero la decisión final en cuanto a la conducta reposa en la decisión individual.

Los padres cristianos se preocupan con razón acerca de si sus hijos serán fieles a Dios. Lamentablemente no hay garantía alguna en cuanto a que nuestros hijos se desarrollarán como nosotros queremos aun cuando proveamos para ellos el mejor ambiente posible. El proverbio bíblico dice: "Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6), pero parece que es una regla general que no hay regla sin excepciones. Dios proveyó para Adán y Eva un ambiente perfecto para su desarrollo moral y espiritual pero ellos se desviaron de sus caminos. Estoy seguro que la mayoría de nosotros conocemos hijos que se han criado en ambientes similares y sin embargo de adultos son completamente diferentes. Si hubiera una fórmula para criar hijos perfectos, estoy seguro que la mayoría de los padres haría lo que fuera necesario para garantizar un porvenir ideal. Por lo tanto, la conducta está determinada primordialmente por la conciencia y valores del individuo. En general, el ambiente sólo puede influir en la conducta pero no determinarla.

Hay una diferencia entre mala conducta y conducta desvergonzada. Por ejemplo, en Tito 1:6 Pablo dice que un anciano debe tener “hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía”. La palabra griega traducida “disolución” en este versículo es asotia, la cual aparece dos veces en el Nuevo Testamento y se traduce “desenfreno” (Ef. 5:18) y “disipación” (1 Pe. 4:4). Esta palabra parece referirse a la conducta que es sensual, imprudente, y fuera de control. La conducta disoluta de Tito 1:6 no se refiere a los hijos que como es típico dan batalla con su mala conducta. No todos los hijos que forcejean con la fe viven vidas que son disoluta e indisciplinadas, pero un anciano no puede servir efectivamente si sus hijos están fuera de control. La conducta disoluta, entonces, no es típica de los ejemplos que acostumbramos ver de mala conducta. Quizá el uso de disolución en este versículo nos ayude a entender cuándo es el caso que un hombre tiene hijos que no creen.

Una característica de la conducta desvergonzada es la pérdida de la inhibición y la falta de conciencia. Ser consciente de algo es preocuparse de ello. La conciencia es una advertencia interna, un aviso de cuál es una conducta buena y cuál es una mala conducta. Algunas personas suprimen su conciencia al punto de que pierden sensibilidad tocante a lo bueno y a lo malo. Pablo lo expresa de esta manera: “y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas” (Ef. 4:19).

La conducta de los hijos se puede colocar en un ir y venir de lo bueno a lo malo y viceversa. El peor lado de esto es que con el tiempo puede concluir en una conducta que, a la edad de 18, se diagnosticará por la comunidad de salud mental como Desorden de Personalidad Antisocial (DPA). Según la más reciente edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV-TR, por sus siglas en inglés), algunas de las características prominentes de este desorden es la incapacidad de acatar las normas sociales, hipocresía, hábito de mentir, impulsividad, irresponsabilidad, violencia y falta de remordimiento (706). Hay varios libros que se pueden obtener en las librerías y que tratan con detalle el cuadro aterrador que tiene el desenlace de esta condición.
Algunos argumentarán que la conciencia es el resultado de la biología o del ambiente y que los individuos tienen poco o ningún control sobre su conducta, pero la Biblia instruye diferente. Dios dice que es nuestra responsabilidad conducirnos adecuadamente. “El alma que peque, ésa morirá” (Ez. 18:20). Dar libre paso al reino del pecado puede resultar en un estado mental destructivo donde nos engañamos a nosotros mismos. Por ejemplo, Pablo nos advierte acerca de que el mal “con toda perversidad engañará a los que se pierden por haberse negado a amar la verdad y así ser salvos” (2 Tes. 2:10, La Biblia Al Día).

CAMBIANDO VALORES Y NORMAS

No hay duda en cuanto a que los valores y normas de nuestra cultura han cambiado en los últimos cincuenta años. Hoy, estos cambios están teniendo un impacto significativo en el ambiente que rodea a nuestros hijos. Nuestra sociedad ha hecho tres cambios significativos en el pensamiento de las personas en cuanto a las normas y los valores. PRIMERO, ha habido un cambio desde un punto de vista moral bíblico hacia un punto de vista secular. Esto ha desviado a nuestra sociedad de las normas y valores de la Escritura hacia una forma de conducta que es la correcta ante sus propios ojos. La Biblia dice que esto es una tendencia de la humanidad: "Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte” (Prov. 14:12). No tenemos la sabiduría en nuestro interior para establecer nuestras propias normas y valores. Jeremías dice que… "no depende del hombre su camino, ni de quien anda el dirigir sus pasos” (Jer. 10:23). Muchos de los malos de la sociedad de nuestros días son resultados de la incapacidad de nuestra nación de establecer normas y valores que funcionen.

Un SEGUNDO cambio decisivo en el pensamiento de las personas dentro de nuestra cultura ha sido aquel que les ha guiado hacia un punto de vista postmodernista. Para el postmodernista, la verdad no es objetiva o separada del individuo. Ninguna literatura o filosofía tiene un contenido inalterable sino que todo está determinado por la perspectiva del individuo. Esto ha guiado a nuestra sociedad a tomar un punto de vista multicultural  donde el valor de todas las culturas, punto de vista y tradiciones se ven como si poseyeran el mismo valor. De modo que, en nuestra cultura hoy todas las creencias y conductas  son consideradas iguales, no importa cuán desvergonzadas puedan ser éstas. Desde luego, la única excepción a esto sería la actitud de los postmodernistas hacia aquellos que creen en el estándar moral objetivo de la Biblia. Por lo tanto, un punto de vista bíblico mundial es considerado malo por muchos hoy, lo cual nos recuerda las palabras de Isaías: “los que llaman al mal bien y al bien mal” (Isa. 5:20).

El TERCER principal cambio que ha ocurrido dentro de la sociedad es cómo vemos la conducta. El punto de vista postmoderno es que la conducta de alguien es tan buena como la de los demás, pero esto no funciona cuando es obvio aun al postmodernista secular que una conducta es mala. De manera que han hecho un ajuste  el cual permite que la conducta de alguien se le llame enfermedad, para poder decir: “No es que eres malo, ¡es que estás enfermo!” Las raíces de esta teoría son tan antiguas como la década de 1930 cuando la religión de los Alcohólicos Anónimos (AA) se alió con la comunidad médica y nació el modelo que considera la adicción como una enfermedad. Desafortunadamente, los AA tienen sus orígenes en el determinismo religioso de Juan Calvino. Es por esto que el primer paso de los Doce Pasos de los AA es que debemos admitir que nosotros no podemos cambiar nuestra conducta a menos que haya algún tipo de intervención divina.

¡AYÚDAME PORQUE NO PUEDO AYUDARME A MÍ MISMO!

La idea de que alguien no tiene poder alguno sobre su conducta encaja magníficamente en el punto de vista de la comunidad médica de enfermedad; es decir, no elegimos estar enfermos, no somos malos sino que estamos enfermos, y cuando estamos enfermos, necesitamos tratamiento. Además de esto, para lo que sea que la comunidad médica identifique como enfermedad, las compañías de seguros pagarán los gastos. Así que no me acusen de actuar irresponsablemente, sólo tolérame durante mi enfermedad. Si llego ebrio al trabajo, no puedes despedirme. En cambio, sufraga los gastos de mi tratamiento.

El problema con el modelo de enfermedad es que no sólo se confina al abuso del alcohol, sino que se expande a otras drogas, y eventualmente a todo tipo de conductas. Hoy, si una persona tiene problemas con los juegos de azar, el sexo, la comida o las compras, entonces se puede decir que ella tiene una enfermedad. Sin embargo, uno debe siempre reconocer la diferencia entre una conducta problemática y una enfermedad física. Por ejemplo, beber alcohol y fumar son conductas, donde la cirrosis del hígado y el cáncer de pulmón son enfermedades.

Vi un reportaje en televisión donde un juez de Ohio era cuestionado por algunos reporteros en cuanto al por qué dejó libre a un hombre que había sido encontrado culpable de violar a dos niños. Su respuesta fue que la cárcel no le haría ningún bien a este hombre porque lo que él tenía era una enfermedad. La base para esta decisión desvergonzada era la creencia del juez en el modelo de “la conducta es una enfermedad”. El juez mismo había tenido serios problemas por causa del abuso del alcohol y había sido diagnosticado algunos años atrás como objeto de tratamiento por adicción. Con respecto al pedófilo que había violado a los niños él sólo podía decir: “Es que tiene una enfermedad como me pasó a mí”. Lo cierto es que ni el juez ni el convicto violador de niños tenían una enfermedad, y ambos eran responsables de sus propios crímenes, y no obstante el juez utilizó el modelo de “la conducta es una enfermedad”  para justificarse a sí mismo y también al convicto. Nuestros genes no nos convierten en adictos, y no hay enfermedades biológicas que provoquen que perdamos la capacidad de saber cómo debemos comportarnos.

ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN

Por una variedad de razones, nosotros tomamos nuestras propias decisiones en cuanto a cómo comportarnos basados en lo que valoramos en el momento de hacer una elección. La conducta de un niño siempre se va a encontrar entre ese ir y venir entre lo bueno y lo malo. Un ejemplo de conducta desvergonzada no significa que su hijo va a convertirse cuando adulto en un psicópata. Sin embargo, si usted está notando una serie de conductas problemáticas en su hijo, aquí hay algunas cuantas cosas que puede hacer. (1) Sosténgase del modelo bíblico de lo bueno y lo malo. Puede que su hijo no lo entienda ahora, y puede que nunca lo haga, pero esto es lo que Dios espera que usted haga como padre. (2) No sea un facilitador. No siempre tiene que estar limpiando el desorden de su hijo, porque llega el momento en que terminas haciéndolo de por vida. Al hacer esto, el niño nunca experimenta las consecuencias de portarse mal. El principio bíblico es “Cosechas todo lo que siembras” (Gál. 6:7). (3) Ayude a su hijo a descubrir lo que es lo mejor para él/ella. Algunos hijos no se convencen mediante argumentos morales, o consejos o mandamientos, pero ellos podrían estar de acuerdo en hacer algo que ven que les conviene. (4) Demuestre a su hijo que tenemos el control sobre nuestra propia conducta. Nunca ceda en este punto. No permita que la conducta sea atribuida a los genes, padres, maestros, circunstancias, ambiente, drogas, alcohol, amigos, televisión o alguna otra excusa.

Obras Citadas

American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. 4th rev. ed. Washington, DC: APA, 2000.

Hare, Robert D. Without Conscience: The Disturbing World of the Psychopaths Among Us. New York: Guilford, 1993.


Myers, J B. Elders and Deacons. Nashville: 21st Century, 2003.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿”Muere” el error cuando decidimos “dejarlo existir”?

Parece claro que hay entre nosotros quienes, aunque creen que la Biblia no autoriza el uso de música instrumental en la adoración a Dios, piensan también que no debería hacerse nada para oponerse a los esfuerzos actuales de algunos de nuestros hermanos para mezclarse con la Iglesia Cristiana. Aparentemente ellos creen que si “lo dejamos existir” el error morirá por sí solo en una muerte silenciosa.

Pero el error no “morirá” si simplemente lo “dejamos existir”. Y es claro que Jesús espera que entendamos que no será así. Él exige —por medio de la clara enseñanza del Nuevo Testamento—que debemos “contender ardientemente por la fe” (Jud. 3), debemos poner resistencia a los expositores del error (Gál. 2:11-14), debemos entender que hemos sido advertidos de lobos que entrarán y querrán arrastrar discípulos detrás de ellos (Hch. 20:29-30), debemos reprobar, reprender y exhortar (para dar a entender que nos oponemos a la falsa doctrina y que nos ponemos del lado de la verdad, 2 Tim. 4:1-5; Jn. 8:32).

Las personas no piensan así con las demás cosas en su diario vivir

Cuando la casa de una persona se está incendiando, ella no se sienta tranquilamente a esperar que el fuego se apague ‘solo’ (como decía el hermano Jack Meyer, “el fuego morirá cuando haya quemado todo hasta el suelo”). Cuando las personas se percatan que dentro de su casa hay una serpiente de cascabel, ellos no la dejan “sola” hasta que decida irse o que muera en algún momento. No, la buscan y la matan. Cuando las personas se enteran que tienen cáncer, no dicen: “Lo dejaré allí quieto porque tarde o temprano morirá solo y todo estará bien”. No, buscan ayuda médica en un sincero esfuerzo por hacer lo que esté a su alcance para batallar con el cáncer y “ganarle” si es posible.

¿Y qué con los asuntos religiosos?

¿Qué pasaría si varios miembros de la iglesia empezaran a defender el ateísmo y comenzaran a “predicar” a otros cristianos que Dios no existe? ¿Dirían los miembros fieles, “Bueno, sólo déjenlos allí, y esa teoría morirá por sí sola”? Sin duda hay miembros de la iglesia que dirían eso, pero los miembros fieles dirían: “Debemos hacer algo para detener esto porque el Señor (Jud. 3) nos enseñó a contender por la fe”.

Desde hace ya algunos años ha habido un movimiento apropiadamente denominado el “movimiento liberal” (es decir, que defiende lo que la Biblia no autoriza) el cual está diciendo cosas tales como: “Es ridículo oponerse a los instrumentos de música en la adoración a Dios”, “Hay algunos cristianos que nunca han sido bautizados”, “Hay cristianos de verdad, instruidos, en las muchas denominaciones”.

Al tiempo que esto ha estado sucediendo, ha habido otros miembros de la iglesia quienes—aunque creen que las posiciones mencionadas están erradas—en lugar de contender ardientemente por la fe (Jud. 3) oponiéndose a dichos errores, están alegando que “¡sólo déjenlos en paz y eso va a morir por sí mismo!”

Algunos hermanos están cometiendo un grave error al pensar que la iglesia de Cristo debería mezclarse o tener comunión con la Iglesia Cristiana (sea la llamada Iglesia Cristiana “conservadora” o los liberales “Discípulos de Cristo”). La llamada Iglesia Cristiana conservadora (usualmente se refieren a sí mismos como la Iglesia Cristiana Independiente) es una secta porque esta rechaza la ley de Dios de la autoridad. Sus miembros contienden que uno no necesita autorización bíblica para lo que haga en religión y—ellos contienden que—todo lo que está prohibido específicamente por la Biblia entonces es que está permitido. Este principio abre par en par las puertas a la apostasía. Los predicadores de la Iglesia Cristiana han dejado claro que ellos pelearán por el uso de la música instrumental y no dejarán de usarla en su adoración a Dios aun cuando algunos de ellos admiten que no hay autoridad bíblica para el uso de esos instrumentos. Es claro que ellos no—aunque algunos de nuestros hermanos crean que sí lo harán—abandonarán estas cosas por causa de la unidad. Y aunque lo hicieran, sería bajo la condición de que los miembros de las iglesias de Cristo admitan que el no-uso de música instrumental en la adoración es simplemente un asunto opcional, y no una obligación. Esto—y un número de errores de la Iglesia Cristiana no van a “morir” porque los dejemos existir. Los hermanos fieles deben levantarse y contender por su fe (Jud. 3; 2 Jn. 9-11; Col. 3:17; etc.)

Aun cuando estamos profunda y vitalmente interesados en la unidad que está basada en la verdad, ¡ningún cristiano fiel estará de acuerdo con la “unidad” que está basada en el error! Hacemos una seria y amorosa apelación a todos nuestros hermanos en cualquier lugar a que practiquen y defiendan la verdad. El error NO “morirá” porque lo dejemos “solo” (1 Tim. 6:12; Hch 7; 9:20-22). Debemos oponernos al error amorosamente —aunque valiente y vigorosamente— junto con una proclamación persuasiva de la verdad (Ef. 4:15; Jud. 3; Hch. 9:20-22; 2:21-47). La iglesia de Cristo es el ejército de Cristo. Él espera que cada miembro sea un buen soldado en ese ejército (2 Tim. 2:3; 1 Tim. 612; Ef. 6:10-20). Que Dios nos ayude a hablar “con denuedo” y como “debemos” hablar (Ef. 6:20).