domingo, 13 de marzo de 2016

Un vistazo general al “Liberalismo” y al “Antiismo"

Nunca me ha gustado el uso de términos tales como “liberalismo” y “antiismo” porque me parece que las personas se podrían prejuiciar contra un punto de vista (simplemente por la terminología empleada) antes de examinar la evidencia relevante. Pero realmente no conozco otra mejor manera de hacer lo que se tiene que hacer (Me gustaría recibir sugerencias de los demás, de cómo lo expresarían).

En todo caso, estoy convencido de que las dos cosas a las cuales me refiero como “liberalismo” y “antiismo” han sido problemas muy muy serios a lo largo de la historia de la humanidad. El objetivo básico de este tema de introducción es tratar de explicar por qué este es el caso. Esto nos lleva al prerrequisito de presentar las definiciones de ambos términos.

¿Qué es el “Liberalismo”?

La Biblia es muy clara en cuanto a que Dios demanda que los hombres hagan únicamente lo que Él autoriza en Su palabra. Hemos discutido acerca de este tema en otras controversias y a lo largo de estos veinte años de ministerio. El cristianismo es la religión de la autoridad bíblica. Son cientos los libros y tratados enseñando el tema de la autoridad bíblica.

Liberalismo, en el sentido que estamos usando el término aquí, puede tomar una de dos formas: (1) sostener que nadie está bajo la obligación de tener autorización de la Biblia para lo que haga en religión o (2) sostener que, para poder agradar a Dios uno debe tener autoridad bíblica para lo que haga en religión pero defender que algunas creencias/prácticas están autorizadas por la Biblia cuando ese no es el caso.

Para facilitar una referencia al lector, cuando me refiera a “Liberalismo” me estaré refiriendo a la defensa/práctica de hacer lo que la Biblia no autoriza, y que por eso mismo hecho lo que se hace está prohibido.

¿Qué es “Antiismo”?

En tajante contraste con el liberalismo, el antiismo prohíbe lo que la Biblia autoriza. El antiismo no niega que uno deba tener autoridad bíblica para lo que se hace en religión. El error básico del antiismo es prohibir lo que la Biblia autoriza. Lo que está prohibido varía dependiendo de las formas del antiismo. Por ejemplo, aunque la Biblia autoriza que las iglesias tengan un predicador “local”, algunos hermanos antis niegan esto, afirmando que las congregaciones deberían practicar lo que ellos llaman “ministerio recíproco” (o mutuo). Otros hermanos antis sostienen que una iglesia local no debe usar sino una sola copa para servir el jugo de uvas durante la Cena del Señor. El uso de varias copas está autorizado, pero sin importarles eso estos hermanos lo prohíben. Otros hermanos antis se oponen a la realización de varias clases simultáneas antes del servicio de adoración. Y cosas semejantes a las mencionadas.

Una ilustración de la Diferencia entre Liberalismo y Antiismo

Supongamos que el señor Smith, un agricultor, tiene tres hijos. También tiene una vaca y un gran pastizal donde esta puede alimentarse. Smith tiene una comprensión vasta acerca de lo que la vaca necesita para comer y estar saludable. También conoce el suelo y las plantas muy bien. Debido a este conocimiento, el señor Smith ha determinado que su vaca debe estar atada en un lugar específico en el pastizal y con una soga de no más de cien pies de largo. Así que, cuando usó a sus tres hijos de manera alternada para la tarea de atar la vaca, los instruyó a atarla con una soga que le permitiera un espacio de cien pies (permitiendo así que la vaca caminara y comiera de todo dentro de un círculo que tenía un radio de cien pies—y por ende, un diámetro de doscientos pies).

De manera que el señor Smith le dice el lunes a su hijo Juan que ate la vaca. “Cuando ates la vaca, asegúrate de que usas una soga de 100 pies”. Juan responde a su padre: “Papá, lo haré como usted dice”. Pero luego va al pastizal y ata la vaca con una soga de 150 pies. Juan actuó, en respuesta a las instrucciones de su padre, en la misma forma básica que los liberales tratan con la Biblia. Atar la vaca con una soga de 150 pies (50 más que los autorizados por su padre), le permite a la vaca comer hierba/plantas que el padre del joven no quiere que ella coma (comp. 2 Jn. 9-11; Col. 3:17).

El martes, el señor Smith le pide a su hijo Bill, “lleva la vaca y átala con una cuerda de 100 pies”. En respuesta Bill le dice: “Así lo haré padre”. Pero Bill va y ata la vaca con una soga de 50 pies. Al hacer esto, él evitó que la vaca comiera hierba/plantas  que el padre sabía que la vaca necesitaba y que él quería que ella comiera. Bill actuó, en respuesta a las instrucciones de su padre, en la misma forma básica en la que un anti reacciona a la enseñanza bíblica. Juan permitió lo que el padre no había autorizado; Bill prohibió lo que el padre había autorizado (comp. 1 Tim. 4:1-5; Gál. 2:3-5).   

Luego, el miércoles, el señor Smith dijo a su hijo Joe, “Lleva la vaca al pastizal y átala con una soga de 150 pies”. En respuesta Joe le dice: “Lo haré tal como me lo ha pedido, Padre”. Y Joe hizo exactamente como su padre le había autorizado hacer: Ató la vaca con una soga de 150 pies.

Pudiera ser de gran utilidad que el lector se beneficie con el libro del hermano Thomas B. Warren, “LECTURES ON CHURCH COOPERATION AND ORPHAN HOMES”. En él aprenderá muchas cosas acerca de los temas obligatorios y los temas de opinión.

La alegación básica del Liberalismo (por lo menos en la rama de liberalismo en la cual enfoco este estudio) es: todo lo que no está específicamente (explícitamente) prohibido (o señalado como malo) está permitido. Esta alegación es defendida por la Iglesia Cristiana. Si esta alegación es verdadera (¡no es verdadera!) entonces se sigue que: (1) la Biblia no es realmente autoritativa, (2) una congregación podría usar (como algo adicional o como un sustituto del pan que el Nuevo Testamento autoriza) bistec en la Cena del Señor, (3) denominacionalismo, (4) el uso de música instrumental en la adoración a Dios, etc.

El  Antiismo prohíbe lo que está autorizado por el Nuevo Testamento. Esto incluiría cuestiones tales como: (1) la existencia de escuelas bíblicas en los cuales se enseña la Biblia como parte del currículum, (2) que una iglesia ayude a otra en asuntos espirituales, (3) que una iglesia dé ayuda económica a alguien que no sea cristiano, (4) que una iglesia tenga un predicador “local” quien predica el evangelio regularmente tanto a la iglesia como a los inconversos recibiendo un salario estipulado y regular, (5) que una hermana enseñe una clase de niños y/o mujeres como parte de la obra de una iglesia local, (6) que una iglesia tenga, como parte de su obra, varias clases simultáneas antes o después de la adoración, etc.

La “soga de la verdad” representa a las personas que ni permiten (ni practican) lo que el Nuevo Testamento no autoriza ni prohíben lo que la Biblia autoriza. Estos fieles ni tratan los asuntos de obligación como si fueran asuntos opcionales ni tratan asuntos opcionales como si fueran una obligación.

Hay en el presente en la iglesia de Cristo hermanos que claramente están trabajando para lograr una fusión con la Iglesia Independiente Cristiana—o por lo menos lograr una situación en la cual los miembros de la iglesia de Cristo tengan “comunión” con la Iglesia Cristiana. Pero la Iglesia Cristiana está mal tanto en su punto de vista básico como en su práctica. Al sostener que uno no necesita la autorización del Nuevo Testamento para lo que haga en religión, ellos rechazan la autoridad de Cristo. Al hacer esto se convierten —en el mejor de los casos— en una secta. Ellos sostienen que tenemos permitido hacer en asuntos religiosos toda y cualquier cosa que no esté específicamente prohibida (condenada por). Al sostener este punto de vista, ellos abren de par en par las puertas que permiten cualquier cosa concebible. Para unos breves ejemplos de esto, ¿dónde está el pasaje que prohíbe explícitamente la existencia de una “Papa”? ¿Dónde está el pasaje que explícitamente prohíbe a alguien hacerse miembro de la iglesia mormona? ¿De la iglesia luterana? ¿De la religión musulmana? ¿De la Iglesia Bautista? ¿De la Iglesia Católica Romana? ¿De la religión budista? ¿Dónde está el pasaje del Nuevo Testamento que explícitamente prohíbe que se acompañe el pan de la Cena del Señor con bistec? Y así podríamos continuar con más asuntos como estos si uno acepta la premisa básica de la Iglesia Cristiana.

Toda persona que habiendo creído en Jesús y habiéndose arrepentido de sus pecados, se ha bautizado en Su nombre (por Su autoridad) es un hijo de Dios (alguien salvo por la sangre de Cristo, es un miembro de la iglesia por la que Jesús murió [pues Jesús es el que añade a Su iglesia]). Pero es posible que las personas que son miembros de la iglesia de Cristo se conviertan en apóstatas—es decir, que caigan de la gracia (Gál. 5:4; 2 Pe. 2:20-22; etc.).

Cuando los hombres se muestran en infidelidad a Cristo y son impenitentes absolutos en su infidelidad aun cuando otros amorosamente les han exhortado a lo contrario (en armonía con lo que la Biblia enseña con respecto a esto), entonces ya no pueden ser considerados para tener comunión con el fiel pueblo de Dios. Aquellos que rechazan la ley de Dios de la autoridad y quienes, en consecuencia, hacen cosas que no están autorizadas como utilizar instrumentos mecánicos de música en la adoración a Dios, no deberían ser considerados como hijos de Dios fieles.

Que se note que los hombres que han estado—y se mantienen— al frente de la batalla contra el antiismo son ahora los que están en el frente de la batalla contra “el nuevo liberalismo”.

lunes, 7 de marzo de 2016

El Caso del Ladrón en la Cruz

Por lo visto el ladrón arrepentido que fue crucificado con nuestro Señor se salvó. “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43). Pero Jesús enseñó en Juan 8:21 que si una persona muere en sus pecados no puede ir a donde está el Señor. Los evasivos evangelistas denominacionales han engañado a los que no están informados bíblicamente al aplicar erróneamente el relato acerca de este ladrón en la manera en que lo han razonado: “El ladrón en el cruz no fue bautizado; por lo tanto, no hay en lo absoluto la necesidad de bautizarse”. Pero, ¿ése es el caso? En nuestro estudio, observemos los siguientes cinco puntos:

I. Primero, ningún hombre puede probar que el ladrón no fue bautizado.

Pero, nos dicen, “no hay mención alguna de que él haya sido bautizado”. Y admitimos que no la hay. Sin embargo, sobre esta base también probaríamos que la fe en Cristo no es necesaria para la salvación, pues no hay declaración alguna en cuanto a que Lázaro, quien fue al paraíso (Lc. 16:19-31), creyera en Cristo. Lo que prueba demasiado en realidad no prueba nada.

II. Segundo, es totalmente razonable y posible que el ladrón haya sido bautizado.

(1) Considere la amplia cobertura y aceptación del bautismo de Juan. Hechos 13:23-25 nos informa, “Juan predicó, antes de su venida [la de Jesús], un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel”. Cuando Juan predicó el bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados, “… acudía a él toda la región de Judea, y toda la gente de Jerusalén, y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán” (Mr. 1:4-5). Mateo 3:5-6 nos dice, “Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán”. En Lucas 3:7 leemos, “las multitudes que acudían para que él las bautizara”. Lucas 3:21 añade: “Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado…” Luego, Juan 4:1 nos informa: “los fariseos habían oído que Él hacía y bautizaba más discípulos que Juan”. Es indudable que la cobertura y aceptación del bautismo de Juan era sumamente considerable. Y, no olvidemos que el bautismo de Juan era para el perdón de pecados (Mr. 1:4; Lc. 3:3). Por supuesto que esto era en anticipación al derramamiento de la sangre de nuestros Señor, sangre sin la cual la remisión de pecados no podía hacerse realidad (Mat. 26:28; Heb. 9:22). Es completamente razonable y posible que el ladrón hubiese estado en este vasto número de personas.

(2) Observe lo bien informado que estaba el ladrón. Mientras agonizaba, “decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lc. 23:42). Este texto implica: (a) que él sabía que Cristo tenía un reino, y (b) que se establecería después de la muerte de nuestro Señor. Además, la declaración también implica (c) que él entendía que el Señor tenía el poder para bendecir con la vida. Pero el bautismo de Juan, que era para la remisión de pecados, estaba conectado con la predicación del reino (Mat. 3:1-3; Mr. 1:1-5). Ciertamente es del todo posible que el ladrón haya sido bautizado.

(3) “¡Pero él era un ladrón!, nos dicen. Esto no niega que haya podido ser alguien bautizado. Él pudo haber estado entre aquellos muchos discípulos del Señor que “se apartaron y ya no andaban con El” (Jn. 6:66). Después de todo, al apostasía es posible (Lc. 8:11-15; 2 Pe. 2:20-22; 1  Cor. 10:12).

III. Tercero, considere que el Nuevo Testamento no estaba en vigencia cuando el Señor le hizo esa promesa al ladrón.

(1) Hebreos 9:15-17. Este texto declara, “Y por eso Él es el mediador de un nuevo pacto, a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna.  Porque donde hay un testamento, necesario es que ocurra la muerte del testador. Pues un testamento es válido sólo en caso de muerte, puesto que no se pone en vigor mientras vive el testador”. La siguiente ilustración, ideada por un anónimo, es muy expresiva. Había un hombre rico llamado John. Su última voluntad estaba preparada: pero, aún no tenía vigencia porque él no había muerto. Una pobre viuda viene a él pidiéndole una ayuda, y él le brinda una muy generosa ayuda. Y así lo sigue haciendo durante algunos años. No hay nada fuera de orden con esto ya que él puede disponer de su riqueza como quiera mientras esté vivo. Pero, de pronto muere, sale a la luz su última voluntad, se prueba su autenticidad, y el administrador va a disponer de sus bienes, de acuerdo con los términos que establece el documento. La viuda necesitada que mencionamos al principio viene y pide ayuda, pero se la niegan. Ella reacciona: “Pero si el señor John estuviera vivo, él me ayudaría”. El administrador le responde: “No tengo duda de eso, pero ahora él está muerto y yo no tengo autoridad para quebrantar su voluntad. Solamente puede administrar sus bienes tal como él lo dispuso en su testamento”. Así sucede con la voluntad de nuestro Señor. Mientras estaba en la tierra, Cristo podía decir al ladrón: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43). Podía decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” (Mr. 2:5). A la mujer pecadora que estaba en la casa de Simón podía decirle, “Tus pecados han sido perdonados” (Lc. 7:48). Podía decirle a la adúltera: “Ni yo te condeno, vete y no peques más” (Jn. 8:11). Todos estos casos acontecieron antes de que la última voluntad de Cristo entrara en vigencia. ¿Y qué con eso? Bueno, “donde hay un testamento, necesario es que ocurra la muerte del testador” (Heb. 9:16). Al morir Cristo, su última voluntad ha entrado en vigencia, y nosotros solamente somos salvos cuando cumplimos con los términos de su voluntad. Y, su voluntad dice: “El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado” (Mr. 16:16). Además, Pedro dijo de parte del Señor: “Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados” (Hch. 2:38). De manera incidental, supongamos que existía el señor John, un hombre muy rico, quien murió y en su última voluntad dijo: “El que creyere y fuere bautizado recibirá mil dólares”. ¿Cuántas personas tendrían problemas para entender que el bautismo es esencial para poder recibir esos mil dólares?

Argumentar que el bautismo no es esencial para el hombre hoy, “ya que el ladrón nunca se bautizó” es análogo a afirmar que no necesitamos pagar impuestos hoy porque Manuel Amador Guerrero no los pagó. Como usted bien sabe el presidente murió antes de que entrara en vigencia la ley de los impuestos actuales.

(2) Los requisitos de un testamento efectivo y cómo Cristo los cumplió. (a) El individuo que hace un testamento debe tener una edad responsable. ¿No tenía Cristo más de treinta años cuando murió? (b) El individuo que hace un testamento debe tener pleno uso de sus facultades mentales. Cristo dejó mudos y avergonzados a los hombres más sabios de su tiempo, sí, desde que era tan sólo un niño (Lc. 2:46-47). (c) El individuo que hace un testamento debe tener bienes o propiedades que otorgar. Efesios 1:7 dice, “En El tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia”. (d) El testamento debe contar con testigos. Los apóstoles del Señor realizaron esta función (Hch. 1:8; 5:32). (e) El testamento entra en vigor únicamente después de la muerte del testador. Esto se explica claramente en Hebreos 9:15-17.

(f) Los testamentos tienen albaceas cuya responsabilidad es velar que los términos del testamento sean respetados y se cumplan debidamente. Los apóstoles del Señor cumplieron esta función porque fueron inspirados por el Espíritu Santo (Jn. 14:26; 16:13; Ef. 3:1-12). (g) Luego de que un testamento ha sido verificado adecuadamente no hay apelación posible ante los términos y condiciones del mismo. Ya que el Señor fue confirmado por la corte celestial, y ya que su testamento expone el plan de salvación, no puede haber cambios en los términos o condiciones de la salvación. Intentarlo lo pondría a uno en la condición de anatema para Dios (Gál. 1:6-9). No podemos añadir ni quitar algo de la ya confirmada divinamente y permanentemente establecida voluntad de nuestro Señor (Apo. 22:18-19). No podemos ir más allá de lo que está escrito (1 Cor. 4:6; 2 Jn. 9-11) ni podemos poner menos requisitos que el Señor; ni yendo más allá de lo que está escrito podemos añadir más requisitos que los que el Señor ha pedido. Balaam estaba en lo correcto cuando dijo: “yo no podría traspasar el mandamiento del Señor mi Dios para hacer ni poco ni mucho” (Núm. 22:18). Ahora, cuando “el caso del ladrón” se estudia a la luz de estos principios que rigen los testamentos, el argumento de “como el ladrón se salvó sin bautizarse así los hombres hoy pueden salvarse sin ir al bautismo” cae en una completa insignificancia y por ende queda invalidado.

IV. Cuarto, consideremos que el ladrón en la cruz no constituye un ejemplo para nosotros hoy.

(1) Cuando se prometió el paraíso al ladrón el Nuevo Testamento no estaba en vigencia (Heb. 9:15-17).

(2) Cuando se prometió el paraíso al ladrón, la Gran Comisión aún no se había dado (Mat. 28:18-20; Mr. 16:15-16; Lc. 24:46-49; Jn. 20:20-23).

(3) Cuando se prometió el paraíso al ladrón el reino del Señor aún no había sido establecido (Mr. 9:11; Hch. 1:8; 2:1-4).

(4) Cuando se prometió el paraíso al ladrón los apóstoles del Señor aún no habían empezado a utilizar las llaves del reino (Mat. 16:18, 19; Hch. 2:36-38).

(5) Una nota especial. Es manejar maliciosamente la palabra de Dios el pasar por alto todos los casos de conversión que hay en el libro de los Hechos (2, 8, 9, 10, 16, 18, 19, 22, 26) y en cambio buscar antes de eso hasta encontrar el caso del ladrón. Verdaderamente tiene una gran presión en su empeño por establecer que el bautismo no es esencial cuando tiene que manejar así la palabra de Dios.

V. Finalmente, una palabra acerca del otro ladrón.

El otro ladrón se mantuvo obstinado, rebelde, blasfemo y sin remordimientos hasta el final. Ese fue el caso (1) aunque él sabía que quien estaba agonizando junto a él era el  Cristo, la evidencia de ese hecho era abrumadora. (2) aun cuando él estaba experimentando la agonía de los crucificados y (3) aun cuando él sabía que su muerte era inevitable, inminente. ¿Cómo podía suceder algo así? ¿Cómo lo explicaría usted? Solamente hay una respuesta: un hombre puede pecar despreciando la gracia. Puede persistir en el pecado al punto de que el arrepentimiento se le hace imposible. “El hombre que después de mucha reprensión endurece la cerviz, de repente será quebrantado sin remedio” (Prov. 29:1). La conciencia de una persona podría estar tan cauterizada como un acero soldado, convirtiéndose en algo insensible a la gracia, misericordia y amor de Dios (1 Tim. 4:2). Efesios 4:19 dice, “y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas”. Benjamín Franklin, uno de los líderes del Movimiento de Restauración, consideraba que es cierto que nadie puede convertirse al Señor después de la muerte; pero, también es cierto que algunos no pueden convertirse al Señor antes de la muerte. Un corcho sumergido cien veces bajo el agua volverá a emerger las mismas veces. Sin embargo, si es sumergido doscientos pies bajo el agua, no podrá emerger de nuevo. ¿Por qué? La presión de agua encima contrarresta la flotabilidad y provoca que éste se hunda. Sí, usted puede hundirse más allá de su capacidad de levantarse de nuevo.

Conclusión

(1) Recapitulando. En este estudio hemos observado que: (1) Ningún hombre puede probar que el ladrón no fue bautizado, (b) es razonable que el ladrón haya sido bautizado, (c) el Nuevo Testamento no estaba en vigencia cuando el Señor prometió el paraíso al ladrón, (d) que el ladrón en la cruz no constituye un ejemplo para nosotros hoy, y (e) una consideración acerca del otro ladrón.


(2) Ese día, allí, murieron tres. El ladrón arrepentido murió al pecado. El ladrón rebelde murió en pecado. El  Señor murió por el pecado. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Ser Cautelosos con las Influencias Negativas

Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da, no aprenderás a hacer las cosas abominables de esas naciones” (Deut. 18:9).

ANTECEDENTES DEL TEXTO

Increíblemente los israelitas vagaron por cuarenta años en el desierto de Parán, en un viaje que en realidad podía hacerse en menos de dos semanas (Pfeiffer, 68). Pero el momento había llegado. Moisés se dirigió a la nueva generación mientras ellos contemplaban el río Jordán, dispuestos a cruzarlo hacia la tierra prometida donde fluía leche y miel y de la que ellos habían rehuido cuarenta años antes. La misma estaba habitada por adoradores de ídolos quienes estaban zambullidos en actividades diabólicas. Ellos debían ser expulsados, pero Dios predijo que su influencia tentaría a la población relativamente joven de su pueblo y que amenazarían su existencia (comp. Deut. 12:29-32).
En su discurso deuteronómico, Moisés revisó su menos que estelar historia, repitió la ley, reiteró sus días de fiesta y estableció la familia como el lugar donde el amor de Dios y la obediencia serían ejemplares. En medio de visiones optimistas de prosperidad y una promesa aparentemente ilimitada, Dios hace algunas ominosas advertencias. En los primeros siete capítulos Él hizo siete advertencias contra enredarse en prácticas idolátricas.

En Deuteronomio 18:9-14 especificó las prácticas despreciables que debían evitarse, entre ellas el sacrificio de niños pasándolos por fuego, la brujería, la adivinación, el sortilegio, la magia, el consultar médiums y los espíritus de los muertos.

PRÁCTICAS DESPRECIABLES Y PELIGROSAS EN NUESTROS DÍAS

Francamente (y afortunadamente) la mayoría de estas prácticas no son el plato fuerte de nuestra cultura (salvo por ejemplos ocasionales de brujería y consulta de médiums). Pero antes que usted baje la guardia, deténgase y reflexione. Nuestra sociedad tiene cualidades altamente seductoras para ello. Es posible imaginar que ser un panameño es casi lo mismo que ser un cristiano; que una vida moral respetable y alabar a Dios son actividades intercambiables. Nosotros podríamos comenzar a creer que merecemos toda nuestra prosperidad y libertad y que somos libres de usarlas como se nos antoje.

Estamos criando a nuestros hijos en quizá la sociedad más materialista que ha existido en la historia. Muchos parecen creer que una gran prosperidad es evidencia de que somos aceptos ante Dios y que Dios cuida de forma especial a nuestra nación. La advertencia de Jesús en cuanto a que la vida no consiste en la abundancia de los bienes que se poseen (Lc. 12:15) se siente fuera de lugar cuando miramos todo el montón de cosas que hemos logrado y que nos dan felicidad.

Nuestra nación es extremadamente hedonista—muchas personas suponen que si algo es divertido o produce placer, entonces está justificado. La advertencia a no ser “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Tim. 3:4) ha sido ignorada. Después de todo, ¿acaso no podemos amar a los dos?

Relacionada con el hedonismo, hay un abrumador énfasis en la libertad sexual. En cuanto las hormonas comienzan a reaccionar, nuestro ambiente sexualmente cargado bombardea a nuestros hijos desde afuera, usándolos para dar una expresión ilícita de su deseo sexual. El llamado “Huid de la fornicación” (1 Cor. 6:18) está en total contradicción con la práctica moderna.

Fácil de pasar por alto es el escapismo. Muchos evitan el dolor y la angustia con drogas ilegales y aún con las prescritas. Escapar de la realidad por medio de la intoxicación es alto tan antiguo como la historia de Noé (Gén. 9:21). Los adolescentes frecuentemente escapan con el uso excesivo de juegos electrónicos o la incesante navegación por internet (Lewis, 123-36), reemplazando la actividad productiva con la pasividad de ver televisión (Lewis, 28-03), la adicción a todo tipo de deportes, o las horas que pasan recorriendo un mal como pasatiempo. El llamado de Pablo a ser sabio “aprovechando bien el tiempo” (Ef. 5:16) no da en el blanco cuando el cerebro está dominado por las actividades escapistas.

Quizá usted piense que las prácticas despreciables descritas en Deuteronomio 18:9-14 parecen tratar cosas diferentes a las cuatro que he enumerado. Pero creo tanto que la  Escritura como la consideración práctica revelarán que, si no se les presta la debida atención, estas cuatro prácticas nos llevarán en una espiral descendente hasta la bancarrota espiritual y finalmente a la muerte eterna (Ro. 6:23).

Materialismo: el pecado respetable

Disfrutar la recompensa de tu trabajo es admirable. Pero eso también puede degenerar fácilmente en un materialismo peligroso espiritualmente. Por fuera aparente respetabilidad, pero por dentro se convierte en una enfermedad traicionera que crece sin que se note pero con efectos graves. Jesús advirtió puntualmente acerca de “el engaño de las riquezas” (Mat. 13:22) y la manera en la que éste destruye los efectos positivos de la palabra de Dios.

Debemos ser cuidadosos en cuanto a lo que nuestros estilos de vida comunican a nuestros hijos. Debemos intencionalmente enseñarles y demostrarles las palabras de Hebreos 13:5, “Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis”. Una de las mejores maneras de cumplir esto es permitirles ver cómo generosamente nosotros compartimos con otros las cosas que tenemos. Que nuestros hijos sepan con cuánto contribuimos a la obra de la iglesia y por qué. Involucrarlos en las acciones donde usted provea para las necesidades de los demás. Ayudarlos a desarrollarse como adultos que no atesoran cosas para sí mismo sino que son “rico[s] para con Dios” (Lc. 12:21).

Exhorto a los padres a que se sienten con sus hijos y estudien 1 Tim. 6:6-19. Allí ellos pueden aprender a evitar la codicia y a estar contentos con la satisfacción de sus necesidades. Allí aprenderán de Dios acerca de los inconvenientes de permitir que los bienes materiales se pongan por encima de las relaciones. Y allí aprenderán a no amontonar para sí mismos sino compartir lo que tienen con los que pasan necesidad y así disfrutar la vida que sí es vida.

Hedonismo: ¡Es que es tan divertido!

Es común que un grupo de jóvenes se burlen sin misericordia de un compañero de clase sólo por la risa que eso les produce. Que algo sea agradable no lo hace justificable. Debemos practicar tolerancia cero con este tipo de conducta porque esta se enfrenta a muchos principios dados por Dios, incluyendo “El amor no hace mal al prójimo” (Ro. 13:10). Nuestra cultura está demasiado orientada a la búsqueda del placer. Con ese énfasis en la rumba nos parecemos a aquellos que Pedro describía cuando dijo, “que tienen por delicia el gozar de deleites cada día” (2 Pe. 2:13).

Siempre se ha concluido que la caída de Roma se debió a que su gente estaba tan enamorada del placer y de la atmósfera del circo del Coliseo que se olvidaban a de sus responsabilidades (Jones, 316). Proverbios 21:17 insiste en que el “Hombre necesitado será el que ama el deleite… no se enriquecerá”. Jesús enseñó que quienes “son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida” no madurarán (Lc. 8:14). Si nuestra juventud debe convertirse en siervos de Dios productivos, debemos ayudarlos a anhelar metas más altas que la persecución del placer.

La inmoralidad sexual: el pecado personal

Nuestros hijos están siendo alimentados con mentiras de parte de aquellos que “se disfraza[n] como ángel de luz” (2 Cor. 11:14). Una mentira que ha sido repetida por muchos años es que Jesús no llamó al sexo antes del matrimonio algo pecaminoso sino que simplemente son los celosos moralistas de la iglesia los que lo condenan. En Mat. 15:19-20, Jesús dice, “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre…” La palabra que utilizó Jesús y que se traduce “fornicaciones” es la palabra griega porneía, la cual por definición incluye el sexo antes de matrimonio (Tenney, 601).

Otra mentira es que el sexo premarital no hace daño a nadie. Pero Dios advierte que el sexo ilícito es el único pecado que se comete contra el propio cuerpo (1 Cor. 6:18), y nos dice que cuando tenemos sexo con alguien, aun con una prostituta, nos hacemos un solo cuerpo con esa persona (1 Cor. 6:16). Esa intimidad está reservada únicamente para el matrimonio (Gén. 2:24; Ef. 5:31).

La pornografía ha alcanzado límites epidémicos (“adicción”). Debemos asistir con ayuda a  nuestros jóvenes en la batalla contra este destructivo mal. Esta se incluye en cada pasaje que condena la inmoralidad sexual (por ejemplo, 1 Cor. 6:9) y está señalada en la prohibición de Jesús acerca de la “codicia” (Mat. 5:27-28). Es adictiva (Irons, 7-21) y distorsionará el enfoque sexual de una persona de manera que la intimidad marital ordenada por Dios se hará difícil o hasta imposible.

Escapismo: el pecado de perder la vida

Voy a tratar este asunto muy brevemente. Deberíamos preocuparnos cuando nuestros hijos tienden a pasar mucho tiempo fuera en actividades no productivas que ningún beneficio traen. Pablo nos advierte en contra de la ociosidad (1 Tes. 5:14) y sugirió que se puede convertir en un hábito destructivo (1 Tes. 5:13). Nuestros hijos deberían ocuparse en ayudar con las necesidades y no sólo por su propio mundo interior (Filp. 2:4) y vivir sabiamente, aprovechando bien cada oportunidad (Col. 4:5)

¿CUÁN CAUTELOSOS DEBEMOS SER CUANDO ENTRENAMOS A NUESTROS HIJOS?
El profeta de Dios ya había reiterado el Decálogo entregado en el Sinaí por medio de la voz (Deut. 5:1-22). Les había dado el más grande de todos los mandamientos (Deut. 6:4; Mat. 22:37-38). Primero, ellos tenían los mandamientos de Dios en sus corazones y debían inculcarlos en sus hijos en cada paso de la vida (Deut. 6:4-9).

En Deuteronomio 18:9-14 él insiste en que ellos debían tomar medidas para evitar algunas prácticas despreciables específicas que prevalecían en la tierra prometida. Nosotros igualmente debemos identifica claramente y confrontar las influencias negativas que puedan devastar las vidas espirituales de nuestros hijos. Eli, el sacerdote, veía que sus hijos estaban haciendo mal pero Dios dice que “él no los ha estorbado” (1 Sam. 3:13). David sabía que su hijo, Adonías, estaba viviendo pecaminosamente pero nunca lo malhumoró preguntándole por lo menos: “¿Por qué haces así?” (1 Re. 1:6). Ellos sabían que sus hijos andaban terriblemente descarriados pero no hicieron algo para detenerlos. Es nuestro deber implementar la disciplina necesaria para eliminar estas prácticas de las vidas de nuestros hijos. Dios espera que refrenemos a nuestros hijos y aun que los estorbemos cuando algo que influye en ellos lo está haciendo peligrosamente. Es cierto que vivimos bajo la gracia, pero también lo es que recibiremos “mayor condenación” según las condiciones del Nuevo Pacto.

CONCLUSIÓN


Aquí está nuestro más grande desafío como padres—no se trata simplemente de proveer para las necesidades físicas y educativas de nuestros hijos, sino también entrenarles para vivir bajo la gracia de Dios donde ellos reciban la fuerza para vivir glorificando a Aquel que los creó. 


OBRAS CITADAS
“Addiction to porn destroying lives, Senate told: Experts compare effect on brain to that of heroin or crack cocaine.” Associated Press. 19 Nov. 2004. < http://www.msnbc.msn.com/ id/6525520/>. 29 Sept. 2006.

Irons, Richard, and Jennifer Schneider. “Differential Diagnosis of Addictive Sexual Disorders Using the DSM IV.” Sexual Addiction & Compulsivity, Vol. 3. 1996

Jones, A. H. M. “The later Roman Empire, 284-602.” Doctrina Jacobi nuper baptizati, 634 AD. Baltimore: John Hopkins, 1986.

Lewis, David, and Carley Dodd. Hooked on Hollywood. Nashville: Gaylor Multi-Media, 1996.


Pfeiffer, Charles F. Baker’s Bible Atlas. Grand Rapids: Baker, 1961. Tenney, Merrill C. Pictorial Dictionary of the Bible, Vol. 2. Grand Rapids: Zondervan, 1980.

domingo, 21 de febrero de 2016

¿Tienen los psíquicos "poderes reales"?

El título de esta lección parece estar en tensión con el texto bíblico. En primer lugar la pregunta no solamente pareciera ser “¿tienen poderes reales?” sino también, “¿Quiénes son estas personas que afirman tener estos poderes?” Así que, ¿cómo nos movemos de las implicaciones del texto al enfoque del título? Creo que nos movemos a través del entendimiento de por qué estas personas y sus prácticas eran una amenaza para la voluntad de Dios. Israel creía en sus poderes y por eso los usaban, pero ¿por qué?

En esta lección usaré la palabra “psíquico” para indicar más que sólo un lector de cartas del Tarot y bolas de cristal, sino a todos los que afirman una asociación con lo sobrenatural y las prácticas de la necromancia, brujería, y las llamadas “artes oscuras”.

DESEMPACANDO EL TEXTO

En Deuteronomio 18:9-14 Dios instruyó a Israel a no asociarse con los distintos tipos de prácticas sobrenaturales comunes entre los canaaneos. El texto está entre otros dos, 18:1-8 y 18:15-22, los cuales indican que la voluntad de Dios solamente debe discernirse por medio de los sacerdotes y profetas (Brown, 185). Deuteronomio 18:9-14 es el último de tres “códigos”, los primeros dos aparecen  en 17:14-20 y 18:1-8, para aquellos que representarán a Dios ante el pueblo y su conducta. En esos “códigos” se dan denuncias e instrucciones similares, pero en nuestro pasaje la denuncia consiste de una lista que no se encuentra en ninguna otra parte (Harper, 583-584).

La lista es una interesante variedad entre adivinaciones, necromancia y espiritismo encontrados dentro del  antiguo Oriente Medio y que representan lo que Dios llamó “abominaciones” y que eran violaciones de mandamientos tales como el de Levítico 20:27 (Pigoff, 435). El primero en la lista es el acto de hacer que sus hijos e hijas “pasaran por fuego”. Robert Alter escribe que no es claro si esto era un sacrificio de los hijos o un rito de dedicatoria pagano donde el niño era pasado brevemente por el fuego o sobre fuego con poco o ningún daño físico (Alter, 969). Sin embargo, sabemos de la muerte de niños en sacrificios a Moloc y tanto 2 Reyes 23:10 como Jeremías 32:35 usan la frase “pasar por el fuego”. Entonces, creo que es seguro asumir que esta “abominación” involucraba la muerte de los niños.

El término “hechicería” no es claro. Se puede referir a dibujar la suerte como método de adivinación (Maclaren, 18) o a alguien que es un “lector de encantos” (Alter, 969). Un ejemplo en la Escritura es la adivina de Endor (1 Sam. 28:7-10). Los términos “adivino” y “agorero” también son oscuros, pero pueden referirse a adivinar por medio de líquidos, tal como la copa de adivinación de José (Maclaren, 18-19). Los términos “hechicero” y “encantador” son similares y también pueden referirse a “magos”, “un hacedor de encantamientos” y/o “alguien que hace encantamientos o provee protección mágica contra otro”. Los últimos tres términos también son similares en su alcance (Maclaren, 19) y claramente se refieren a la necromancia (Alter, 969), lo cual es el uso de los espíritus de los muertos para revelar e influir en el futuro.

LA ABOMINACIÓN DE ESAS PRÁCTICAS

Israel tenía problemas con su lealtad. El mandamiento de Dios para ellos era “mantenerse sin mancha delante del Señor su Dios” y esto entraba en contraste con esas prácticas. Una de las expresiones más descaradas de la rebeldía e ignorancia de Israel fue el buscar ayuda de otras fuentes aparte de Dios. En  Israel había tres voces de Dios para el pueblo: los reyes, los sacerdotes y los profetas (Harper, 583). Ellos no dejaban de buscar el consejo “divino” pero lo buscaban entre lo que Dios llama “abominaciones”. Se contradecían porque “no se podía tener un amor perfecto a Dios y comunión con Él” si uno “está traficando con el diablo” (Alexander, 314). Sus vecinos tenían una gran confianza en las “artes oscuras”, consultando brujas y adivinos, así que Israel también tomó ese camino (Brown, 184). Así que, Deuteronomio 18:9-14 no solamente representa la advertencia de Dios contra esas prácticas, sino que también representa una de las muchas maneras en las cuales Israel violó los mandamientos de Dios.

Quizá el ejemplo bíblico más famoso de consultar lo prohibido está en 1 Samuel 28 cuando Saúl visitó a la adivina en Endor. El término “médium” (“espíritu de adivinación” en el RV60) se deriva del original ob, y usualmente se refiere a una “bruja” o “adivina”, una practicando de algún tipo de adivinación o necromancia. El relato se divide en cuatro partes: (1) El silencio de Dios contra Saúl, el acto de separar a Saúl del contacto con Dios (1 Sam. 28:3-7); (2) la sesión espiritista con la adivina, sus resultados, y las implicaciones del ocultamiento y la maldad (28:8-14); (3) el mensaje oscuro de Samuel para Saúl, las implicaciones de la desobediencia de Saúl, y el castigo de Dios (28:15-19); y (4) el relato del último alimento de Saúl, una ofrenda en sacrificio de parte de la adivina y el indicio simbólico de la inminente muerte de Saúl (28:20-25).

Es muy fácil ver esta narración como una afectación provocada por la abominación de la adivinación y la obra de una médium o intérprete de los muertos en una ciudad de Israel­—en este caso, con el rey mismo. Sin embargo, la historia emerge como una ironía pues tanto la adivina como el rey son presentados negativamente. La adivina era, por supuesto, una practicando de lo prohibido (comp. Lev. 19:31; 20:27), pero también lo era Saúl, quien había puesto una prohibición contra esas cosas (1 Sam. 28:9). Aunque la idea de ir a una “adivina” es una abominación, lo que Saúl hizo también fue una abominación y se cuenta como un ejemplo de la fascinación de Israel con lo que Dios condena.

ESAS “ABOMINACIONES” HOY

Una vez más, la pregunta que debemos hacernos no es solamente si los “psíquicos” tienen poderes reales sino ¿por qué la atracción hacia lo “psíquico” es tan poderosa? Ciertamente, los ejemplos abundan. Sir Arthur Conan Doyle, creador de “Sherlock Holmes”, estaba fascinado con la necromancia, y frecuentemente participaba de sesiones espiritistas. Harry Houdini, el ilusionista y artista del escape de la primera parte del Siglo Veinte, estuvo involucrado en el espiritismo en los últimos trece años de su vida. Los diarios están llenos con historias de lo sobrenatural y millones de personas leen sus indignantes afirmaciones. El cable y la televisión satelital presentan documentales y series acerca de casas embrujadas, la presencia de fantasmas y otros casos de asuntos sobrenaturales.
¿Acaso estamos fascinados con la repetición de Samantha en Mi Genio Favorita, o el creciente poder mágico de Harry Potter y sus amigos, las hazañas de Merlin como consejero del rey Arturo, o la magia de la trilogía del Señor de los Anillos? ¿Estamos violando Deuteronomio 18:9-14     cuando miramos y disfrutamos estas cosas? No lo creo, siempre que hemos estado conscientes de que lo mágico solamente existe en un mundo de fantasía y en la vívida imaginación, y que nada tiene que ver con la realidad. ¿Qué niño no ha crecido jugando a imitar a sus superhéroes e imitando sus poderes sobrenaturales?

Nuestra inquietud debe centrarse en las afirmaciones en el mundo real acerca de la lectura de cartas del Tarot, lecturas de las manos, y los que prometen fortunas por estos medios. Ni siquiera necesitamos mencionar el peligro y las prácticas antibíblicas de la Wicca, la versión moderna de la brujería, y otras organizaciones de magia y necromancia. Su existencia es un rechazo de los mandamientos de Dios (comp. Gál. 5:20). Ellos están en la misma categoría que las prácticas de Jezabel (2 Re. 9:22) y de la rebelde Judá (Miq. 5:2). Están condenados como Nahún condenó a Nínive como “amante de hechicerías” (Nah. 3:4). Afirman tener poderes que no tienen ahora ni tendrán jamás. Si “está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb. 9:27), ¿cómo puede alguien afirmar que es capaz de manipular el mundo de los muertos? Aquellos que afirman tener poder sobre la tumba y su contenido, y quienes suponen tener poderes sobrenaturales, violan la omnisciencia y omnipotencia del soberano Dios del cielo, pues estas cosas pertenecen a su sola potestad.

CONCLUSIÓN

He puesto una clara línea de separación entre la descripción de lo mágico y sobrenatural en la televisión y lo que reside en las afirmaciones y prácticas oscuras de los sacerdotes de la Wicca, de los médium, y otros practicantes de la necromancia y la magia oscura. El primero simplemente describe algo fantasioso y de la imaginación, mientras que el segundo clama poderes en la realidad.

¿Tienen “poderes reales” los psíquicos? Sí, lo tienen en el sentido de la fascinación que han logrado de parte de la sociedad moderna. Tienen el poder de convencer a los escépticos, y cínicos para que acudan a sus webs de engaño y fraude. Tienen el poder de reemplazar el poder de la madurez y el sentido común con un movimiento de la mano y una apuesta a la suerte. Su más grande error es el mismo expuesto en Deuteronomio 18:9-14, pues ellos sitúan a Dios como alguien que está después de ellos, o aun peor. Cuando la fe en la omnisciencia y omnipotencia de Dios debería ser suficiente, ellos animan a la gente a mirar el movimiento de sus manos con las cartas o al humo de sus tabacos, o a su bola de cristal o cualquier otro medio que cuenten para “leer” la suerte. Los “psíquicos” no tienen poder real en cuanto a poder manipular el mundo espiritual o influir en los pasos del futuro. Ellos son como la adivina de Endor quien lucraba por engañar. Ellos juegan con las emociones, los temores y la credulidad de una sociedad sin fe e ignorante.

Así que mire a Samantha hacer magia con su nariz en Mi Genio Favorita, y a las destrezas de Merlín o a la magia adolescente de Harry Potter y sus amigos. Nuestra preocupación debería empezar únicamente cuando ellos afirmen que eso es real. Tal es el caso con los participantes de Wicca y los médiums con sus sesiones de espiritismo, porque eso sí es peligro y abominación. Ellos practican lo que Dios condena y lo que solamente es prerrogativa de Dios hacer. Ellos mienten y estafan, y así engañan a los ingenuos y sin fe para involucrarse en su impiedad.

Obras Citadas

Alexander, W. L. Deuteronomy.The Pulpit Commentary. Vol. 3. Ed. H.D.M. Spence. New York: Funk and Wagnalls, 1950.

Alter, Robert. The Five Books of Moses. New York: Norton, 2004.

Brown, Raymond. The Message of Deuteronomy. Downers Grove: InterVarsity, 1993.

Harper, Andrew. “The Book of Deuteronomy.” The Expositor’s Bible. Vol. 1. Ed. W. Robertson Nicoll. Grand Rapids: Eerdmans, 1947.

Maclaren, Alexander. Expositions of Holy Scripture. Vol. 1. Grand Rapids: Eerdmans, 1952.


Pigoff, Susan M. “I Samuel 28: Saul and the Not So Wicked Witch of Endor.” Review and Expositor. 95 (1998): 435-44.

domingo, 31 de enero de 2016

La Soberanía de Dios

Webster define soberanía así: “supremacía en poder; superior en posición a todos los demás”. Una mejor definición para nosotros podría ser que la soberanía de Dios es “el control supremo basado en su naturaleza y su voluntad”. La Biblia está constantemente recordándonos la soberanía de Dios. “Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley” (Deut. 29:29). “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Ro. 11:33). Todas las cosas están bajo el gobierno y control de Dios, y nada sucede en este universo sin su dirección o permiso. Él es un Dios que hace, no solo algunas cosas, sino todas las cosas según el consejo de su voluntad (Ef. 1:11). El propósito de Dios es todo-inclusivo y nunca es frustrado (Isa. 46:11). Nada toma a nuestro Dios por sorpresa.

DEUTERONOMIO ES UN LIBRO ACERCA DE LA SOBERANÍA DE DIOS

El libro de Deuteronomio es una predicación de esta poderosa verdad para  Israel y para nosotros (comp. Ro. 15:4; 1  Cor. 10:6, 10). Deuteronomio es la guía y el resto de la Biblia continúa con esta poderosa doctrina.

·         Deuteronomio enseña que Dios es soberano sobre el universo entero (Deut. 4:39; 10:14, 17; comp. Sal. 103:19; Ro. 8:28; Ef. 1:11).

·         Dios es soberano sobre toda la naturaleza (Deut. 7:12-16; 11:3-4; 13-17; Sal. 135:6-7; Mat. 5:45; 6:25-30).

·         Dios es soberano sobre los ídolos, los ángeles y sobre Satanás (Deut. 5:14, 15; 18:9-14; Sal. 103:20-21; Job 1:12).

·         Dios es soberano sobre las naciones (Deut. 2:9-9-25; 20:1-4; 30-37; 32:8, 39-43; Sal. 47:7-9; Dan. 2:20-21; 4:34-35).

·         Dios es soberano sobre los seres humanos (Deut. 1:6-8, 17, 35; 1 Sam. 2:6-7; Gál. 1:15-16).

·         Dios es soberano sobre los animales (Deut. 7:12-16; Deut. 28-34; Sal. 104:21-30; 1 Re. 17:4-6).

·         Dios es soberano sobre los procesos naturales y los accidentes (Deut. 8:3-4, 18; Prov. 16:33; Mat. 10:29; Jn. 1:7).

·         Dios es soberano sobre los actos libres de los hombres (Duet. 1:6-8; 4:25-31; 10:22; 19:8-10; 25:13-18; Éx. 3:21; 12:25-36; Ez. 7:27).

·         Dios es soberano sobre los actos pecaminosos y malvados de los hombres (Gén. 45:5; 50:20; Deut. 1:35-39; 2:30-35; 3:21-22; 4:25-31; 7:1-5; 2 Sam. 24:1; 1 Crón. 21:1).

·         Dios es soberano sobre los verdaderos y sobre los falsos profetas (Deut. 18:15-22).

En la conclusión de Deuteronomio (cap. 28-34), Moisés nuevamente explica que Dios es soberano sobre cada una de las categorías de la lista anterior.



SOBERANÍA, ATEÍSMO Y CALVINISMO

El punto de vista bíblico en cuanto a la soberanía de Dios está en desacuerdo con el ateísmo y con el calvinismo. El ateo cree que la existencia del pecado y el sufrimiento humano hace imposible que exista ese Dios de la Biblia que es infinito en bondad y poder. Ellos creen que  Dios tiene deficiencia en bondad o en poder y que por eso existe el mal. Aceptar esto negaría la soberanía de Dios y por consiguiente su existencia.

El punto de vista calvinista es cercano al punto de vista ateo. “Decir que Cristo murió por todos sin excepción y sin embargo admitir que solamente unos cuantos son salvos parecería acusar a Dios de injusticia o que los sufrimientos de Cristo no fueron suficientes para lograr liberación por medio de ellos, o insinuar una deficiencia de poder, o de buena voluntad, para procesar su propósito de perfección… la voluntad es esa facultad del alma por medio de la cual elegimos libremente o rechazamos cosas. Es la naturaleza de la voluntad hacer libremente lo que esta desea. (Pero) es incapaz, hasta que sea cambiada por la gracia, a moverse por sí misma hacia Dios; y la voluntad que es buena, lo es por la gracia; nuestro ser es libre para cometer actos pecaminosos, pero atado en cuanto a hacer buenas obras, hasta que es liberado por Cristo (Sal. 110:3; Jn. 8:36; Jn. 15:5; Filp. 2:13). (Cruden, citado en “La Soberanía Indisputable de Dios”).

La creencia calvinista de que los hombres no son libres sino que están determinados por Dios juega un papel similar al que juega el ateo (comp. Flew, 9, 10). Este punto de vista hace que Dios sea un monstruo que creó a los hombres sin libertad y luego los castiga eternamente por sus pecados.

DIOS TIENE LA CAPACIDAD DE CONOCER LO QUE EL HOMBRE LIBREMENTE ELEGIRÁ HACER

Asombrosamente, la libertad del hombre es la base de la respuesta tanto para el calvinismo como para el ateísmo. Dios tiene la capacidad para saber lo que el hombre libremente decidirá hacer. El ateo debe aceptar esto basado en la definición de Dios. Esta clase de conocimiento ha sido un problema para los calvinistas y también para algunos de nuestros hermanos. T. W. Brents creía que Dios limitaba su pre conocimiento para no poder conocer si los hombres van a pecar (96). Si Dios limitara su pre conocimiento, entonces Él estaría limitado en todos sus demás atributos. Él no sería Dios; no sería soberano. James D. Bales reunió una lista de dieciocho atributos que la humanidad no perdió en La Caída (20-21). Muchos de estos atributos son importantes para nuestra discusión porque ellos demuestran que la soberanía y el pre conocimiento de Dios no mitigan la libertad y la responsabilidad del hombre. Aun después que el pecado entró al mundo, el hombre era consciente de sí mismo, de otros, de Dios, y del mundo externo (Gén. 3:7-10). El hombre aún era un ser responsable, antes y después (Gén. 2:16-17; 3:9-19). El hombre aún estaba bajo la ley de Dios (Gén. 2:16; 3:2, 11, 15-17). El hombre aún creía en Dios y estaba en comunicación con Él después que pecó (Gén. 2:16, 18; 3:8-19). Dios apeló a la mente del hombre tanto antes como después de La Caída (2:15-16; 3:8-19). Estos pasajes prueban que el pecado y la caída del hombre  no niegan la libertad humana o la soberanía y el pre conocimiento de Dios.


LECCIONES PARA APRENDER: EL PELIGRO DE NEGAR LA SOBERANÍA DE DIOS

Moisés, Josué y los otros 11 espías demostraron los peligros de entender o no entender  el significado de la soberanía de Dios.

(1) Moisés golpeó la roca en lugar de hablarle (Núm. 20:11-13). Dios describe su pecado, “porque me fuisteis infieles… porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel” (Deut, 32:48-52). El pecado de Moisés demostró que por un breve momento él desechó la soberanía de Dios y actuó según sus propios impulsos. Los diez espías, después de ser testigos de la soberanía y del poder de Dios en las Diez Plagas y en los milagros que los liberaron de Egipto, fracasaron en entender la soberanía de Jehová sobre los elementos del desierto y sobre todas las demás naciones en Palestina. ¿Cuán importante es la verdad de Dios para nuestras vidas? A Moisés no se le permitió entrar a la tierra prometida y toda una generación de los hijos de Israel que fue liberada por Dios de la esclavitud murió en el desierto de Cades-Barnea.

(2) Moisés y Josué fueron grandemente bendecidos por creer en la soberanía de Dios. A Moisés se le permitió a los ochenta años de edad dirigir al pueblo de Israel fuera de Egipto. Aunque él era tímido y cobarde, Dios lo usó como uno de los líderes más poderosos de todos los tiempos y luego lo usó para registrar el Pentateuco. Josué fue bendecido luego de que animara a Israel a confiar en la soberanía de Dios para tomar posesión de la tierra. Él y Caleb fueron los únicos dos hombres que Dios permitió que disfrutaran la tierra prometida una generación después. Josué capítulo 1 y el 23 nos revelan la maravillosa confianza de Josué en la soberanía de Dios y en la ayuda y ánimo que Dios le dio durante toda su vida.

(3) Pablo, en Romanos 8:28, nos recuerda esta gran verdad acerca de nuestro Dios. Todas las cosas no son buenas; todas las cosas no ayudan a bien; pero todas las cosas cooperan para bien si amamos, confiamos y obedecemos a Dios —creyendo en su soberanía.

Thomas Warren enseñó estas verdades cuando se dedicó a estudiar temas bíblicos difíciles. Él nos recuerda que este mundo es de Dios; nosotros no lo hicimos, no somos responsables de su mantenimiento, y no decidiremos su destino. Nuestra responsabilidad es simplemente estudiar y obedecer y entonces confiar en Dios. Él nos expone los tres aspectos de la voluntad de Dios. Dios tuvo una voluntad ideal —Él no quiere que ninguno se pierda (2 Pe. 3:9). Los hombres han fallado a la voluntad ideal de Dios pecando. Dios tiene una voluntad circunstancial/condicional —Él nos ha provisto de una manera para salvarnos de nuestros pecados (Jn. 3:16; Mr. 16:15-16). Nosotros podemos fallar a la voluntad condicional de Dios si rehusamos creer en Cristo. Pero la voluntad final de Dios es castigar a los malvados y recompensar a los justos (Mat. 25:31-46; 2 Tes. 1:7-9). Nadie puede fallarle a la voluntad final de Dios. Dios es soberano.

Obras Citadas

Bales, James D. Genesis.The Living Messages of the Old Testament.

Ed. Garland Elkins and Thomas B. Warren. Jonesboro: National Christian, 1977.

Brents, T. W. The Gospel Plan of Salvation. Nashville, Gospel Advocate, 1957.

Flew, Anthony. God & Philosophy. New York: Dell, 1966. “God’s Indisputable Sovereignty.” 
<http://www.the-highway.com/God%27s_ Indisputable_ Sovereignty.html> Sept. 2006.

Weatherhead, Leslie D. The Will of God. Nashville: Abingdon, 1972.

La Guerra Santa según la Biblia

Después de cuatro décadas como nómadas y del fallecimiento de una generación incrédula, una nueva generación de israelitas se encontraba de pie al oeste del Jordán esperando por entrar a su tan anhelado nuevo hogar. Con las palabras divinamente inspiradas de Deuteronomio, Moisés los preparó para ser el pueblo que Dios se propuso que fueran en el lugar que Él había prometido a sus ancestros.
Sin embargo, esas tierras ya estaban ocupadas por naciones más numerosas y poderosas (Deut. 7:1) además de otros poderes regionales que mantenían su mirada atenta a este cruce estratégico continental. El conflicto era inevitable. No se extrañe que Deuteronomio 20 inicie así, “Cuando salgas a la batalla contra tus enemigos…”

DEUTERONOMIO 20

El recurso humano

Israel se involucraría en la guerra con instrucciones, ayudas y garantías divinas (Deut. 20:1-4). Dios los conduciría a la victoria sobre sus distantes adversarios y sobre las ciudades de la tierra prometida (Deut. 20:13, 14, 16). El sacerdote apelaría al coraje de las tropas con palabras de fe, resaltando la naturaleza sagrada de las invasiones (Deut. 20:2-4).

Mucho antes, Moisés había asegurado a sus temerosos compatriotas, “El Señor peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis callados” (Éx. 14:14). El mismo mar que se abrió como una puerta de libertad para los israelitas se cerró como una tumba de agua sobre el ejército egipcio. La canción que surgió por este motivo proclamaba, “Canto al Señor porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete ha arrojado al mar… El Señor es fuerte guerrero; el Señor es su nombre” (Éx. 15:1, 3). Cuando estos peregrinos estaban muy cansados y débiles en la subsiguiente travesía, fueron atacados. Esta vez se eligieron hombres entre todo Israel para responder activamente en batalla. Mientras Moisés sostenía en alto sus manos, ellos derrotaban a los amalecitas con la espada. El Señor prometió borrar la memoria de Amalec y que haría guerra contra ellos de generación en generación (Éx. 17:14-16). Dios exhortó a Israel a no olvidar la crueldad de los amalecitas (Deut. 25:17-19).

La nueva generación de israelitas ya había conocido la victoria en los enfrentamientos contra Sehón y Og, obstinados reyes de los amorreos y de Basán (Núm. 21:21-35). Los recordatorios de aquellos triunfos concedidos por Dios avivaban el fuego inspirador de Moisés en Deuteronomio (1:4; 2; 3; 29:7-8; 31:4). Israel necesitaba no temer, “porque el Señor vuestro Dios es el que va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros” (Deut. 20:4).

Dios prometió guiar a los israelitas en sus batallas, pero no todo hombre prestaría servicio militar (Deut. 20:5-8). Los propietarios de una nueva viña, los propietarios de una casa nueva y los recién casados (comp. Deut. 24:5) estaban exonerados. Dios pretendía asegurar la tierra para su pueblo de manera que estos pudieran servirle sosegadamente, disfrutando aquella normalidad que estos hombres estaban a punto de comenzar a experimentar. Ni Dios quería a los cobardes que pudieran contagiar a sus filas (Deut. 20:9). “Prácticamente esta excepción podía ser utilizada por cualquier soldado que no quisiera pelear, de modo que sólo la propia conciencia, el coraje y especialmente la fe podían impulsarlo a uno a enrolarse en las campañas de la milicia de Israel (Woods, 256).

Estrategias

Dios ordenó la diplomacia como “Plan A” cuando se acercaran a las puertas de las ciudades distantes. Los términos de paz aceptados resultarían en servidumbre de éstas hacia los israelitas. Contra las ciudades que se resistieran, Dios orquestaría un asedio israelita victorioso. Todos sus varones debían morir a espada mientras que todos y todo lo demás quedaría como botín para Israel (Deut. 20:10-15).

La negociación no formaba parte del plan de Dios para conquistar la tierra prometida. “Pero en las ciudades de estos pueblos que el Señor tu Dios te da en heredad, no dejarás con vida nada que respire, sino que los destruirás por completo…” (Deut. 20:16-17). Una instrucción previa ordenaba estrictamente, “No harás alianza con ellos ni te apiadarás de ellos” (Deut. 7:2; comp. 7:16). ¿Por qué? Primeramente, esto no solamente eran enemigos de Israel, sino enemigos de Dios. Su carácter depravado había rebasado el límite de la tolerancia (Gén. 15:16; Deut. 9:5). Segundo, la táctica era profiláctica, “para que ellos no os enseñen a imitar todas las abominaciones que ellos han hecho con sus dioses y no pequéis contra el Señor vuestro Dios” (Deut. 20:18).

Aun cuando estos enemigos iban a sentir toda la potencia del juicio de Dios por medio de los israelitas, los árboles que proveyeran alimento en sus alrededores debían ser protegidos (Deut. 20:19-20). Dios cuidaba la tierra (Deut. 11:11-12). Otras regulaciones militares específicas tenían el objeto de regular el trato hacia las prisioneras (Deut. 21:10-14) y con respecto a la higiene y santidad del campamento (Deut. 23:9-14).

Atrocidad y Genocidio

Muchos con una mentalidad moderna quedan en shock al percibir la atrocidad ordenada en  Deuteronomio 20. No dejar con vida nada que respire, sino “que los destruirás por completo” (tanto mujeres como niños y aun los animales) hoy día recibe el nombre abominable de “genocidio”. La palabra hebrea es herem, y muchos eruditos bíblicos la llaman “la proscripción”. El herem enviaba un mensaje alto y claro acerca de la santidad de Dios y del pecado humano. El herem no era ordenado arbitrariamente sino que se enfocaba en las sociedades extremadamente pecaminosas con las cuales Dios había mostrado mucha paciencia.

Las personas no serían destruidas por causa de su raza. Aunque Deuteronomio 20 contempla a Israel como el brazo de la justicia de Dios contra otras naciones, Dios también ordenó que Israel volviera su espada contra sus propias ciudades y sus ciudadanos  si éstos se convertían en idólatras (Deut. 13:12-18; 17:2-7). Dios pelearía a favor o en contra de Israel (Deut. 28:7, 25). Su bendición requería obediencia de parte de ellos.

La subsiguiente historia del Antiguo Testamento muestra que Israel fue errático en llevar a cabo el juicio de Dios tal como se les había instruido. Este fracaso dejó a Israel vulnerable a las influencias paganas de las cuales Dios quería mantenerlos alejados. Ellos se volvieron como las ciudades que continuaban a su alrededor y eventualmente se dividieron. Los dos reinos titubearon por largo tiempo, pero la infatuación con la religión falsa que los rodeaba condujo a la caída tanto del uno como del otro, tal como Dios les había advertido. Ellos habían perdido su admiración por Dios.


¿QUÉ HA CAMBIADO?

Dentro de esta ley reiterada (Deut. 1:5) y pacto reconfirmado (Deut. 29:1), Moisés declaró: “Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oiréis” (Deut. 18:15). Ese profeta es Jesús, quien clavó las demandas de la ley de Moisés en la cruz (Col. 2:14) y ahora es Mediador de un Nuevo Pacto (Heb. 9:15). Por esta y otras razones, “el caso para la guerra no puede defenderse utilizando solamente el precedente del Antiguo Testamento” (Rae, 246).

Ninguna nación política de hoy recibe órdenes verbales directamente de parte de Dios para ir a la guerra. Dios ha dicho lo que Él quería decir a los hombres modernos a través de su Hijo Jesús (Heb. 1:2) en la fe entregada una sola vez (Jud. 3). Ni siquiera el Israel del Antiguo Testamento tenía autorización total para hacer guerra. Los infieles israelitas fracasaron en pelear cuando Dios se los ordenó (Deut. 1:19-33) y fueron derrotados en batalla cuando actuaron en contra de las instrucciones divinas (Deut. 1:41-46).

“El antiguo Israel era iglesia y estado, un status que no puede ser reclamado por ninguna otra entidad política” (citado por Cowles, 201). Ni los Estados Unidos ni el moderno Estado de Israel, ni alguna otra nación es una verdadera teocracia ni juega un rol especial en el plan de Dios.

En Deuteronomio, la guerra en la cual los israelitas cooperarían con Dios contra los pueblos que ocupaban Palestina tenía objetivos muy específicos: administración de castigo y cumplimiento de promesas. “No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones el Señor tu Dios las expulsa de delante de ti, para confirmar el pacto que el Señor juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob” (Deut. 9:5). El pueblo de Dios hoy forma una nación santa cuya misión es la proclamación de Su excelencia (1 Pe. 2:9). El reino de nuestro Señor está involucrado en una guerra, pero esa guerra es espiritual y se pelea mediante cosas espirituales (Jn. 18:36; 2 Cor. 10:3-6).

¿QUÉ NO HA CAMBIADO?

Dios no ha cambiado (Mal. 3:6; Stgo. 1:17). El Dios que ama hoy (1 Jn. 4:8) siempre ha sido el  Dios de amor. Él nunca ha sentido placer con la muerte del malo, en cambio siempre esperó mucho para que se arrepintiera (Ez. 33:11). Sin embargo, Él sabe cuándo es tiempo de venganza. Dios fue un guerrero en la historia primitiva de Israel (Ex. 15:3); el Señor está en guerra contra el pecado y sus perpetradores hasta el final de los tiempos (Apo. 19-20). No hagamos pequeño a nuestro altísimo y santo Dios.

El mundo no ha cambiado­­—aún necesitamos un gobierno civil que empuñe la espada. Aunque aniquilar pueblos completos como lo hacia Israel hoy sería presunción, hacer lo que es necesario para luchar contra las agresiones de los malvados y aplicar la venganza adecuada aún son tarea que Dios ha entregado el gobierno (Jn. 19:10-11; Hch. 25:11; Ro. 13:1, 4).

La guerra no es un mal intrínseco, aunque siempre es trágica desde una perspectiva u otra. La vida humana siempre ha sido sagrada (Gén. 1:26-27; 9:6). Aquellos que se atrevan a jugar con la vida de otros serán condenados para siempre (Gén. 4:10; Deut. 5:17; Apo. 21:8) pero el Antiguo Testamento autorizaba la actividad letal que se dirigía apropiadamente a las ofensas graves. La guerra nunca fue meramente una concesión divina para la crueldad humana. Dios dirigió a su pueblo en la guerra, y la fe de muchos que conquistaron reinos, hicieron justicia, se hicieron poderosos en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros era ejemplar (Heb. 11:33-34).

Ningún cristiano tiene el permiso de Dios para ser su propio vengador (Ro. 12:17-21). Pero él o ella puede elegir servir a Dios como un agente autorizado del gobierno, un ministro que promueva el bien y que lleve la ira de Dios sobre los malhechores (Ro. 13:4). Pablo hacía ilustraciones igual con un soldado que con un atleta o un agricultor (2 Tim. 2:3-6). ¿Puede imaginarse al Señor titulándose a Sí mismo un “guerrero” pero siendo esto algo pecaminoso? El Nuevo Testamento no ofrece ninguna instrucción explícita en cuanto a que la fe y el arrepentimiento de un agente gubernamental demande que éste abandone su trabajo, sino que lo ejerza con el más grande reconocimiento de responsabilidad hacia Dios y los demás (Lc. 3:14; 7:2-9; 19:8-10; Hch. 10; 16:27-34). Los hijos de Dios verdaderamente son ciudadanos de doble status (Filp. 3:20; Hch. 22:27-29). Por supuesto que, cuando el servicio a Dios y el servicio al Estado entran en conflicto, la única elección del cristiano es clara (Hch. 5:29).

CONCLUSIÓN

La Biblia no sustenta ningún extremo, ni el activismo a favor de la guerra ni el pacifismo radical pero señala hacia el “selectivismo” juicioso (Anderson, 210). “Cada guerra particular debe ser juzgada en cuanto a su justicia por los cristianos quienes “los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal” (Heb. 5:14), (Shelly, 138). Deberíamos preferir, procurar y orar por la paz (Mat. 5:9; Ro. 12:18; 1 Tim. 2:1-6). La paz más ideal para los propósitos de Dios pudiera encontrarse algunas veces en el despertar de un conflicto que ve la justicia forzosamente servida.

Prohibir a un cristiano llevar la espada autorizada por el gobierno, o empujar a alguien que la objeta a conciencia a tomarla son igualmente opciones sin sabiduría. Deuteronomio 20 resalta la obra indispensable que debe hacerse y convocó a los hombres israelitas a hacerla en cooperación con Dios. Sin embargo no se obligaba a nadie a participar. ¿Tendrá Romanos 14 mucho que decir acerca de la inquietud moderna por el tema de la guerra? “Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua” (Ro. 14:19).


Obras Citadas

Anderson, Kerby. Christian Ethics in Plain Language. Nashville: Nelson, 2005.

Cowles, C. S., Eugene Merrill, Daniel Gard and Tremper Longman III. Show Them No Mercy: Four Views on God and Canaanite Genocide. Grand Rapids: Zondervan, 2003.

Lectureship of Harding Graduate School of Religion. Ed. Bill Flatt, Thomas B. Warren, and W. B. West, Jr. Nashville: Gospel Advocate, 1972.

Rae, Scott B. Moral Choices: An Introduction to Ethics. 2nd ed. Grand Rapids: Zondervan, 2000.

Shelly, Rubel. “What The Bible Teaches about War.” What The Bible Teaches. 1972 Bible.

Woods, Clyde M. Leviticus–Numbers–Deuteronomy. Shreveport: Lambert, 1974.