jueves, 10 de septiembre de 2015

LAS IGLESIAS DEBERÍAN RECONSIDERAR EL SALARIO DE SUS PREDICADORES


por Wes McAdams

Para la mayoría de los miembros de la iglesia, el trabajo que el predicador hace y el dinero que lleva a casa son, sin lugar a dudas, los más apropiados. "Nuestro predicador 'ministra' a esta congregación -- visita a los enfermos, aconseja, evangeliza, predica, enseña, escribe artículos para el boletín, y hace cualquier cosa que le pidamos -- y le pagamos para que haga estas cosas por nosotros". Esta es la manera en la que la mayoría de los cristianos piensa con respecto a su predicador y al "salario" que le pagan. ¿Pero es esa realmente la manera en la que deberíamos pensar? Personalmente no lo creo. Aquí hay algunas cosas a considerar:

1. DEJE DE PENSAR QUE SU PREDICADOR LO HACE PORQUE "LE PAGAN".

La mayoría de los miembros de la iglesia piensa que el predicador hace las cosas porque ellos le pagan para que las haga. Creo que estamos pensando al revés de como son las cosas. Es mucho más sano pensar de esta manera: "El predicador ha comprometido su vida a la predicación del evangelio y nosotros le apoyamos en el aspecto financiero en esa labor". Él no lo hace porque usted le da dinero, usted le da dinero por lo que él hace.

El apóstol Pablo renunció a su derecho de recibir apoyo financiero de la mayoría de las congregaciones con las cuales trabajó, pero él afirmaba que las congregaciones deberían sostener a quienes esparcen el evangelio (1 Corintios 9). La iglesia debería sustentar a cuantos predicadores, evangelistas, maestros y misioneros pueda sostener. Cuando los hombres desean dedicar sus vidas a la proclamación del evangelio, nosotros deberíamos considerar como nuestro privilegio y gozo el poder apoyarles.

2. DEJE DE PENSAR QUE SU PREDICADOR LO HACE "PARA" USTED.

La mayoría de los miembros de la iglesia piensan en su predicador como el "ministro" (sirviente) de la congregación. Consideran que su trabajo es aconsejar, visitar, evangelizar, enseñar, etc. Y sea que lo admitamos o no, mucho de esto proviene del hecho de que no queremos hacer esta obra, o creemos que no tenemos tiempo, así que LO CONTRATAMOS.

Decimos cosas como: "No sé cómo haría ni tengo tiempo para visitar a todos esos enfermos en el hospital, ni para tener estudios bíblicos con los perdidos, es por eso que pagamos un ministro para que se encargue de eso". Pero no podríamos estar más equivocados que con esta forma de pensar.

No hay absolutamente NINGÚN PRECEDENTE BÍBLICO EN CUANTO A CONTRATAR A ALGUIEN PARA QUE HAGA LA OBRA QUE NOSOTROS DEBERÍAMOS HACER. De hecho, una de las tareas del evangelista es "capacitar" a los miembros para "la obra del ministerio" (Ef. 4:11-12). No es que contratas a un predicador para aliviarte de la obra; se sostiene a un predicador, en parte, para ayudar al equipo y para motivarte a hacer la obra que deberías estar haciendo.

Claro que él ayuda al equipo al poner un buen ejemplo de servicio, pero si empieza a hacer la obra POR usted, entonces lo que está haciendo es empoderándote en lugar de equiparte. Y muchos predicadores necesitan dejar de empoderar a la congregación y comenzar a equipar a la congregación.

3. DEJE DE PENSAR QUE EL PREDICADOR "LE PERTENECE".

Cuando una congregación piensa en su predicador como un empleado, es porque han entendido erróneamente la situación. El predicador no trabaja para la congregación. Él no trabaja para los ancianos. Él trabaja para el Señor. Pablo llama a los predicadores, "el siervo del Señor" (2 Timoteo 2:24); y eso es lo que un predicador es, el siervo del Señor, no NUESTRO siervo.

Claro que el predicador y su obra están bajo la supervisión de los ancianos locales. El anciano pastorea al predicador, ayudándole a balancear la obra que hace específicamente para la congregación local y la que hace para el reino. Un predicador y su ancianato pueden decidir que su obra necesita enfocarse primordialmente --y hasta exclusivamente-- en la obra local; mientras que otro predicador y su ancianato pueden decidir enfocar las habilidades y destrezas de éste en el esparcimiento del evangelio por todo el mundo.

Es una vergüenza cuando una congregación cree que su predicador les pertenece y se resienten por el tiempo que él utiliza para predicar y enseñar en otros lugares. Deberían darse cuenta que es gracias a su apoyo financiero que él puede predicar el evangelio en lugares que no podrían sostenerlo ni a él ni algún otro, a tiempo completo.

4. PERMITA QUE SU PREDICADOR "SEA UN MIEMBRO" DE SU CONGREGACIÓN.

Cuando las congregaciones piensan en su predicador como un empleado que les pertenece, con frecuencia fallan en tratarle como a un miembro más de la congregación. Nuestros predicadores necesitan la oportunidad de tener comunión, aprender, confesar sus pecados y aflicciones, animarse, ser aconsejado, y todos aquellos beneficios que nosotros disfrutamos como familia en la congregación. Pero solemos negarles esas bendiciones porque los tratamos como a nuestros empleados.

Considere algunas de estas preguntas.

*¿Está su predicador enseñando clases bíblicas siempre, o le permiten a veces ser un estudiante más?

*¿Está usted siempre esperando que su predicador sea quien le enseñe, aconseje y anime, o a veces usted presta su oído para escucharle?

*¿Su predicador se siente como un miembro de la congregación o como un empleado?

CONCLUSIÓN

A resumidas cuenta el punto es, tenemos que dejar de pensar que el dinero que damos a nuestros predicadores los tiene endeudados con nosotros. En lugar de eso, debemos sentirnos privilegiados de poder sostener a hombres que fiel y diligentemente predican el mensaje del evangelio en nuestra congregación y en otras partes. Debemos animarles en toda forma posible en la obra que ellos hacen.

Por favor compartan en sus muros

domingo, 9 de agosto de 2015

Servidores o serviles. Latinoamérica clama por justicia espiritual y laboral


Servil. “Bajo, rastrero, indigno, despreciable…” Así son las opciones en Sinónimos de Word 2013 de la palabra “servil”. Esto no se parece a lo que Dios nos ha pedido; Dios espera que seamos “servidores”, dignos y admirables administradores de sus bienes, “especialmente con los de la familia de la fe” (Gál. 6:10). El cristianismo se trata de servicio, no de servilismo. “Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gál. 1:10).

¿Qué es servilismo? ¿Quiénes son los serviles? Antes de aventurarme a dar una definición y aplicación actuales, quizá sea de ayuda recordar quiénes eran los serviles en los tiempos del Nuevo Testamento. Quienes eran las personas encargadas de imponer un orden abusivo en nombre del pueblo extranjero que los puso en el poder por encima de sus hermanos: Los publicanos o recaudadores de impuestos. Las sanguijuelas judías, en una gran mayoría, que succionaban a sus compatriotas para enriquecer al Imperio y a sí mismos. ¡Los serviles por excelencia! Venían de ser esclavos o de estratos muy bajos de la sociedad. Algunos de ellos eran muy onerosos y elevaban la tasa de impuestos a dos veces y media y al cinco por ciento, y en artículos de lujo incluso del doce y medio por ciento. Estos hombres, amparados por el poder gobernante y la clase rica que supervisaba y se beneficiaba de su labor, inventaban valores de las propiedades para cobrar un más alto cargo fiscal o aun adelantaban la fecha de cobro de manera que cuando el atropellado pueblo no pudiera pagar, aplicar inmediatamente intereses usureros y desmedidos. El pueblo los odiaba, los rabinos los consideraban como seres excomulgados y sólo Roma los veneraba. Cicerón llegó a hablar de ellos como “el adorno del estado y la fuerza de la República” y en otra parte como “los más rectos y respetados de los hombres” (Edersheim, 74-79).

Contra sus continuos abusos no había opción de lograr justicia ante los tribunales superiores pues todos aquellos en posiciones de autoridad recibían de ellos muchos de sus grandes beneficios. Proteger a los publicanos era un asunto de estado, una prioridad, y éstos arropados por semejante respaldo, hacían como querían y lo más lamentable, en perjuicio de su propia nación. Eran intermediarios implacables que no sentían ningún respeto por la dignidad humana, sin consideración hacia los menos favorecidos, y que eran capaces de vender como esclavos a la mujer y a los hijos de un deudor con tal de que éste pagara su inexistente deuda (Mat. 18:25). ¿Le suena familiar?

Hoy día, en la extensa y “pobre” Latinoamérica, donde el evangelio se ha extendido hasta rincones insospechados, [gracias a la hermosa labor de predicación ideada y patrocinada por iglesias de otras latitudes privilegiadas económicamente], y en donde se ha multiplicado el número de obreros que trabajan en estas nuevas congregaciones, se ha hecho necesaria la presencia y funciones de intermediarios que han sido nombrados en cada país para “servir” a su pueblo, representándolos ante aquellos que no los conocen y que no hablan su idioma. La labor de estos hermanos es clave para la obtención de muchos objetivos que deben ayudar a la obra a crecer. Ellos deben, entre otras cosas: solicitar campañas evangelísticas, promover obreros para que éstos reciban sostenimiento y se dediquen por completo al ministerio, pedir apoyo con la compra de terrenos o arriendo de locales para adorar, recomendar estudiantes para la escuela bíblica, solicitar ayuda para la compra de vehículos de trabajo y materiales de enseñanza, etc. En otras palabras, deben ser “la voz” de los latinoamericanos ante sus vecinos del norte y la voz del norte ante sus compatriotas. Solamente ser la voz, NO el contenido. Ser intermediarios y NO gerentes entre las nuevas obras y sus patrocinadores. Convertirse en un puente  que haga eficiente y transparente la relación patrono-obrero. SERVIR a sus conciudadanos desinteresadamente y por amor, sobre todas las cosas a Dios y a su iglesia. ¿Y esto es lo que ha sucedido? Muy pocas veces… lamentablemente y con el riesgo que implica, tengo que decir que muy pocas veces.

Algunos se han olvidado que son servidores de Dios y de sus hermanos. Se han hecho siervos de los hombres y de sus propios intereses, por lo tanto se han convertido en los nuevos SERVILES de la iglesia y, aunque no en toda su extensión, en los nuevos publicanos en medio del pueblo de Dios. Los que se han rodeado de beneficios personales y han favorecido a sus allegados, a costa del trabajo y sacrificio de muchos otros ministros que “con las uñas” laboran cada día esperando que algún día ese hombre-clave se acuerde de ellos y les tienda una mano. Los que han amado más el “poder” y la popularidad que la dignidad de los obreros del Señor. ¿Ejemplos concretos? Escucho de ministros fieles del evangelio que viajan a lugares distantes, invitados por sus patrocinadores, dejando atrás sus familias, congregaciones y comodidades básicas, durmiendo a la intemperie, comiendo inapropiadamente, en extenuantes jornadas de trabajo, tratados con menos dignidad que la de cualquier trabajador secular (siendo la nuestra una labor infinitamente superior), y que esto lo tienen que sobrellevar porque “eso es amor a la obra”, al igual que llevan las cargas de salarios de lástima, sin viáticos ni seguridad social. Lo que me lleva a preguntar: Si dormir y comer así, tan precariamente,  es “amor a la obra”, entonces por lógica pura, los patrocinadores, coordinadores y allegados que duermen en el mismo hotel que los visitantes extranjeros, ¿ellos no aman la obra? ¿La definición de “amor por la obra” cambia dependiendo de a quién se le aplica? ¿O es que solamente velamos por nuestros intereses, olvidando que esos obreros maltratados y menospreciados son precisamente la causa por la que llegamos a esa posición que no debe ser de poder sino de servicio? Es tan triste e indignante que muchos “recortes” y aun despidos se hayan dado por un informe malintencionado o mal informado por parte de estos “ministros”. Es anti ético que mientras les negamos muchas facilidades a los obreros de condición menos favorecida “porque no hay presupuesto”, se dispendien fuertes sumas de dinero en actividades que si bien son necesarias deberían tener igual valor que la necesidad de aquel que no está pidiendo más de lo que es justo y necesario para llevar a cabo la obra encomendada.

¡Cuántas veces estas cosas pasan y no se puede esperar ninguna justicia ya que las personas que supervisan a estas solamente creen lo que los nuevos publicanos les informan! ¡Cuánto daño se ha hecho y se seguirá haciendo por la confianza CIEGA de los patrocinadores y la ambición desvergonzada de muchos de sus intermediarios! A estos se les olvida que pronto regresará “el Príncipe de los pastores” (1 Pe. 5:4) y Él no perdonará a los que se hayan “enseñoreado” del rebaño, trabajando “por la avaricia del dinero” (v. 2). ¡Oh ministros intermediarios, de personas como ustedes hablaba Ezequiel! Él decía, de parte de Dios, “¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Coméis la grosura, os habéis vestido con la lana, degolláis la oveja engordada, pero no apacentáis el rebaño. Las débiles no habéis fortalecido, la enferma no habéis curado, la perniquebrada no habéis vendado, la descarriada no habéis hecho volver, la perdida no habéis buscado; sino que las habéis dominado con dureza y con severidad… He aquí, yo estoy contra los pastores y demandaré mi rebaño de su mano y los haré dejar de apacentar el rebaño. Así los pastores ya no se apacentarán a sí mismos, sino que yo libraré mis ovejas de su boca, y no serán más alimento para ellos” (Ez. 39:2-4, 10).

Tomen nota de eso, hay cosas de las cuales los propietarios del “dólar” no los pueden proteger. Sean “servidores” de sus hermanos, no hombres “serviles” de un poder del tipo que sea. Dios es un Dios justo y dará a cada uno lo que merecen sus obras. Cuida de tus hermanos y Dios cuidará de ti. Recuerda que Jesús advirtió: “En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de éstos, tampoco a mí lo hicisteis” (Mat. 25:45).

No soy enemigo de los patrocinadores de Norteamérica que con mucho amor viajan hasta nuestras comunidades para hacer posible la difusión del evangelio, tampoco tengo alguna queja personal como afectado por algún intermediario, sin embargo sí tengo el derecho y aprovecho la oportunidad de señalar una realidad que no es nueva pero que a medida que pasa el tiempo se hace cada vez más y más dañina y popular. Estas cosas hay que decirlas, y hay que decirlas con sinceridad y siempre con el propósito de que las cosas malas cambien, y las cosas buenas sigan y sean mejores. Escribo desde la privacidad de mi hogar y con la libertad que Cristo me ha otorgado siendo alguien que busca su sustento con estas mismas manos.

Procuremos presentarnos a Dios como obreros aprobados, que no tienen de qué avergonzarse. No repitamos la parte mala de la historia y así no se repetirán las funestas consecuencias que tuvieron aquellos que pensaron que siempre se saldrían con las suyas. No hay impunidad permanente ni con el hombre ni mucho menos con Dios. Bendita sea la obra de los buenos obreros, de los que realizan esa labor para ayudar, para luchar en favor de los más necesitados y quienes se ven a sí mismos como instrumentos de Dios y nada más. Nada más.

NOTA: Si alguien puede traducir esto y hacérselo llegar a los hermanos patrocinadores, respetando el mensaje y la intención original, sería una obra excelente. Añada mis saludos y agradecimientos “póstumos”.

Con amor,
ROLANDO ROVIRA
Supervisor comercial de Logytech Mobile Panamá S. A. para CLARO Panamá

BIBLIOGRAFÍA
·         Edersheim, Alfred. Usos y Costumbres de los Judíos en los Tiempos de Cristo. Editorial CLIE, Barcelona, España.

·         La Biblia de las Américas by The Lockman Foundation

domingo, 2 de agosto de 2015

Preservando una Herencia Piadosa (Deuteronomio)

Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos” (Deut. 4:9).

El libro de Deuteronomio (segunda ley) trata de la emocionante historia de una familia que estaba siendo preparada para una nueva vida en una nueva tierra. Tras ellos quedaban el desierto y sus vicisitudes, y delante estaba la prosperidad de la tierra prometida que fluía en leche y miel. Sin embargo, por el momento hay un llamado a un nuevo compromiso con Dios y de un fresco entendimiento de lo que debe ser el carácter del pueblo de Dios.

En esta emocionante serie de despedidas, Moisés, “el hombre de Dios” (33:1) le recuerda a Israel de la fidelidad a Dios y de la infidelidad de sus ancestros. Él repasa la relación de pacto que Dios estableció con ellos en el Sinaí, con la exhortación a que si Israel obedecía el pacto en la nueva tierra, Dios les bendeciría abundantemente y ellos llegarían a ser su testimonio ante las naciones paganas de alrededor.  Además de esto Moisés reafirma que el pueblo debe amar al Señor con todo su corazón, pues el amor es el más grande motivo para la obediencia. Y, finalmente, demanda de los padres y abuelos que cumplan su responsabilidad de enseñar a sus hijos y nietos el amor y la obediencia al Señor desde su juventud. Haciendo esto, Moisés trae el poder del pasado para poder afrontar el presente con miras al futuro.

Aunque la escena es de hace más de tres mil quinientos años, el mensaje de Deuteronomio continúa siendo oportuno y atemporal. Hoy, como en aquel entonces, el mundo está experimentando un increíble cambio. En medio de un mundo envuelto en conflictos y de culturas cambiantes el pueblo de Dios recibe continuamente a través del evangelio un llamado a ser un pueblo santo, un pueblo piadoso. Como el Israel espiritual de Dios, la iglesia del Señor debe ser sal, luz y levadura; debemos ser trasformados por el evangelio y no tomar las formas del mundo (Ro. 12:1-2), un pueblo para la posesión de Dios (1 Pe. 2:9), fiel a su voluntad y obra (Jn. 4:34).

Con Deuteronomio sirviendo como el telón de fondo para nuestro estudio, hablaremos de nuestra cultura, nuestro carácter, y nuestro desafío.

NUESTRA CULTURA

Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia” (Deut. 4:9a). Moisés había descrito el privilegio especial que había disfrutado Israel como el pueblo escogido por Dios, completo con su presencia y estatutos que los harían sabios y entendidos en su nuevo hogar (5-6). Una vez allí ellos debían vivir diligentemente mediante esta ley, y hacer de sus principios la norma para su diario vivir, creando un nuevo estándar el cual sería impresionante para el resto de las naciones. La triste historia de Israel es su rechazo de los mandamientos de Dios por la norma cultural de sus vecinos, guiándoles a una vida de idolatría e inmoralidad, separándoles del Dios que los amaba.

Hoy, la iglesia del Señor vive en medio de una cultura que durante los últimos cincuenta años ha ido incrementando su carácter secular que, si no lo detenemos, cambiará nuestra misma existencia. Vivimos y trabajamos con personas que han adoptado la filosofía del relativismo en la que nada está siempre bien o siempre mal, nada es absolutamente correcto o malo, y ciertamente nada es absolutamente cierto o falso. Otros están comprando la filosofía del pluralismo en la cual nadie debe condenar nada ni a nadie. Ya que nadie está mal, debemos aceptar a todos, sin importar sus creencias o conducta. Estas se nutren de la filosofía del emocionalismo, donde los sentimientos son más importantes que la razón y la emoción es más importante que la verdad. La consecuencia natural de todo esto es la filosofía del individualismo, la cual se expresa a sí misma en actitudes tales como: “Yo soy la medida de la vida; tengo derecho a ser feliz. Nadie puede decirme lo que debo hacer; todo, incluyendo la Biblia, significa lo que yo diga que significa. ¡Es mi vida!”

Intentando buscar a los perdidos, nos encontramos con gente que tiene poco o ningún interés en escuchar el mensaje de la verdad absoluta con consecuencias eternas, quienes son más propensos a adoptar estilos de vida mundanos, quienes no condenarán a alguien por sus creencias o su conducta, cuyos sentimientos son el estándar para todo juicio, y cuyo enfoque está en su propio interés y no en el del Señor.

Pero la más grande tragedia es cómo estas filosofías están afectando a la iglesia. ¿No ha sentido Ud la influencia de estas filosofías individual o congregacionalmente? Hay demasiados hoy quienes no sienten mucho respeto por la Escritura y su relevancia para el diario vivir. Cada día tenemos a más personas en la iglesia violando los estándares morales de la Biblia, incluyendo infidelidad marital, divorcio, bebida social, homosexualismo, juegos de azar, mentira, pornografía y conducta abusiva. La vida en la iglesia actual es menos rigurosa en sus códigos de conducta que hace unas décadas atrás. Y cuando la Escritura es vista por los líderes de la iglesia como “cartas de amor” y no como mandamientos que deben obedecerse, el texto sagrado pierde su autoridad y poder para crear en sus lectores una tristeza piadosa que les guíe al verdadero arrepentimiento.

Se nos está tratando de inculcar que aceptemos a los demás como salvos sin importar lo que han hecho o si no han obedecido. Debemos acomodar nuestra doctrina para incluir a todos ya que hemos sido herméticos y exclusivos. Ya el bautismo no es para el perdón de pecados, no hay nada malo con adorar con instrumentos musicales, y debemos regocijarnos cuando nos reunimos con personas que creen estas cosas. ¿Cómo es posible que podamos juzgar o condenar a otros cuando tenemos una viga así en nuestro propio ojo?

Además de esto está el emocionalismo en la adoración donde Dios le habla a alguien “directamente” y no por medio de la Escritura sola, donde la adoración debe ser una en la que yo “me sienta bien” por la guía del Espíritu, y donde el Espíritu de Dios no tiene limitaciones en las áreas de sanidad, profecía, hablar en lenguas, y en otros dones espirituales. Aquellos que han comprado estas filosofías insisten en sus derechos en la iglesia, enfatizando la relación por encima de la Escritura; después de todo, ¡Dios sólo quiere que seamos felices!

Estamos en peligro de cometer el trágico error de Israel, el error “… de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios a sus propios ojos e inteligentes ante sí mismos!” (Isa. 5:20-21). Sin importar lo que diga la cultura, ¡Dios nos llama a serle fieles!

NUESTRO CARÁCTER

“…para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida” (4:9b). ¿Qué habían visto los ojos de Israel? Ellos habían visto como Moisés los había guiado en la confrontación con el faraón, los guio lejos de la esclavitud, cruzaron el Mar Rojo hacia la libertad, los guio al monte Sinaí a recibir la ley y la organización de Dios, los guio hasta la frontera de Canaán la primera y la segunda vez, y los guio con lealtad durante cuarenta años en el desierto. Moisés literalmente salvó a Israel de la destrucción en varias ocasiones. Cuando el pueblo puso a Aarón a hacerles un becerro de oro para practicar su idolatría, fue Moisés quien intercedió con Dios para que no destruyera la nación (Ex. 32:9-11). Cuando diez de los doce espías destruyeron la fe y la confianza de la nación, fue Moisés quien intervino para que Dios no destruyera la nación (Núm. 14:11-12). Ahora, en la ribera oriental del río Jordán, el hombre de Dios le dijo a su pueblo que escuchara, recordara y obedeciera, que evitara la idolatría y guardara los mandamientos que Dios le había dado, y que recordara la naturaleza de Dios y el por qué Dios los había escogido y bendecido. Pero Israel no entendió el deseo de Dios; no entendieron que tenían que seguirlo y fracasaron en ser un pueblo para la posesión de Dios.

Los miembros de la iglesia del Señor han sido llamados fuera del mundo para escuchar, recordar, y obedecer la voluntad del Padre y realizar su obra hasta que Cristo venga. Un texto clásico que nos recuerda nuestro llamado y el carácter cristiano que debemos desarrollar es Tito 2:11-14. Pablo nos recuerda la gracia de Dios que nos salvó (11) pero que nos continúa enseñando (12), primero en términos de lo que debemos remover de nuestras vidas, es decir, la impiedad, la conducta externa que traiciona a Dios (1 Cor. 10:31), y los deseos mundanales, los impulsos internos de los que deriva la conducta (1 Jn. 2:15). Segundo, la gracia de Dios nos enseña acerca de lo que debemos restaurar en nuestras vidas, es decir, que debemos vivir sensiblemente con respecto a nosotros mismos (Col. 3:5-10), justamente con referencia los demás (3:11-14), y piadosamente con relación a Dios el Padre (3:15-17).

Pablo continúa diciendo que la gracia de Dios nos separa del resto del mundo para que seamos un pueblo especial para Dios (13-14), un pueblo que viva en la esperanza gloriosa del regreso del Señor, un pueblo que ha sido redimido de cada obra impía, un pueblo para su propia posesión, y un pueblo que es celoso de las buenas obras.

El deseo de Dios es que seamos un pueblo que le pertenezca a Él y solamente a Él. Él sabe quiénes somos y lo que hemos hecho. Al redimirnos de la ignorancia, de la idolatría, de la inmoralidad, la indiferencia y la inconsistencia, Él nos llamó por medio del evangelio para ser suyos, y lo seremos si lo elegimos, lo amamos y lo obedecemos. Israel fracasó porque no entendieron lo que Dios quería que fueran y llegaran a ser. ¡Nosotros no debemos fallarle de esa manera!

NUESTRO DESAFÍO

… sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos” (4:9c). Casi cuarenta años habían pasado desde que los Israelitas habían abandonado la esclavitud en Egipto, cuarenta años de vagar por el desierto porque no confiaban en Dios, dirigiéndose a la muerte de todos los adultos con dos excepciones. Ahora Moisés apela a la segunda generación antes de que entren a la Tierra Prometida para recordarles las cosas que ellos han visto y oído acerca de Dios, y para que triunfaran en lo que sus padres habían fracasado, preservando en sus corazones una verdadera relación con Dios. Sólo cuando esta relación está atesorada en sus corazones ellos pueden pasarla a sus hijos y a sus nietos, por su bien, por su supervivencia y para su justicia (Deut. 6:24-25).

Este es el desafío que espera a cada generación del pueblo de Dios. Pablo da el mismo énfasis a los romanos y con nosotros cuando él escribe, “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, os hicisteis obedientes de corazón a aquella forma de enseñanza a la que fuisteis entregados;  y habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia” (6:17-18). La obediencia genuina fluye desde el corazón de padres y abuelos hacia los hijos y los nietos en la forma de instrucción e inspiración, también para nuestro bien, nuestra justicia, y para la supervivencia de la iglesia del Señor.

En respuesta a las falsas filosofías mencionadas anteriormente, nosotros debemos aceptar el desafío del relativismo manteniéndonos firmes en las Escrituras  como nuestro estándar absoluto en todo lo que creemos y practicamos. Aceptamos el desafío del Pluralismo recordando que el cristianismo nació en un tiempo de pluralismo, pero que la iglesia primitiva rehusó admitir todos los puntos de vista como igualmente buenos, y nosotros tampoco lo haremos. Aceptamos el desafío del Emocionalismo cuando practicamos el balance apropiado de la adoración en espíritu y en verdad (Jn. 4:24) y hablando la verdad en amor (Ef. 4:15). Aceptamos el desafío del Individualismo, desarrollando la mente de Cristo (Filp. 2:5), recordando siempre que, ¡no se trata de nosotros, se trata de Él!

CONCLUSIÓN


En una cultura de cambio Dios nos llama por medio de Cristo a una vida de fe y de fidelidad, de humildad y santidad, de obediencia y optimismo, de bondad y piedad. La memorable apelación de Moisés, “Oye Israel” ciertamente puede preservar a un pueblo en santidad cuando revisamos cómo Dios ha tratado con nuestro pasado, cuando renovamos nuestra lealtad hacia Su voluntad, cuando recordamos las consecuencias de nuestras elecciones, y cuando nos percatamos de nuestro lugar en la iglesia en cuanto a cómo realizamos Su obra. 

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Resucitó Jesús un Domingo?

La referencia más frecuente a la resurrección de Jesús revela que Él se levantó de la tumba al tercer día de Su sepultura. Mateo, Marcos y Lucas registran que Jesús profetizó que se levantaría de la tumba en ese día (Mat. 17:23; Mr. 9:31; Lc. 9:22; et.al.). El apóstol Pablo escribió en su primera epístola a los Corintios que Jesús se levantó de la tumba “al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:4). Y mientras predicaba a Cornelio y a su casa, Pedro enseñó que Dios levantó a Jesús “al tercer día” (Hch. 10:40, énfasis añadido). Sin embargo, los escépticos son rápidos en declarar que estos enunciados contradicen flagrantemente a Mateo 12:40, donde se registra que Jesús dijo a los fariseos que estaría en el corazón de la Tierra “tres días y tres noches”, como también a Marcos 8:31, donde Jesús declaró que se levantaría “después de tres días” (énfasis añadido).

Aunque a los ojos de los lectores del siglo veintiuno estos enunciados puedan parecer contradictorios a primera vista, en realidad armonizan perfectamente si se entienden los métodos antiguos que se usaron para calcular el tiempo. En el primer siglo se podía considerar a cualquier parte de un día como un día completo y la noche que le seguía (comp. Lighfoot, 1979, pp. 210-211). El Talmud de Jerusalén cita al rabí Eleazar ben Azarías, quien vivió alrededor del año 100 d.C., diciendo: “Un día y una noche son una Onah [‘una porción de tiempo’] y la porción de una Onah es como una Onah completa” (Jerusalem Talmud: Shabbath ix. 3, citado en Hoehner, 1974, pp. 248-249, corcheas en original). Azarías indicó que se podía considerar a una porción de un periodo de veinticuatro horas como “una Onah completa”. Por ende, en el tiempo de Jesús, Él hubiera estado en lo correcto cuando enseñó que Su sepultura duraría “tres días y tres noches”, incluso cuando no fueran días completos de 24 horas.

Las Escrituras están llenas de referencias que muestran que una parte de un día a menudo es equivalente al día completo. Note los siguientes ejemplos:

  • Según Génesis 7:12, la lluvia del diluvio de Noé cayó sobre la Tierra “cuarenta días y cuarenta noches”. El versículo 17 de ese mismo capítulo dice que cayó sobre la tierra por solo “cuarenta días”.

  • En Génesis 42:17 José encarceló a sus hermanos por tres días. Luego, en el versículo 18, él habló con ellos al tercer día, y por el contexto parece que les liberó ese mismo día—es decir, al tercer día.
  • Cuando Israel pidió al Rey Roboam que aliviara su yugo, él quiso tiempo para pensar en la petición, así que pidió a Jeroboam y al pueblo de Israel que regresaran “de aquí a tres días” (2 Crón. 10:5, énfasis añadido). El versículo 12 dice que Jeroboam y el pueblo de Israel vinieron a Roboam “al tercer día, según el rey les había mandado diciendo: Volved a mí de aquí a tres días” (énfasis añadido). Es interesante notar que incluso cuando Roboam pidió que el pueblo regresara “de aquí a tres días”, ellos entendieron que esto significaba “al tercer día”.
  • En 1 Samuel 30:12-13, se usan intercambiablemente las frases “tres días y tres noches” y “tres días”.
  • Cuando la reina Ester estaba a punto de arriesgar su vida al presentarse delante del rey sin ser invitada, ella instruyó a sus compatriotas judíos a seguir su ejemplo al no comer “en tres días, noche y día” (Est. 4:16). El texto continúa diciendo que Ester se presentó ante el rey “al tercer día” (5:1, énfasis añadido).

Al estudiar estos y otros pasajes, se puede ver claramente que la Biblia usa las expresiones “tres días”, “al tercer día”, “después de tres días” y “tres días y tres noches” para hacer referencia al mismo periodo de tiempo.

Aunque en el siglo veintiuno algunos puedan pensar que este razonamiento es un poco confuso, nosotros también usamos frecuentemente expresiones idiomáticas similares. Por ejemplo, un hombre puede venir a su casa y decir a su esposa que ha estado en la oficina “todo el día”. Él no quiere decir que trabajó en la oficina desde la madrugada hasta casi la medianoche, sino quiere decir que ha pasado la mayor parte de su día en la oficina. Finalmente, considere al estudiante universitario que dice a su profesor que ha trabajado en un proyecto de investigación “día y noche por cuatro semanas”. Obviamente él no quiere decir que trabajó las 672 horas completas (24 horas x 7 días x 4 semanas) sin dormir. Puede ser que trabajó desde las 6:00 a.m. hasta las 12:00 a.m. por cuatro semanas en el proyecto, pero no por 672 horas sin dormir. Si solamente durmió cinco a seis horas en la noche, y trabajó en el proyecto casi todas las horas que estaba despierto, nosotros le consideramos como alguien que realmente trabajó “día y noche por cuatro semanas”.

Una evidencia adicional que indica que los enunciados de Jesús concernientes a Su sepultura no fueron contradictorios tiene que ver con el hecho que Sus enemigos nunca le acusaron de auto-contradecirse. De hecho, hablando acerca de Jesús, los sacerdotes y fariseos incluso dijeron a Pilato el día posterior a la crucifixión: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré” (Mat. 27:63-64, énfasis añadido). La frase “después de tres días” debe haber sido equivalente “al tercer día”, de otra manera los fariseos hubieran pedido una guardia de soldados hasta el cuarto día. ¿Por qué los escépticos acusan a Jesús de contradecirse, pero no a los fariseos hipócritas?

La expresión idiomática “tres días y tres noches” que Jesús empleó cuando comparó Su sepultura a la “sepultura” de Jonás en el vientre de la ballena, no significa que Él estuvo sepultado literalmente 72 horas. Si interpretamos el relato de la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús a la luz del marco cultural del primer siglo, y no según el (mal) entendimiento moderno de los escépticos, no encontraremos errores en todas las expresiones que Jesús y los escritores del evangelio usaron.

Pero, algunos que aún quieren añadir más hierro a la cuestión citan la expresión que se traduce de maneras diferentes en algunas versiones de la Biblia con respecto al relato del día de la resurrección en Mateo. Veamos este caso.

Mateo 28:1 dice,Al final del día de reposo” (KJV), o “Después del día de reposo” (ASV, LBLA). Pareciera decir que las mujeres vinieron a la tumba y la encontraron vacía en la tarde del ‘Sabath’, lo cual indicaría que Jesús resucitó el sábado y no el domingo.

Pero no, esto no significa que Jesús se levantó de la tumba el sábado. El problema está en algunas traducciones del griego original al español.

Primero, el otro relato de evangelio claramente muestra que esta visita aconteció el primer día de la semana (Mr. 16:11-2; Lc. 24:1; Jn. 20:1).

Segundo, la traducción de Mateo 28:1 debería ser así: “Después del día sábado, cuando iniciaba el primer día de la semana…El sábado finalizaba a las 6:00 de la tarde, y el amanecer del día domingo estaba por llegar. El griego del pasaje es οψε δε σαββατων, que significa “después del sábado” (Arndt & Gingrich 1967, 606). La Revised Standard Version lo traduce correctamente de la siguiente manera: “Ahora, después del sábado… La New American Standard Version también lo traduce así.

Tercero, es el testimonio universal tanto de la Escritura como de la historia de la iglesia que los cristianos primitivos consideraban el domingo como el día de la resurrección de Cristo.
·         Los discípulos se reunieron en el día de la resurrección (Jn. 20:19), y luego otro domingo después de ese, la siguiente semana (20:26).

·         La iglesia fue establecida en el día de Pentecostés, el cual siempre caía domingo (Lev. 23:15-16; Hch. 2:1).

·         Los cristianos primitivos, bajo el liderazgo de hombres inspirados, adoraron en el día domingo (Hch. 20:7; 1 Cor. 16:2).

·         Ese día posteriormente recibiría el nombre del “Día del Señor” (Apo. 1:10).

Con toda esta evidencia también concuerdan los testimonios de los escritores de la era post-apostólica, es decir, del 100 al 325 d. C. Para ellos el domingo era el día de la resurrección.

El Señor se levantó de entre los muertos no el día sábado, sino en la mañana del domingo. Ω

Referencias
  • Arndt, William and F. W. Gingrich. 1967. A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature. Chicago, IL: University of Chicago.
·         Hoehner, Harold W (1974), “Chronological Aspects of the Life of Christ—Part IV: The Day of Christ’s Crucifixion,” Bibliotheca Sacra, 131:241-264, July.
·         Lightfoot, John (1979 reimpresión), A Commentary on the New Testament from the Talmud and Hebraica (Grand Rapids, MI: Baker).

martes, 21 de abril de 2015

¿Cómo serán juzgados aquellos que nunca conocieron el evangelio?

Ninguno de nosotros, más allá de su propia fuente de conocimiento y sabiduría, puede declarar enfáticamente cómo Dios va a “juzgar” cierto caso en específico. Por ejemplo, ¿Judas murió perdido? El Nuevo Testamento es claro en cuanto a que él se perdió (Jn. 17:2; Hch. 1:25). ¿Pero qué podemos saber acerca de Salomón? ¿Regresó él de su vida de libertinaje e insensatez? El libro de Eclesiastés podría sugerir que lo hizo, pero no podemos asegurarlo.

Cuando Dios destruyó a miles de personas entre las naciones gentiles, ¿significa eso que cada una de esas almas se perdió? (comp. Ro. 2:12-16). Cuando un vasto número de hebreos cayó en el desierto debido a una pestilencia de procedencia divina, ¿cada una de las personas que sufrió las consecuencias de estos castigos también se perdió eternamente? Nosotros simplemente no sabemos las respuestas a estas preguntas. Uno no puede sentarse con pluma y papel y hacer una lista de los personajes bíblicos, y colocar “salvo” y “perdido” al lado de cada nombre, como si nosotros tuviéramos una certeza de cuál fue el destino final de cada uno de ellos. En algunos casos uno puede saber definitivamente (como con Judas), pero el destino eterno de cientos de otras personas es para nosotros un misterio.

El Señor no nos ha designado como “jueces”, para que dictemos sentencia final con respecto al bienestar eterno de los demás. Sin embargo, hay algunas directrices en la Escritura que permiten al estudiante devoto de la Biblia obtener algunas conclusiones. Aparte de esto, es prudente reconocer y admitir que la soberanía del Creador no nos ha designado para hacer Su labor.

Aquí hay algunos principios que expone la Biblia

UN JUICIO JUSTO — Abraham una vez hizo la siguiente pregunta retórica: ¿Acaso el Juez del mundo no debe hacer justicia?” (Gén. 18:25). El Señor juzgará al mundo con su propio estándar de justicia (Sal. 96:13; 98:9; Hch. 17:31; 2 Tes. 1:5). Él será razonable, pues es el Dios que “no hace acepción de personas” (Hch. 10:34). Ni siquiera los perdidos dudarán de Él; por el contrario, ellos reconocerán Su justicia y soberanía (Ro. 14:11; comp. 2:5). Los impíos “se convencerán” de que siguieron un camino de una vida rebelde (Jud. 15).

UN JUICIO INELUDIBLE — En su discurso a los atenienses, Pablo declaró que Dios ha escogido un día en el cual juzgará al mundo. El apóstol afirmó que la seguridad de que ese día va a llegar está garantizada por el hecho histórico de la resurrección de Jesús de entre los muertos (Hch. 17:31). ¡No existe un ancla histórica más firme que esa!

UN JUICIO TERRIBLE — Hay una declaración en la segunda carta de Pablo a los cristianos de Tesalónica la cual tiene una perspectiva temible. Escúchela:

Y daros alivio a vosotros que sois afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (2 Tes. 1:7-9).

El punto que debemos hacer, en vista de la pregunta bajo consideración es este. En la opinión de muchos eruditos, la construcción de este pasaje, con el uso doble del artículo griego, es decir, los que no conocen a Dios, y los que no obedecen el evangelio, indica que hay dos tipos de personas que están en la mira. Samuel Green aseveraba que “hay dos clases distintas, incurriendo en diferentes tipos de castigo” (Handbook to the Grammar of the Greek Testament, London: Religious Tract Society, 1907, p. 199; cf. A.T. Robertson, Word Pictures in the New Testament, Nashville: Broadman, 1931, Vol. IV, p. 45).

¿Estará alguien en la libertad de contender, contrario a esta declaración, que algunos se salvarán aun cuando nunca conocieron a Dios o no obedecieron el evangelio? Muchos escritores hacen esa suposición, pero el que la hace, la hace presuntuosamente. Cuando Pedro hizo la pregunta retórica: “¿Cuál será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pe. 4:17), no pareciera que dejara la pregunta abierta a la especulación.

Uno debe recordar que, en una de sus enseñanzas más ilustrativas, Jesús declaró que aun aquellos que “no conocían” la voluntad de su Señor pero que hicieron cosas “dignas” de condenación, serán castigados por su Señor cuando Él regrese (Lc. 12.47-48).

ALGUNOS PUNTOS CONCLUYENTES

Una cosa está perfectamente clara. Nadie puede atenerse a la ignorancia para salvarse. Como Pablo dijo a la gente de Atenas, quienes adoraban en ignorancia (aunque quizá sinceramente), “Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan” (Hch. 17:30). Los términos “todos” y “en todas partes” dejan poco espacio para la flexibilidad.

Adicionalmente, el siguiente punto se ha hecho frecuentemente y tiene mucha fuerza. Si es el caso que aquellos que nunca han oído el evangelio se salvarán en su condición pecaminosa, simplemente porque ellos no conocían la verdad, ¿no sería mejor dejarlos en ese estado de ignorancia? Pues si los exponemos a la verdad, y la rechazan, hay poca controversia acerca de cuál será su destino eterno.

Al discutir Romanos 1:18-32, el profesor Jack Cottrell ha escrito: “Nos engañaríamos a nosotros mismos si mantuviéramos una falsa esperanza para los que no han sido evangelizados sobre la base de que no han oído el evangelio” (Romans, Joplin, Mo: College Press, 1996, Vol. I, p. 170).

Hay temas difíciles que nosotros sencillamente debemos dejar en las manos de nuestro Sabio y Benevolente Dios. No contamos con el suficiente conocimiento como para mirar más allá de la niebla de nuestra información limitada, ni somos lo suficientemente justos (tendemos a errar debido a nuestra humana debilidad) como para presumir que este o aquel “debería” ser el caso.

La tarea del cristiano es presentar el evangelio —firme y compasivamente— sin comprometer las condiciones para la salvación ni los principios de la vida piadosa. Pero debemos contener nuestro impulso de entrar al terreno que sólo es de acceso divino. Debemos dejar la disposición final del asunto al Dios omnisciente.

Si hay una lección que el estudiante de la Biblia debe aprender de “La Parábola del Trigo y la Cizaña” que enseñó el Salvador, es esta: los hombres falibles no están calificados para hacer la separación final entre “el trigo” y “la cizaña” (Mat. 13:28-29).


También debemos evitar las especulaciones sin sentido que puedan situar al Señor en una luz desfavorable. Por ejemplo, si la salvación se le otorga a las almas honestas/ignorantes, aparte de la misión redentora de Jesús, entonces ¿para qué vino Él a la tierra a sufrir en la cruz? ¿Le envió el Padre caprichosamente a morir, iniciando así un “plan de redención”, cuando, en realidad, no había necesidad para una medida tan drástica? El pensamiento mismo involucrado en estas conclusiones es insoportable. Si podemos parafrasear parcialmente a Pablo, “Si la salvación se obtiene sin necesidad de Cristo, entonces ¿habrá muerto en vano? (Gál. 2:21). Ω

domingo, 19 de abril de 2015

Ron Wyatt, el “Indiana Jones” de la Iglesia Adventista

Ron Wyatt (1933-1999) fue un anestesista de enfermería en un hospital en Madison, Tennessee. A la edad de 27 vio una imagen en la revista Life Magazine del sitio Durupinar —Una formación rocosa natural con forma de bote— en el este de Turquía. Circuló la especulación febril de que eso podría ser lo que quedó del Arca de Noé. Esto encendió la chispa del interés de Wyatt, y fue lo que dio inicio a su larga carrera amateur como pseudo arquéologo sensacionalista.

Durante los últimos 22 años de su vida él hizo numerosos viajes a Medio Oriente. Las afirmaciones asociadas con sus “descubrimientos” hacen que el “Indiana Jones” de Harrison Ford palidezca en el olvido. Sin embargo, hoy, más de una década después de su muerte, los actuales golpes de pechos de sus “hallazgos” sin paralelos son promulgados vía web por la Wyatt Archaeological Research, y las distintas facciones competitivas que publican sus proezas.

Su obra ha sido desacreditada completamente por los arqueólogos profesionales y por eruditos bíblicos de renombre. El 8 de agosto de 1996, Joe Zias, Conservador de Antropología/Arqueología con la Autoridad de Antigüedades de Israel (Jerusalén), publicaron la siguiente declaración:

“El señor Ron Wyatt ni es un arqueólogo ni ha llevado a cabo una excavación autorizada legalmente en Israel o Jerusalén. Para realizar este tipo de excavaciones uno debe poseer por lo menos una licenciatura en arqueología la cual él no posee a pesar de que él afirme lo contrario. Creemos que sus afirmaciones están al borde de lo absurdo puesto que no cuentan con una base científica ni han sido publicadas en una revista profesional. Estas caen en la categoría de basura de esa que se encuentra en tabloides como National Enquirer, Sun, etc. Es sorprendente que haya alguien que le crea” (http://www.tentmaker.org/WAR/Zias.html)

La afiliación religiosa de Wyatt era con la secta Adventista del Séptimo Día. Irónicamente, la mayoría de las exposiciones del caballero son avaladas por dos eruditos de su propia denominación, Russell R. y Colin D. Standish.

Los hermanos Standish eran gemelos idénticos que provenían de New South Wales, Australia. Russell (quien murió en 2008) era médico, administrador de hospitales y un médico misionero; Colin es el fundador y presidente del Hartland College en Virginia. Ambos fueron ordenados como ministros por el ala conservadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Ellos han sido escritores prolíficos, coautores de muchos libros, entre ellos Las Reliquias Sagradas o RevelacionRecientes Afirmaciones Arqueológicas Evaluadas [Al cual llamaremos HRR].

ALEGADOS DESCUBRIMIENTOS

Según el libro antes mencionado,  Wyatt descubrió o identificó aproximadamente noventa y dos reliquias o sitios (HRR, 7-10). Esto incluye:

  • El hogar de Noé y una inscripción acerca del Diluvio en ese lugar,
  • Vallas de la granja de Noé,
  • Anclas de piedra del Arca de Noé,
  • Piso de madera laminado del Arca,
  • El Altar de Noé,
  • Tumbas con las lápidas de Noé y su esposa,
  • La localización exacta del cruce del Mar Rojo,
  • Las ruedas de los carruajes egipcios involucrados en la persecución de  los Israelitas,
  • El Libro de la Ley escrito por Moisés sobre piel de animales,
  • Oro del Becerro de Oro creado por Aarón,
  • El Arca del Pacto,
  • Las Tablas de los Diez Mandamientos,
  • La Mesa de los Panes de la Proposición del Tabernáculo,
  • La espada de Goliat,
  • La tumba de Jesús y la piedra que sellaba la tumba,
  • Una muestra de sangre seca de Cristo, probando la veracidad del nacimiento virginal por medio del “conteo de cromosomas”, etc.

¡Si todas las afirmaciones de Wyatt fueran ciertas, él sería el arqueólogo más notable en la historia de la disciplina escolástica! Y sin embargo, él no tuvo credibilidad ante ninguno de los eruditos reconocidos; él era y es venerado solamente por una banda de crédulos, aunque devotos, discípulos sectarios.

SERIOS PROBLEMAS

En esta breve revisión del libro de los hermanos Standish, ofrecemos dos devastadores ejemplos de los fraudes perpetrados por Ron Wyatt. De hecho, los noventa y nueve ejemplos promovidos por Wyatt y sus seguidores, ¡son una “casa de naipes” que cae bajo el peso de su propia insensatez!

Considere los siguientes dos que son de los ejemplos más sensacionales

HUESOS Y RUEDAS DE CARRUAJES

Wyatt afirmaba que había encontrado el lugar exacto donde los israelitas habían cruzado el Mar Rojo sobre terreno seco, antes que las aguas se volvieran a juntar y ahogaran a las fuerzas de Faraón. Él contendía haber explorado el suelo del Golfo de Áqaba, usando herramientas de buceo. Supuestamente, una “litera de vehículo” en forma de rueda, estructuras, y los huesos de humanos y caballos esparcidos sobre una extensa capa de arena.

Varias cosas se pueden decir acerca de esta afirmación (HRR, 184ss). Primero, el sitio de la ruta del éxodo, como está descrito en Éx. 14:1ss, es algo bastante disputado. Los tres sitios específicos mencionados en el registro de Moisés (v. 2) “se han perdido en las arenas del tiempo” (Bruckner, 2008, 129). Nadie conoce el lugar preciso de ese cruce. La erudición conservadora argumenta fuertemente que Israel cruzó el Golfo de Suez (Vos, 2003, 104ss), y no el Golfo de Áqaba, como Wyatt contendía.

Segundo, Wyatt afirmaba que él estaba utilizando un simple equipo de buceo recreacional cuando descubrió estas ruedas, etc. a una profundidad de aproximadamente 200 pies en el Golfo. Sin embargo, el equipo de buceo ordinario está diseñado para trabajar cómodamente sólo a profundidades de aproximadamente 125-130 pies. Más allá de eso se necesita un equipo mucho más sofisticado.

Tercero, se nos dice que el ejército de Faraón fue destruido “en medio del mar” (Éx. 14:23) lo cual, según las medidas de la Armada Británica, está a casi 2,800 pies de profundidad en medio del Áqaba. ¡Esto difícilmente armoniza con los “descubrimientos” a 200 pies de Wyatt!

Luego está el asunto de los huesos— de caballos y de hombres— que encontró Wyatt, supuestamente. Recordemos que la destrucción del ejército de Faraón se dio hace unos 3,500 años. Compare esto con los siguientes hechos. El Titanic se hundió en 1912 y naufragaron 1,553 personas. En 1985, 73 años después de la catástrofe del Atlántico, el barco hundido fue descubierto y explorado. Se diseñaron cámaras de TV para usar bajo el agua y equipo especial de vídeo, y además, se tomaron más de 53,000 fotos. No se encontraron restos de un solo individuo —ni piel ni huesos. Todo había sido completamente consumido por los peces, crustáceos, y los efectos destructivos del agua salada (HRR, 179ss).

Luego de sus extensivas investigaciones, los hermanos Standish declararon que ninguna rueda de carruajes, ni restos de huesos de humanos o de caballos encontrados en el Golfo de Áqaba, fueron alguna vez sometidos a exámenes y pruebas de las autoridades científicas (HRR, 283-284). A pesar de este hecho, el sitio web del Museo Wyatt dice: “Ron realmente encontró el núcleo de una rueda de la cual salían ocho rayos dándole forma”.

¡De hecho, él afirmaba haber encontrado ruedas con 4, 6, y 8 rayos! Una autoridad asevera que la videocinta que Wyatt empleó para mostrar estos “artefactos” bajo el agua, parece ser un fraude; él lo desafió a testear estos artículos con una prueba de Carbono 14 —si es que en realidad tenían una muestra auténtica de algo (Zias, op. cit).

LA ALEGACIÓN EN CUANTO A LA SANGRE DE CRISTO

 Los problemas asociados con los alegados descubrimientos de Wyatt son astronómicos —más allá de nuestra capacidad de poder calcular.

Tome, por ejemplo, la aseveración de que él encontró un residuo de la sangre seca de Cristo la cual había goteado hasta el propiciatorio del Arca del Pacto, localizada dentro de una cueva asociada con el templo original de Salomón en Jerusalén.

Una de las pruebas que presentan los defensores de Wyatt fue tomada y regresada a Nashville, Tennessee donde Wyatt tenía la “sangre” analizada en un laboratorio.

En otra ocasión, en una entrevista con Russell Standish, Wyatt afirmaba que las muestras fueron estudiadas en un laboratorio en Jerusalén.

La contradicción salta a la vista.

¿Dónde estaba el laboratorio? ¿Están aún las muestras allí ya que se alega que habían fluido copiosas cantidades de sangre? ¿Dónde están los registros de las pruebas? ¿Se pueden tomar otras muestras? ¿Hay alguna clase de evidencia acerca de este descubrimiento? ¿Por qué nunca se presentó la evidencia para un examen crítico y científico?

Una explicación que se da es que las autoridades de Israel que se contara la historia debido a que la localización del arca estaba muy cerca de uno de los sitios más sagrados de los islámicos, y el anuncio hubiera precipitado un conflicto violento entre judíos zelotes y los musulmanes.

Sin embargo, al mismo tiempo, Wyatt estaba “cotorreando” la historia del descubrimiento en Europa, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda (HRR, 5, 55, 89), ¡Y sin censura alguna de parte del gobierno de Israel! La realidad es que, según los abogados de Wyatt, Joe Zias de las Antigüedades de Israel (dado como referencia arriba) “dotó de toda autoridad para la entrega pública del reporte de las muestras de Wyatt” (HRR, 90). Entonces ¿por qué no mostrar al mundo las pruebas concretas?

Por otra parte, ¡Wyatt afirmaba que “un ángel” le prohibió dar más detalles acerca de sus descubrimientos! (HRR, 70, 90, 285). Hay otros relatos acerca de apariciones “angelicales”, y aun una afirmación de haber visto a Cristo (HRR, 127ss).

De manera incidental, la razón por la cual Wyatt sabía que había visto a Jesús era ¡porque el Señor “estaba vestido exactamente como Ellen White [la auto proclamada “profetisa” de la Iglesia Adventista del Séptimo Día] lo había visto en visión, con el borde azul en la basta de su túnica”!

CONCLUSIÓN

Ninguna persona racional está bajo la obligación de aceptar las aseveraciones de Wyatt debido a la carencia de pruebas creíbles. En cambio, era su deber proveer evidencia concreta para la observación y las pruebas de las afirmaciones realizadas. Nunca lo hizo. Sus presunciones fueron todas espurias.

Aquellos interesados en investigar la veracidad de las afirmaciones de Wyatt deberían conseguir una copia de Holy Relics or Revelation (Hartland Publications, Box 1, Rapidan, VA22733).

Referencias

  • Bruckner, James. 2008. Exodus, Peabody, MA: Hendrickson.
  • Standish, Russell R. and Colin D. Standish. 1999. Holy Relics or Revelation – Recent Astounding Archaeological Claims Evaluated. Rapidan, VA: Hartland Publications.
  • Vow, Howard. 2003. Wycliffe Historical Geography of Bible Lands – Revised. Peabody, MA: Hendrickson.
  • Wyatt Museum – http://www.wyattmuseum.com/red-sea-crossing-05.htm

viernes, 6 de marzo de 2015

Decencia y Orden en el Culto de Adoración

1 CORINTIOS 14:40
Análisis gramatical, lógico y bíblico

1. “Decentemente”. Gr. EUSCHEMÓNOS: “De una manera decorosa; decentemente” (THAYER); “Con dignidad” (A. TUGGY).

·         Decoroso es algo “de elegante figura, bien formado, con donaire y gracia” (W. E. Vine).

·         Decente es algo “de elegante estampa, noble, de manera distinguida” (W. E. Vine).

·         Digno es algo “de peso, valioso” (W. E. Vine), de manera que cuando hacemos algo “con dignidad” significa que lo hacemos dándole el valor que tiene, valorando su peso en nuestras vidas.

Citas donde aparece el mismo término:

·         Ro. 13:13 (“Vivamos con honestidad, como a la luz del día, y no andemos en glotonerías ni en borracheras, ni en lujurias y lascivias, ni en contiendas y envidias”).
·        
1     1 Tes. 4:12 (“A fin de que se conduzcan honradamente con los de afuera, y no tengan necesidad de nada”).
·          
2. “Con orden”. Gr. TAXIS: “En el orden debido o apropiado; en una condición organizada. Actuar con carácter, cualidad y estilo” (THAYER).

Citas donde aparece el mismo término:

·         Col. 2:5 (“Porque aunque físicamente estoy lejos de ustedes, en el espíritu estoy entre ustedes, y me alegra ver su buen orden y la firmeza de su fe en Cristo”).

·         Heb. 5:6 (“Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”)

·         Hch. 14:21 (“…andas ordenadamente, acatando la ley”).

APLICACIÓN:

Si en el culto de adoración (tema de Pablo en 1 Corintios 11-14) debe hacer “todo” (Gr. PANTA, absolutamente todo) de una manera decente y con orden, y lo de arriba es la explicación textual de lo que esos dos términos indican entonces podemos concluir:

A. Quien asiste al culto debe venir preparado de su casa con una mentalidad que honre el valor que tiene lo que va a hacer.

B. Esto incluye desde su presentación (forma de vestir), su puntualidad, su conducta durante la celebración del culto y si participa de la dirección, su estilo apropiado con donaire y gracia de realizar cada acto que va a dirigir.

C. La persona que nos visita no solamente debe ser impresionada por la verdad predicada; según este texto debe impresionarse positivamente por la forma en que nos presentamos a adorar a Dios, la organización con la que hacemos todo y la elegancia en nuestra apariencia.

D. Sólo hay que comparar la forma en la que tratamos los servicios de la iglesia en comparación con otras actividades. Al trabajo no llegamos media hora tarde cada vez. No nos presentamos en zapatillas (tenis) o con un suéter de estar en casa o de hacer deporte. Eso no sería elegante, decoroso, digno. En una boda todos saben cuál es su papel y todos se esfuerzan en realizarlo adecuadamente, dando una buena impresión a los invitados, lo mismo en una ceremonia de graduación.

E. ¿Podría alguien decir con verdad que “valora” el peso que tiene estar ante la presencia de Dios si no se presenta a tiempo a adorarle? ¿Y si pasa la adoración pendiente de su celular o conversando con otro hermano? ¿Será tratar a Dios como alguien Digno si me presento ante Él con suéter y zapatillas a dirigir ante la congregación?

F. La forma en que nos vestimos, la hora a la que llegamos y la manera en la que nos conducimos durante la adoración dice mucho de cuánto valoramos esa actividad en nuestras vidas. Y si no lo hacemos “decentemente y con orden”, estamos quebrantando una ley de Dios. “Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor. 38 Pero si alguno no reconoce esto, él no es reconocido”.


De nada nos sirve asistir si no obedecemos este mandamiento pues “no seremos reconocidos” por Dios debido a nuestra conducta, apariencia o nuestra actitud. Recordemos que quien no se viste de boda, será echado fuera (Mat. 22:11-13). Seamos “honrados” con Dios y no hagamos cosas que demuestren lo contrario de lo que decimos con nuestros labios.