domingo, 2 de agosto de 2015

Preservando una Herencia Piadosa (Deuteronomio)

Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos” (Deut. 4:9).

El libro de Deuteronomio (segunda ley) trata de la emocionante historia de una familia que estaba siendo preparada para una nueva vida en una nueva tierra. Tras ellos quedaban el desierto y sus vicisitudes, y delante estaba la prosperidad de la tierra prometida que fluía en leche y miel. Sin embargo, por el momento hay un llamado a un nuevo compromiso con Dios y de un fresco entendimiento de lo que debe ser el carácter del pueblo de Dios.

En esta emocionante serie de despedidas, Moisés, “el hombre de Dios” (33:1) le recuerda a Israel de la fidelidad a Dios y de la infidelidad de sus ancestros. Él repasa la relación de pacto que Dios estableció con ellos en el Sinaí, con la exhortación a que si Israel obedecía el pacto en la nueva tierra, Dios les bendeciría abundantemente y ellos llegarían a ser su testimonio ante las naciones paganas de alrededor.  Además de esto Moisés reafirma que el pueblo debe amar al Señor con todo su corazón, pues el amor es el más grande motivo para la obediencia. Y, finalmente, demanda de los padres y abuelos que cumplan su responsabilidad de enseñar a sus hijos y nietos el amor y la obediencia al Señor desde su juventud. Haciendo esto, Moisés trae el poder del pasado para poder afrontar el presente con miras al futuro.

Aunque la escena es de hace más de tres mil quinientos años, el mensaje de Deuteronomio continúa siendo oportuno y atemporal. Hoy, como en aquel entonces, el mundo está experimentando un increíble cambio. En medio de un mundo envuelto en conflictos y de culturas cambiantes el pueblo de Dios recibe continuamente a través del evangelio un llamado a ser un pueblo santo, un pueblo piadoso. Como el Israel espiritual de Dios, la iglesia del Señor debe ser sal, luz y levadura; debemos ser trasformados por el evangelio y no tomar las formas del mundo (Ro. 12:1-2), un pueblo para la posesión de Dios (1 Pe. 2:9), fiel a su voluntad y obra (Jn. 4:34).

Con Deuteronomio sirviendo como el telón de fondo para nuestro estudio, hablaremos de nuestra cultura, nuestro carácter, y nuestro desafío.

NUESTRA CULTURA

Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia” (Deut. 4:9a). Moisés había descrito el privilegio especial que había disfrutado Israel como el pueblo escogido por Dios, completo con su presencia y estatutos que los harían sabios y entendidos en su nuevo hogar (5-6). Una vez allí ellos debían vivir diligentemente mediante esta ley, y hacer de sus principios la norma para su diario vivir, creando un nuevo estándar el cual sería impresionante para el resto de las naciones. La triste historia de Israel es su rechazo de los mandamientos de Dios por la norma cultural de sus vecinos, guiándoles a una vida de idolatría e inmoralidad, separándoles del Dios que los amaba.

Hoy, la iglesia del Señor vive en medio de una cultura que durante los últimos cincuenta años ha ido incrementando su carácter secular que, si no lo detenemos, cambiará nuestra misma existencia. Vivimos y trabajamos con personas que han adoptado la filosofía del relativismo en la que nada está siempre bien o siempre mal, nada es absolutamente correcto o malo, y ciertamente nada es absolutamente cierto o falso. Otros están comprando la filosofía del pluralismo en la cual nadie debe condenar nada ni a nadie. Ya que nadie está mal, debemos aceptar a todos, sin importar sus creencias o conducta. Estas se nutren de la filosofía del emocionalismo, donde los sentimientos son más importantes que la razón y la emoción es más importante que la verdad. La consecuencia natural de todo esto es la filosofía del individualismo, la cual se expresa a sí misma en actitudes tales como: “Yo soy la medida de la vida; tengo derecho a ser feliz. Nadie puede decirme lo que debo hacer; todo, incluyendo la Biblia, significa lo que yo diga que significa. ¡Es mi vida!”

Intentando buscar a los perdidos, nos encontramos con gente que tiene poco o ningún interés en escuchar el mensaje de la verdad absoluta con consecuencias eternas, quienes son más propensos a adoptar estilos de vida mundanos, quienes no condenarán a alguien por sus creencias o su conducta, cuyos sentimientos son el estándar para todo juicio, y cuyo enfoque está en su propio interés y no en el del Señor.

Pero la más grande tragedia es cómo estas filosofías están afectando a la iglesia. ¿No ha sentido Ud la influencia de estas filosofías individual o congregacionalmente? Hay demasiados hoy quienes no sienten mucho respeto por la Escritura y su relevancia para el diario vivir. Cada día tenemos a más personas en la iglesia violando los estándares morales de la Biblia, incluyendo infidelidad marital, divorcio, bebida social, homosexualismo, juegos de azar, mentira, pornografía y conducta abusiva. La vida en la iglesia actual es menos rigurosa en sus códigos de conducta que hace unas décadas atrás. Y cuando la Escritura es vista por los líderes de la iglesia como “cartas de amor” y no como mandamientos que deben obedecerse, el texto sagrado pierde su autoridad y poder para crear en sus lectores una tristeza piadosa que les guíe al verdadero arrepentimiento.

Se nos está tratando de inculcar que aceptemos a los demás como salvos sin importar lo que han hecho o si no han obedecido. Debemos acomodar nuestra doctrina para incluir a todos ya que hemos sido herméticos y exclusivos. Ya el bautismo no es para el perdón de pecados, no hay nada malo con adorar con instrumentos musicales, y debemos regocijarnos cuando nos reunimos con personas que creen estas cosas. ¿Cómo es posible que podamos juzgar o condenar a otros cuando tenemos una viga así en nuestro propio ojo?

Además de esto está el emocionalismo en la adoración donde Dios le habla a alguien “directamente” y no por medio de la Escritura sola, donde la adoración debe ser una en la que yo “me sienta bien” por la guía del Espíritu, y donde el Espíritu de Dios no tiene limitaciones en las áreas de sanidad, profecía, hablar en lenguas, y en otros dones espirituales. Aquellos que han comprado estas filosofías insisten en sus derechos en la iglesia, enfatizando la relación por encima de la Escritura; después de todo, ¡Dios sólo quiere que seamos felices!

Estamos en peligro de cometer el trágico error de Israel, el error “… de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios a sus propios ojos e inteligentes ante sí mismos!” (Isa. 5:20-21). Sin importar lo que diga la cultura, ¡Dios nos llama a serle fieles!

NUESTRO CARÁCTER

“…para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida” (4:9b). ¿Qué habían visto los ojos de Israel? Ellos habían visto como Moisés los había guiado en la confrontación con el faraón, los guio lejos de la esclavitud, cruzaron el Mar Rojo hacia la libertad, los guio al monte Sinaí a recibir la ley y la organización de Dios, los guio hasta la frontera de Canaán la primera y la segunda vez, y los guio con lealtad durante cuarenta años en el desierto. Moisés literalmente salvó a Israel de la destrucción en varias ocasiones. Cuando el pueblo puso a Aarón a hacerles un becerro de oro para practicar su idolatría, fue Moisés quien intercedió con Dios para que no destruyera la nación (Ex. 32:9-11). Cuando diez de los doce espías destruyeron la fe y la confianza de la nación, fue Moisés quien intervino para que Dios no destruyera la nación (Núm. 14:11-12). Ahora, en la ribera oriental del río Jordán, el hombre de Dios le dijo a su pueblo que escuchara, recordara y obedeciera, que evitara la idolatría y guardara los mandamientos que Dios le había dado, y que recordara la naturaleza de Dios y el por qué Dios los había escogido y bendecido. Pero Israel no entendió el deseo de Dios; no entendieron que tenían que seguirlo y fracasaron en ser un pueblo para la posesión de Dios.

Los miembros de la iglesia del Señor han sido llamados fuera del mundo para escuchar, recordar, y obedecer la voluntad del Padre y realizar su obra hasta que Cristo venga. Un texto clásico que nos recuerda nuestro llamado y el carácter cristiano que debemos desarrollar es Tito 2:11-14. Pablo nos recuerda la gracia de Dios que nos salvó (11) pero que nos continúa enseñando (12), primero en términos de lo que debemos remover de nuestras vidas, es decir, la impiedad, la conducta externa que traiciona a Dios (1 Cor. 10:31), y los deseos mundanales, los impulsos internos de los que deriva la conducta (1 Jn. 2:15). Segundo, la gracia de Dios nos enseña acerca de lo que debemos restaurar en nuestras vidas, es decir, que debemos vivir sensiblemente con respecto a nosotros mismos (Col. 3:5-10), justamente con referencia los demás (3:11-14), y piadosamente con relación a Dios el Padre (3:15-17).

Pablo continúa diciendo que la gracia de Dios nos separa del resto del mundo para que seamos un pueblo especial para Dios (13-14), un pueblo que viva en la esperanza gloriosa del regreso del Señor, un pueblo que ha sido redimido de cada obra impía, un pueblo para su propia posesión, y un pueblo que es celoso de las buenas obras.

El deseo de Dios es que seamos un pueblo que le pertenezca a Él y solamente a Él. Él sabe quiénes somos y lo que hemos hecho. Al redimirnos de la ignorancia, de la idolatría, de la inmoralidad, la indiferencia y la inconsistencia, Él nos llamó por medio del evangelio para ser suyos, y lo seremos si lo elegimos, lo amamos y lo obedecemos. Israel fracasó porque no entendieron lo que Dios quería que fueran y llegaran a ser. ¡Nosotros no debemos fallarle de esa manera!

NUESTRO DESAFÍO

… sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos” (4:9c). Casi cuarenta años habían pasado desde que los Israelitas habían abandonado la esclavitud en Egipto, cuarenta años de vagar por el desierto porque no confiaban en Dios, dirigiéndose a la muerte de todos los adultos con dos excepciones. Ahora Moisés apela a la segunda generación antes de que entren a la Tierra Prometida para recordarles las cosas que ellos han visto y oído acerca de Dios, y para que triunfaran en lo que sus padres habían fracasado, preservando en sus corazones una verdadera relación con Dios. Sólo cuando esta relación está atesorada en sus corazones ellos pueden pasarla a sus hijos y a sus nietos, por su bien, por su supervivencia y para su justicia (Deut. 6:24-25).

Este es el desafío que espera a cada generación del pueblo de Dios. Pablo da el mismo énfasis a los romanos y con nosotros cuando él escribe, “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, os hicisteis obedientes de corazón a aquella forma de enseñanza a la que fuisteis entregados;  y habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia” (6:17-18). La obediencia genuina fluye desde el corazón de padres y abuelos hacia los hijos y los nietos en la forma de instrucción e inspiración, también para nuestro bien, nuestra justicia, y para la supervivencia de la iglesia del Señor.

En respuesta a las falsas filosofías mencionadas anteriormente, nosotros debemos aceptar el desafío del relativismo manteniéndonos firmes en las Escrituras  como nuestro estándar absoluto en todo lo que creemos y practicamos. Aceptamos el desafío del Pluralismo recordando que el cristianismo nació en un tiempo de pluralismo, pero que la iglesia primitiva rehusó admitir todos los puntos de vista como igualmente buenos, y nosotros tampoco lo haremos. Aceptamos el desafío del Emocionalismo cuando practicamos el balance apropiado de la adoración en espíritu y en verdad (Jn. 4:24) y hablando la verdad en amor (Ef. 4:15). Aceptamos el desafío del Individualismo, desarrollando la mente de Cristo (Filp. 2:5), recordando siempre que, ¡no se trata de nosotros, se trata de Él!

CONCLUSIÓN


En una cultura de cambio Dios nos llama por medio de Cristo a una vida de fe y de fidelidad, de humildad y santidad, de obediencia y optimismo, de bondad y piedad. La memorable apelación de Moisés, “Oye Israel” ciertamente puede preservar a un pueblo en santidad cuando revisamos cómo Dios ha tratado con nuestro pasado, cuando renovamos nuestra lealtad hacia Su voluntad, cuando recordamos las consecuencias de nuestras elecciones, y cuando nos percatamos de nuestro lugar en la iglesia en cuanto a cómo realizamos Su obra. 

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Resucitó Jesús un Domingo?

La referencia más frecuente a la resurrección de Jesús revela que Él se levantó de la tumba al tercer día de Su sepultura. Mateo, Marcos y Lucas registran que Jesús profetizó que se levantaría de la tumba en ese día (Mat. 17:23; Mr. 9:31; Lc. 9:22; et.al.). El apóstol Pablo escribió en su primera epístola a los Corintios que Jesús se levantó de la tumba “al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:4). Y mientras predicaba a Cornelio y a su casa, Pedro enseñó que Dios levantó a Jesús “al tercer día” (Hch. 10:40, énfasis añadido). Sin embargo, los escépticos son rápidos en declarar que estos enunciados contradicen flagrantemente a Mateo 12:40, donde se registra que Jesús dijo a los fariseos que estaría en el corazón de la Tierra “tres días y tres noches”, como también a Marcos 8:31, donde Jesús declaró que se levantaría “después de tres días” (énfasis añadido).

Aunque a los ojos de los lectores del siglo veintiuno estos enunciados puedan parecer contradictorios a primera vista, en realidad armonizan perfectamente si se entienden los métodos antiguos que se usaron para calcular el tiempo. En el primer siglo se podía considerar a cualquier parte de un día como un día completo y la noche que le seguía (comp. Lighfoot, 1979, pp. 210-211). El Talmud de Jerusalén cita al rabí Eleazar ben Azarías, quien vivió alrededor del año 100 d.C., diciendo: “Un día y una noche son una Onah [‘una porción de tiempo’] y la porción de una Onah es como una Onah completa” (Jerusalem Talmud: Shabbath ix. 3, citado en Hoehner, 1974, pp. 248-249, corcheas en original). Azarías indicó que se podía considerar a una porción de un periodo de veinticuatro horas como “una Onah completa”. Por ende, en el tiempo de Jesús, Él hubiera estado en lo correcto cuando enseñó que Su sepultura duraría “tres días y tres noches”, incluso cuando no fueran días completos de 24 horas.

Las Escrituras están llenas de referencias que muestran que una parte de un día a menudo es equivalente al día completo. Note los siguientes ejemplos:

  • Según Génesis 7:12, la lluvia del diluvio de Noé cayó sobre la Tierra “cuarenta días y cuarenta noches”. El versículo 17 de ese mismo capítulo dice que cayó sobre la tierra por solo “cuarenta días”.

  • En Génesis 42:17 José encarceló a sus hermanos por tres días. Luego, en el versículo 18, él habló con ellos al tercer día, y por el contexto parece que les liberó ese mismo día—es decir, al tercer día.
  • Cuando Israel pidió al Rey Roboam que aliviara su yugo, él quiso tiempo para pensar en la petición, así que pidió a Jeroboam y al pueblo de Israel que regresaran “de aquí a tres días” (2 Crón. 10:5, énfasis añadido). El versículo 12 dice que Jeroboam y el pueblo de Israel vinieron a Roboam “al tercer día, según el rey les había mandado diciendo: Volved a mí de aquí a tres días” (énfasis añadido). Es interesante notar que incluso cuando Roboam pidió que el pueblo regresara “de aquí a tres días”, ellos entendieron que esto significaba “al tercer día”.
  • En 1 Samuel 30:12-13, se usan intercambiablemente las frases “tres días y tres noches” y “tres días”.
  • Cuando la reina Ester estaba a punto de arriesgar su vida al presentarse delante del rey sin ser invitada, ella instruyó a sus compatriotas judíos a seguir su ejemplo al no comer “en tres días, noche y día” (Est. 4:16). El texto continúa diciendo que Ester se presentó ante el rey “al tercer día” (5:1, énfasis añadido).

Al estudiar estos y otros pasajes, se puede ver claramente que la Biblia usa las expresiones “tres días”, “al tercer día”, “después de tres días” y “tres días y tres noches” para hacer referencia al mismo periodo de tiempo.

Aunque en el siglo veintiuno algunos puedan pensar que este razonamiento es un poco confuso, nosotros también usamos frecuentemente expresiones idiomáticas similares. Por ejemplo, un hombre puede venir a su casa y decir a su esposa que ha estado en la oficina “todo el día”. Él no quiere decir que trabajó en la oficina desde la madrugada hasta casi la medianoche, sino quiere decir que ha pasado la mayor parte de su día en la oficina. Finalmente, considere al estudiante universitario que dice a su profesor que ha trabajado en un proyecto de investigación “día y noche por cuatro semanas”. Obviamente él no quiere decir que trabajó las 672 horas completas (24 horas x 7 días x 4 semanas) sin dormir. Puede ser que trabajó desde las 6:00 a.m. hasta las 12:00 a.m. por cuatro semanas en el proyecto, pero no por 672 horas sin dormir. Si solamente durmió cinco a seis horas en la noche, y trabajó en el proyecto casi todas las horas que estaba despierto, nosotros le consideramos como alguien que realmente trabajó “día y noche por cuatro semanas”.

Una evidencia adicional que indica que los enunciados de Jesús concernientes a Su sepultura no fueron contradictorios tiene que ver con el hecho que Sus enemigos nunca le acusaron de auto-contradecirse. De hecho, hablando acerca de Jesús, los sacerdotes y fariseos incluso dijeron a Pilato el día posterior a la crucifixión: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré” (Mat. 27:63-64, énfasis añadido). La frase “después de tres días” debe haber sido equivalente “al tercer día”, de otra manera los fariseos hubieran pedido una guardia de soldados hasta el cuarto día. ¿Por qué los escépticos acusan a Jesús de contradecirse, pero no a los fariseos hipócritas?

La expresión idiomática “tres días y tres noches” que Jesús empleó cuando comparó Su sepultura a la “sepultura” de Jonás en el vientre de la ballena, no significa que Él estuvo sepultado literalmente 72 horas. Si interpretamos el relato de la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús a la luz del marco cultural del primer siglo, y no según el (mal) entendimiento moderno de los escépticos, no encontraremos errores en todas las expresiones que Jesús y los escritores del evangelio usaron.

Pero, algunos que aún quieren añadir más hierro a la cuestión citan la expresión que se traduce de maneras diferentes en algunas versiones de la Biblia con respecto al relato del día de la resurrección en Mateo. Veamos este caso.

Mateo 28:1 dice,Al final del día de reposo” (KJV), o “Después del día de reposo” (ASV, LBLA). Pareciera decir que las mujeres vinieron a la tumba y la encontraron vacía en la tarde del ‘Sabath’, lo cual indicaría que Jesús resucitó el sábado y no el domingo.

Pero no, esto no significa que Jesús se levantó de la tumba el sábado. El problema está en algunas traducciones del griego original al español.

Primero, el otro relato de evangelio claramente muestra que esta visita aconteció el primer día de la semana (Mr. 16:11-2; Lc. 24:1; Jn. 20:1).

Segundo, la traducción de Mateo 28:1 debería ser así: “Después del día sábado, cuando iniciaba el primer día de la semana…El sábado finalizaba a las 6:00 de la tarde, y el amanecer del día domingo estaba por llegar. El griego del pasaje es οψε δε σαββατων, que significa “después del sábado” (Arndt & Gingrich 1967, 606). La Revised Standard Version lo traduce correctamente de la siguiente manera: “Ahora, después del sábado… La New American Standard Version también lo traduce así.

Tercero, es el testimonio universal tanto de la Escritura como de la historia de la iglesia que los cristianos primitivos consideraban el domingo como el día de la resurrección de Cristo.
·         Los discípulos se reunieron en el día de la resurrección (Jn. 20:19), y luego otro domingo después de ese, la siguiente semana (20:26).

·         La iglesia fue establecida en el día de Pentecostés, el cual siempre caía domingo (Lev. 23:15-16; Hch. 2:1).

·         Los cristianos primitivos, bajo el liderazgo de hombres inspirados, adoraron en el día domingo (Hch. 20:7; 1 Cor. 16:2).

·         Ese día posteriormente recibiría el nombre del “Día del Señor” (Apo. 1:10).

Con toda esta evidencia también concuerdan los testimonios de los escritores de la era post-apostólica, es decir, del 100 al 325 d. C. Para ellos el domingo era el día de la resurrección.

El Señor se levantó de entre los muertos no el día sábado, sino en la mañana del domingo. Ω

Referencias
  • Arndt, William and F. W. Gingrich. 1967. A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature. Chicago, IL: University of Chicago.
·         Hoehner, Harold W (1974), “Chronological Aspects of the Life of Christ—Part IV: The Day of Christ’s Crucifixion,” Bibliotheca Sacra, 131:241-264, July.
·         Lightfoot, John (1979 reimpresión), A Commentary on the New Testament from the Talmud and Hebraica (Grand Rapids, MI: Baker).

martes, 21 de abril de 2015

¿Cómo serán juzgados aquellos que nunca conocieron el evangelio?

Ninguno de nosotros, más allá de su propia fuente de conocimiento y sabiduría, puede declarar enfáticamente cómo Dios va a “juzgar” cierto caso en específico. Por ejemplo, ¿Judas murió perdido? El Nuevo Testamento es claro en cuanto a que él se perdió (Jn. 17:2; Hch. 1:25). ¿Pero qué podemos saber acerca de Salomón? ¿Regresó él de su vida de libertinaje e insensatez? El libro de Eclesiastés podría sugerir que lo hizo, pero no podemos asegurarlo.

Cuando Dios destruyó a miles de personas entre las naciones gentiles, ¿significa eso que cada una de esas almas se perdió? (comp. Ro. 2:12-16). Cuando un vasto número de hebreos cayó en el desierto debido a una pestilencia de procedencia divina, ¿cada una de las personas que sufrió las consecuencias de estos castigos también se perdió eternamente? Nosotros simplemente no sabemos las respuestas a estas preguntas. Uno no puede sentarse con pluma y papel y hacer una lista de los personajes bíblicos, y colocar “salvo” y “perdido” al lado de cada nombre, como si nosotros tuviéramos una certeza de cuál fue el destino final de cada uno de ellos. En algunos casos uno puede saber definitivamente (como con Judas), pero el destino eterno de cientos de otras personas es para nosotros un misterio.

El Señor no nos ha designado como “jueces”, para que dictemos sentencia final con respecto al bienestar eterno de los demás. Sin embargo, hay algunas directrices en la Escritura que permiten al estudiante devoto de la Biblia obtener algunas conclusiones. Aparte de esto, es prudente reconocer y admitir que la soberanía del Creador no nos ha designado para hacer Su labor.

Aquí hay algunos principios que expone la Biblia

UN JUICIO JUSTO — Abraham una vez hizo la siguiente pregunta retórica: ¿Acaso el Juez del mundo no debe hacer justicia?” (Gén. 18:25). El Señor juzgará al mundo con su propio estándar de justicia (Sal. 96:13; 98:9; Hch. 17:31; 2 Tes. 1:5). Él será razonable, pues es el Dios que “no hace acepción de personas” (Hch. 10:34). Ni siquiera los perdidos dudarán de Él; por el contrario, ellos reconocerán Su justicia y soberanía (Ro. 14:11; comp. 2:5). Los impíos “se convencerán” de que siguieron un camino de una vida rebelde (Jud. 15).

UN JUICIO INELUDIBLE — En su discurso a los atenienses, Pablo declaró que Dios ha escogido un día en el cual juzgará al mundo. El apóstol afirmó que la seguridad de que ese día va a llegar está garantizada por el hecho histórico de la resurrección de Jesús de entre los muertos (Hch. 17:31). ¡No existe un ancla histórica más firme que esa!

UN JUICIO TERRIBLE — Hay una declaración en la segunda carta de Pablo a los cristianos de Tesalónica la cual tiene una perspectiva temible. Escúchela:

Y daros alivio a vosotros que sois afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (2 Tes. 1:7-9).

El punto que debemos hacer, en vista de la pregunta bajo consideración es este. En la opinión de muchos eruditos, la construcción de este pasaje, con el uso doble del artículo griego, es decir, los que no conocen a Dios, y los que no obedecen el evangelio, indica que hay dos tipos de personas que están en la mira. Samuel Green aseveraba que “hay dos clases distintas, incurriendo en diferentes tipos de castigo” (Handbook to the Grammar of the Greek Testament, London: Religious Tract Society, 1907, p. 199; cf. A.T. Robertson, Word Pictures in the New Testament, Nashville: Broadman, 1931, Vol. IV, p. 45).

¿Estará alguien en la libertad de contender, contrario a esta declaración, que algunos se salvarán aun cuando nunca conocieron a Dios o no obedecieron el evangelio? Muchos escritores hacen esa suposición, pero el que la hace, la hace presuntuosamente. Cuando Pedro hizo la pregunta retórica: “¿Cuál será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pe. 4:17), no pareciera que dejara la pregunta abierta a la especulación.

Uno debe recordar que, en una de sus enseñanzas más ilustrativas, Jesús declaró que aun aquellos que “no conocían” la voluntad de su Señor pero que hicieron cosas “dignas” de condenación, serán castigados por su Señor cuando Él regrese (Lc. 12.47-48).

ALGUNOS PUNTOS CONCLUYENTES

Una cosa está perfectamente clara. Nadie puede atenerse a la ignorancia para salvarse. Como Pablo dijo a la gente de Atenas, quienes adoraban en ignorancia (aunque quizá sinceramente), “Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan” (Hch. 17:30). Los términos “todos” y “en todas partes” dejan poco espacio para la flexibilidad.

Adicionalmente, el siguiente punto se ha hecho frecuentemente y tiene mucha fuerza. Si es el caso que aquellos que nunca han oído el evangelio se salvarán en su condición pecaminosa, simplemente porque ellos no conocían la verdad, ¿no sería mejor dejarlos en ese estado de ignorancia? Pues si los exponemos a la verdad, y la rechazan, hay poca controversia acerca de cuál será su destino eterno.

Al discutir Romanos 1:18-32, el profesor Jack Cottrell ha escrito: “Nos engañaríamos a nosotros mismos si mantuviéramos una falsa esperanza para los que no han sido evangelizados sobre la base de que no han oído el evangelio” (Romans, Joplin, Mo: College Press, 1996, Vol. I, p. 170).

Hay temas difíciles que nosotros sencillamente debemos dejar en las manos de nuestro Sabio y Benevolente Dios. No contamos con el suficiente conocimiento como para mirar más allá de la niebla de nuestra información limitada, ni somos lo suficientemente justos (tendemos a errar debido a nuestra humana debilidad) como para presumir que este o aquel “debería” ser el caso.

La tarea del cristiano es presentar el evangelio —firme y compasivamente— sin comprometer las condiciones para la salvación ni los principios de la vida piadosa. Pero debemos contener nuestro impulso de entrar al terreno que sólo es de acceso divino. Debemos dejar la disposición final del asunto al Dios omnisciente.

Si hay una lección que el estudiante de la Biblia debe aprender de “La Parábola del Trigo y la Cizaña” que enseñó el Salvador, es esta: los hombres falibles no están calificados para hacer la separación final entre “el trigo” y “la cizaña” (Mat. 13:28-29).


También debemos evitar las especulaciones sin sentido que puedan situar al Señor en una luz desfavorable. Por ejemplo, si la salvación se le otorga a las almas honestas/ignorantes, aparte de la misión redentora de Jesús, entonces ¿para qué vino Él a la tierra a sufrir en la cruz? ¿Le envió el Padre caprichosamente a morir, iniciando así un “plan de redención”, cuando, en realidad, no había necesidad para una medida tan drástica? El pensamiento mismo involucrado en estas conclusiones es insoportable. Si podemos parafrasear parcialmente a Pablo, “Si la salvación se obtiene sin necesidad de Cristo, entonces ¿habrá muerto en vano? (Gál. 2:21). Ω

domingo, 19 de abril de 2015

Ron Wyatt, el “Indiana Jones” de la Iglesia Adventista

Ron Wyatt (1933-1999) fue un anestesista de enfermería en un hospital en Madison, Tennessee. A la edad de 27 vio una imagen en la revista Life Magazine del sitio Durupinar —Una formación rocosa natural con forma de bote— en el este de Turquía. Circuló la especulación febril de que eso podría ser lo que quedó del Arca de Noé. Esto encendió la chispa del interés de Wyatt, y fue lo que dio inicio a su larga carrera amateur como pseudo arquéologo sensacionalista.

Durante los últimos 22 años de su vida él hizo numerosos viajes a Medio Oriente. Las afirmaciones asociadas con sus “descubrimientos” hacen que el “Indiana Jones” de Harrison Ford palidezca en el olvido. Sin embargo, hoy, más de una década después de su muerte, los actuales golpes de pechos de sus “hallazgos” sin paralelos son promulgados vía web por la Wyatt Archaeological Research, y las distintas facciones competitivas que publican sus proezas.

Su obra ha sido desacreditada completamente por los arqueólogos profesionales y por eruditos bíblicos de renombre. El 8 de agosto de 1996, Joe Zias, Conservador de Antropología/Arqueología con la Autoridad de Antigüedades de Israel (Jerusalén), publicaron la siguiente declaración:

“El señor Ron Wyatt ni es un arqueólogo ni ha llevado a cabo una excavación autorizada legalmente en Israel o Jerusalén. Para realizar este tipo de excavaciones uno debe poseer por lo menos una licenciatura en arqueología la cual él no posee a pesar de que él afirme lo contrario. Creemos que sus afirmaciones están al borde de lo absurdo puesto que no cuentan con una base científica ni han sido publicadas en una revista profesional. Estas caen en la categoría de basura de esa que se encuentra en tabloides como National Enquirer, Sun, etc. Es sorprendente que haya alguien que le crea” (http://www.tentmaker.org/WAR/Zias.html)

La afiliación religiosa de Wyatt era con la secta Adventista del Séptimo Día. Irónicamente, la mayoría de las exposiciones del caballero son avaladas por dos eruditos de su propia denominación, Russell R. y Colin D. Standish.

Los hermanos Standish eran gemelos idénticos que provenían de New South Wales, Australia. Russell (quien murió en 2008) era médico, administrador de hospitales y un médico misionero; Colin es el fundador y presidente del Hartland College en Virginia. Ambos fueron ordenados como ministros por el ala conservadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Ellos han sido escritores prolíficos, coautores de muchos libros, entre ellos Las Reliquias Sagradas o RevelacionRecientes Afirmaciones Arqueológicas Evaluadas [Al cual llamaremos HRR].

ALEGADOS DESCUBRIMIENTOS

Según el libro antes mencionado,  Wyatt descubrió o identificó aproximadamente noventa y dos reliquias o sitios (HRR, 7-10). Esto incluye:

  • El hogar de Noé y una inscripción acerca del Diluvio en ese lugar,
  • Vallas de la granja de Noé,
  • Anclas de piedra del Arca de Noé,
  • Piso de madera laminado del Arca,
  • El Altar de Noé,
  • Tumbas con las lápidas de Noé y su esposa,
  • La localización exacta del cruce del Mar Rojo,
  • Las ruedas de los carruajes egipcios involucrados en la persecución de  los Israelitas,
  • El Libro de la Ley escrito por Moisés sobre piel de animales,
  • Oro del Becerro de Oro creado por Aarón,
  • El Arca del Pacto,
  • Las Tablas de los Diez Mandamientos,
  • La Mesa de los Panes de la Proposición del Tabernáculo,
  • La espada de Goliat,
  • La tumba de Jesús y la piedra que sellaba la tumba,
  • Una muestra de sangre seca de Cristo, probando la veracidad del nacimiento virginal por medio del “conteo de cromosomas”, etc.

¡Si todas las afirmaciones de Wyatt fueran ciertas, él sería el arqueólogo más notable en la historia de la disciplina escolástica! Y sin embargo, él no tuvo credibilidad ante ninguno de los eruditos reconocidos; él era y es venerado solamente por una banda de crédulos, aunque devotos, discípulos sectarios.

SERIOS PROBLEMAS

En esta breve revisión del libro de los hermanos Standish, ofrecemos dos devastadores ejemplos de los fraudes perpetrados por Ron Wyatt. De hecho, los noventa y nueve ejemplos promovidos por Wyatt y sus seguidores, ¡son una “casa de naipes” que cae bajo el peso de su propia insensatez!

Considere los siguientes dos que son de los ejemplos más sensacionales

HUESOS Y RUEDAS DE CARRUAJES

Wyatt afirmaba que había encontrado el lugar exacto donde los israelitas habían cruzado el Mar Rojo sobre terreno seco, antes que las aguas se volvieran a juntar y ahogaran a las fuerzas de Faraón. Él contendía haber explorado el suelo del Golfo de Áqaba, usando herramientas de buceo. Supuestamente, una “litera de vehículo” en forma de rueda, estructuras, y los huesos de humanos y caballos esparcidos sobre una extensa capa de arena.

Varias cosas se pueden decir acerca de esta afirmación (HRR, 184ss). Primero, el sitio de la ruta del éxodo, como está descrito en Éx. 14:1ss, es algo bastante disputado. Los tres sitios específicos mencionados en el registro de Moisés (v. 2) “se han perdido en las arenas del tiempo” (Bruckner, 2008, 129). Nadie conoce el lugar preciso de ese cruce. La erudición conservadora argumenta fuertemente que Israel cruzó el Golfo de Suez (Vos, 2003, 104ss), y no el Golfo de Áqaba, como Wyatt contendía.

Segundo, Wyatt afirmaba que él estaba utilizando un simple equipo de buceo recreacional cuando descubrió estas ruedas, etc. a una profundidad de aproximadamente 200 pies en el Golfo. Sin embargo, el equipo de buceo ordinario está diseñado para trabajar cómodamente sólo a profundidades de aproximadamente 125-130 pies. Más allá de eso se necesita un equipo mucho más sofisticado.

Tercero, se nos dice que el ejército de Faraón fue destruido “en medio del mar” (Éx. 14:23) lo cual, según las medidas de la Armada Británica, está a casi 2,800 pies de profundidad en medio del Áqaba. ¡Esto difícilmente armoniza con los “descubrimientos” a 200 pies de Wyatt!

Luego está el asunto de los huesos— de caballos y de hombres— que encontró Wyatt, supuestamente. Recordemos que la destrucción del ejército de Faraón se dio hace unos 3,500 años. Compare esto con los siguientes hechos. El Titanic se hundió en 1912 y naufragaron 1,553 personas. En 1985, 73 años después de la catástrofe del Atlántico, el barco hundido fue descubierto y explorado. Se diseñaron cámaras de TV para usar bajo el agua y equipo especial de vídeo, y además, se tomaron más de 53,000 fotos. No se encontraron restos de un solo individuo —ni piel ni huesos. Todo había sido completamente consumido por los peces, crustáceos, y los efectos destructivos del agua salada (HRR, 179ss).

Luego de sus extensivas investigaciones, los hermanos Standish declararon que ninguna rueda de carruajes, ni restos de huesos de humanos o de caballos encontrados en el Golfo de Áqaba, fueron alguna vez sometidos a exámenes y pruebas de las autoridades científicas (HRR, 283-284). A pesar de este hecho, el sitio web del Museo Wyatt dice: “Ron realmente encontró el núcleo de una rueda de la cual salían ocho rayos dándole forma”.

¡De hecho, él afirmaba haber encontrado ruedas con 4, 6, y 8 rayos! Una autoridad asevera que la videocinta que Wyatt empleó para mostrar estos “artefactos” bajo el agua, parece ser un fraude; él lo desafió a testear estos artículos con una prueba de Carbono 14 —si es que en realidad tenían una muestra auténtica de algo (Zias, op. cit).

LA ALEGACIÓN EN CUANTO A LA SANGRE DE CRISTO

 Los problemas asociados con los alegados descubrimientos de Wyatt son astronómicos —más allá de nuestra capacidad de poder calcular.

Tome, por ejemplo, la aseveración de que él encontró un residuo de la sangre seca de Cristo la cual había goteado hasta el propiciatorio del Arca del Pacto, localizada dentro de una cueva asociada con el templo original de Salomón en Jerusalén.

Una de las pruebas que presentan los defensores de Wyatt fue tomada y regresada a Nashville, Tennessee donde Wyatt tenía la “sangre” analizada en un laboratorio.

En otra ocasión, en una entrevista con Russell Standish, Wyatt afirmaba que las muestras fueron estudiadas en un laboratorio en Jerusalén.

La contradicción salta a la vista.

¿Dónde estaba el laboratorio? ¿Están aún las muestras allí ya que se alega que habían fluido copiosas cantidades de sangre? ¿Dónde están los registros de las pruebas? ¿Se pueden tomar otras muestras? ¿Hay alguna clase de evidencia acerca de este descubrimiento? ¿Por qué nunca se presentó la evidencia para un examen crítico y científico?

Una explicación que se da es que las autoridades de Israel que se contara la historia debido a que la localización del arca estaba muy cerca de uno de los sitios más sagrados de los islámicos, y el anuncio hubiera precipitado un conflicto violento entre judíos zelotes y los musulmanes.

Sin embargo, al mismo tiempo, Wyatt estaba “cotorreando” la historia del descubrimiento en Europa, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda (HRR, 5, 55, 89), ¡Y sin censura alguna de parte del gobierno de Israel! La realidad es que, según los abogados de Wyatt, Joe Zias de las Antigüedades de Israel (dado como referencia arriba) “dotó de toda autoridad para la entrega pública del reporte de las muestras de Wyatt” (HRR, 90). Entonces ¿por qué no mostrar al mundo las pruebas concretas?

Por otra parte, ¡Wyatt afirmaba que “un ángel” le prohibió dar más detalles acerca de sus descubrimientos! (HRR, 70, 90, 285). Hay otros relatos acerca de apariciones “angelicales”, y aun una afirmación de haber visto a Cristo (HRR, 127ss).

De manera incidental, la razón por la cual Wyatt sabía que había visto a Jesús era ¡porque el Señor “estaba vestido exactamente como Ellen White [la auto proclamada “profetisa” de la Iglesia Adventista del Séptimo Día] lo había visto en visión, con el borde azul en la basta de su túnica”!

CONCLUSIÓN

Ninguna persona racional está bajo la obligación de aceptar las aseveraciones de Wyatt debido a la carencia de pruebas creíbles. En cambio, era su deber proveer evidencia concreta para la observación y las pruebas de las afirmaciones realizadas. Nunca lo hizo. Sus presunciones fueron todas espurias.

Aquellos interesados en investigar la veracidad de las afirmaciones de Wyatt deberían conseguir una copia de Holy Relics or Revelation (Hartland Publications, Box 1, Rapidan, VA22733).

Referencias

  • Bruckner, James. 2008. Exodus, Peabody, MA: Hendrickson.
  • Standish, Russell R. and Colin D. Standish. 1999. Holy Relics or Revelation – Recent Astounding Archaeological Claims Evaluated. Rapidan, VA: Hartland Publications.
  • Vow, Howard. 2003. Wycliffe Historical Geography of Bible Lands – Revised. Peabody, MA: Hendrickson.
  • Wyatt Museum – http://www.wyattmuseum.com/red-sea-crossing-05.htm

viernes, 6 de marzo de 2015

Decencia y Orden en el Culto de Adoración

1 CORINTIOS 14:40
Análisis gramatical, lógico y bíblico

1. “Decentemente”. Gr. EUSCHEMÓNOS: “De una manera decorosa; decentemente” (THAYER); “Con dignidad” (A. TUGGY).

·         Decoroso es algo “de elegante figura, bien formado, con donaire y gracia” (W. E. Vine).

·         Decente es algo “de elegante estampa, noble, de manera distinguida” (W. E. Vine).

·         Digno es algo “de peso, valioso” (W. E. Vine), de manera que cuando hacemos algo “con dignidad” significa que lo hacemos dándole el valor que tiene, valorando su peso en nuestras vidas.

Citas donde aparece el mismo término:

·         Ro. 13:13 (“Vivamos con honestidad, como a la luz del día, y no andemos en glotonerías ni en borracheras, ni en lujurias y lascivias, ni en contiendas y envidias”).
·        
1     1 Tes. 4:12 (“A fin de que se conduzcan honradamente con los de afuera, y no tengan necesidad de nada”).
·          
2. “Con orden”. Gr. TAXIS: “En el orden debido o apropiado; en una condición organizada. Actuar con carácter, cualidad y estilo” (THAYER).

Citas donde aparece el mismo término:

·         Col. 2:5 (“Porque aunque físicamente estoy lejos de ustedes, en el espíritu estoy entre ustedes, y me alegra ver su buen orden y la firmeza de su fe en Cristo”).

·         Heb. 5:6 (“Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”)

·         Hch. 14:21 (“…andas ordenadamente, acatando la ley”).

APLICACIÓN:

Si en el culto de adoración (tema de Pablo en 1 Corintios 11-14) debe hacer “todo” (Gr. PANTA, absolutamente todo) de una manera decente y con orden, y lo de arriba es la explicación textual de lo que esos dos términos indican entonces podemos concluir:

A. Quien asiste al culto debe venir preparado de su casa con una mentalidad que honre el valor que tiene lo que va a hacer.

B. Esto incluye desde su presentación (forma de vestir), su puntualidad, su conducta durante la celebración del culto y si participa de la dirección, su estilo apropiado con donaire y gracia de realizar cada acto que va a dirigir.

C. La persona que nos visita no solamente debe ser impresionada por la verdad predicada; según este texto debe impresionarse positivamente por la forma en que nos presentamos a adorar a Dios, la organización con la que hacemos todo y la elegancia en nuestra apariencia.

D. Sólo hay que comparar la forma en la que tratamos los servicios de la iglesia en comparación con otras actividades. Al trabajo no llegamos media hora tarde cada vez. No nos presentamos en zapatillas (tenis) o con un suéter de estar en casa o de hacer deporte. Eso no sería elegante, decoroso, digno. En una boda todos saben cuál es su papel y todos se esfuerzan en realizarlo adecuadamente, dando una buena impresión a los invitados, lo mismo en una ceremonia de graduación.

E. ¿Podría alguien decir con verdad que “valora” el peso que tiene estar ante la presencia de Dios si no se presenta a tiempo a adorarle? ¿Y si pasa la adoración pendiente de su celular o conversando con otro hermano? ¿Será tratar a Dios como alguien Digno si me presento ante Él con suéter y zapatillas a dirigir ante la congregación?

F. La forma en que nos vestimos, la hora a la que llegamos y la manera en la que nos conducimos durante la adoración dice mucho de cuánto valoramos esa actividad en nuestras vidas. Y si no lo hacemos “decentemente y con orden”, estamos quebrantando una ley de Dios. “Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor. 38 Pero si alguno no reconoce esto, él no es reconocido”.


De nada nos sirve asistir si no obedecemos este mandamiento pues “no seremos reconocidos” por Dios debido a nuestra conducta, apariencia o nuestra actitud. Recordemos que quien no se viste de boda, será echado fuera (Mat. 22:11-13). Seamos “honrados” con Dios y no hagamos cosas que demuestren lo contrario de lo que decimos con nuestros labios.

jueves, 5 de febrero de 2015

¿Qué podemos decir acerca de la “bebida social” en el Antiguo Testamento?

Un hermano argumenta que Deuteronomio 14:26 prueba que el uso de la bebida alcohólica no es pecaminoso, de lo contrario el Señor no la hubiera autorizado. ¿Qué podríamos comentar al respecto?

Con ese dinero podrás también comprar todo lo que desees: vacas, ovejas, vino, sidra, o cualquier otra cosa que tú desees, y lo comerás delante del Señor tu Dios, y tú y tu familia se regocijarán.

¡Mi primera impresión es que una afirmación como esa refleja la disposición de la mente carnal que está buscando una justificación para la mundanalidad! Sin embargo, debo hacer la observación de que este punto de vista no es común, aun entre comentaristas de la Biblia. Por ejemplo, C. H. Walker escribió: “De esto queda claro que la bebida fuerte no es pecaminosa en sí misma” (Ellicott’s Commentary, pp. 11,45). Aunque hay varios factores que deben tomarse en consideración.

Primero, deberíamos considerar el contexto. El mismo tiene que ver con la obligación hebrea de traer sus “diezmos” al templo en ciertos tiempos indicados (vv. 22-23). Si un judío vivía a una gran distancia del santuario, haciéndose así contraproducente el transporte de sus productos, él podía vender sus bienes en casa y traer el dinero obtenido hasta Jerusalén (vv. 24-25). En relación con este evento, él podía comprar los artículos mencionados en el versículo 26 para “comerlos delante de Jehová”. Esta era una celebración religiosa.

¿Aquellos que argumentan que este es un precedente para nosotros hoy contenderíamos que podemos comer y beber licores como parte de nuestra adoración? Además. Al final de cada tres años, los hebreos debían poner estas festividades a disposición de “los extranjeros, los huérfanos y las viudas” (vv. 28-29). ¿Cuidaremos a nuestros huérfanos y viudas emborrachándolos? (Comp. Stgo. 1:27).

Segundo, deberíamos dar alguna consideración, pues siempre es ventajoso, a las palabras originales empleadas en el texto. Los términos hebreos traducidos vino (YAYIN) y sidra (SHECHAR) son más genéricas de lo que algunos suponen.

YAYIN se encuentra 141 veces en el Antiguo Testamento. Puede significar:

·         Una vid de uvas (Núm. 6:4);

·         Productos de la viña que pueden ser recogidos, bebidos o ingeridos (Deut. 28:39; comp. Jer. 40:10, 12);

·         El líquido que sale del lagar (Isa. 16:10; Jer. 48:33); o

·         Jugo de uvas fermentado (Prov. 23:31).

Así que YAYIN es un término general refiriéndose a una variedad de productos del jugo de la vid (comp. “toda clase de vino” — Neh. 5:18), y el contexto en el cual se emplea el término determinará su significado en una dada circunstancia.

Similarmente, SHECHAR (23 veces como sustantivo en el Antiguo Testamento) fue utilizado por los escritores de la antigüedad para denotar:

·         Siropes dulces (el término está relacionado con nuestras palabras “azúcar” y “azucarado”) tal como la miel de dátiles o el sirope de palma. Este se empleaba para bebidas dulces y artículos de comer;

·         Dátil o palma de vino en su estado fresco, aún no fermentado(Frederick Lees, Ph.D., inCyclopedia of Biblical Literature, John Kitto, Ed. , 1880, I, p. 585; este material es indispensable para el estudiante responsable); y

·         Bebidas intoxicantes de productos distintos a la uva (por ejemplo, el jugo de palma y granos — comp. Isa. 5:11).

Así que, con referencia al pasaje bajo discusión, el Dr. Lees comenta que “shechar también podría incluir el fruto dulce, como en Deut. 14:26, donde éste y yayin son situados entre las ofrendas de diezmo que podían comerse” (p. 584). Aunque no es el punto de vista general de este versículo controversial, ciertamente no está más allá del campo de la posibilidad. En vista de las numerosas advertencias en contra del peligro de las bebidas fuertes en el Antiguo Testamento, ¿parecería probable que Moisés alentara su consumo en una celebración ante Jehová?

Tercero, aunque se concede que la abstinencia total no fue requerida durante el régimen mosaico, eso no provee ninguna comodidad para el bebedor social moderno. La economía mosaica trata con el hombre en su estado rudimentario de desarrollo espiritual. Testifica esto los asuntos permitidos tales como la esclavitud, el concubinato, la poligamia, el divorcio por capricho, etc. El sistema mosaico era uno de preparación necesaria que con el tiempo sería sustituido por un sistema moral de mucha más responsabilidad (comp. Hch. 17:30).

Quizá una ilustración ayudará a esclarecer aún más esta cuestión. Bajo el sistema levítico, a los sacerdotes se les prohibió el uso de bebidas embriagantes mientras estuvieran ejerciendo sus funciones sacerdotales (Lev. 10:9). Sin embargo, ahora, bajo el régimen de Cristo, todos los cristianos son sacerdotes (1 Pe. 2:9; Apo. 1:6) y nosotros estamos en todo momento funcionando en el ofrecimiento de sacrificios espirituales a Dios (Ro. 12:1, 2; Heb. 13:15; 1 Pe. 2:5). ¿Cómo deberían los cristianos conducirse como ministros de un pacto superior?

Considere esta interesante cita de la Encyclopedia of Christianity (pp. III.457).

El estudio moderno de los efectos del alcohol muestra que es un anestésico, lo cual significa que éste afecta los más altos centros de funcionamiento del cerebro que regulan la moral y el juicio antes de que éstos afecten la percepción o la capacidad motora. El cristiano debería saber y estar consciente de que aun el uso más mínimo tendrá cierta influencia sobre estos altos centros del cerebro. Además, las bebidas alcohólicas se usan generalmente para los mismos propósitos de las drogas peligrosas. Ya que el hombre tiene la tendencia inherente a excusarse a sí mismo, estos factores deberían causar que los cristianos se cuestionen fuertemente cualquier reclamo de libertad en cuanto a su uso”.


Cuando todos estos factores se toman en consideración, e individuo espiritualmente maduro no tendrá dificultad con hacer una elección con respecto al consumo de bebidas alcohólicas. Ω

sábado, 31 de enero de 2015

¿Qué podemos decir acerca de "la bebida social"?

¿Qué podemos decir acerca
De “la bebida social”?

Generalmente no tratamos con preguntas que son meramente una pantalla de una duda sincera. Todo cristiano debe tener una “intuición espiritual” para responder a esta pregunta sin titubeos. Sin embargo, debido al prevaleciente interés en el tema, y debido a las conclusiones comúnmente erróneas a las que llegan algunos, nos hemos preparado para hacer una excepción. Responderemos a los viejos "argumentos" defendiendo esta práctica sin colocarlos en orden de importancia.

JESÚS CONVIRTIÓ AGUA EN VINO

No hay prueba alguna de que el “vino” en la fiesta de Caná fuera un vino fermentado. La palabra griega para “vino” en este texto es OINOS, la cual puede referirse a una bebida fermentada (comp. Ef. 5:18), o puede indicar el jugo recién exprimido de la uva (comp. Isa. 16:10, LXX). Ya que la palabra para “vino” es genérica, el estudiante de la Biblia no tiene derecho a importar el concepto de una bebida alcohólica a este pasaje sin alguna justificación textual —la cual de hecho no existe.

Además, lo que es un “consumo social” en nuestros días, no nos dice nada acerca de la práctica del siglo primero. El jugo de uvas era una bebida común en aquella tierra repleta de viñas.

Finalmente, el hecho de que el maestresala pudiera distinguir la calidad del vino comparándolo con el anterior, ¡sugiere que sus sentidos no estaban alterados por una previa embriaguez! Será útil recordar también que las bodas en esa época y cultura podía durar hasta una semana así que la cantidad de vino creada por Jesús no era para sustentar la sed de un solo día (comp. Alfred Edersheim, en sus “Bocetos de la vida social judía” [Sketches of Jewish Social Life]).

TIMOTEO TOMÓ VINO POR CAUSA DE SU ESTÓMAGO

El hecho de que Pablo instruyó a Timoteo a “tomar un poco de vino” por causa de sus constantes enfermedades estomacales involucra varias cosas.

Primero, demuestra que el joven evangelista estaba renuente a beber vino antes de que recibiera este consejo. Si beber vino fermentado era algo común entre los cristianos primitivos, esta amonestación no habría sido necesaria.

Segundo, obviamente Timoteo sufría de alguna enfermedad estomacal que requería atención médica. El agua en Asia Menor podía ser muy peligrosa, por esto el joven evangelista es aconsejado a “tomar un poco de vino” junto con su agua. La oración es elíptica. “No bebas agua [sola] sino [añádele] un poco de vino…” (1 Tim. 5:23).

Este texto debe verse a la luz de la situación de salud que atravesaba Timoteo, y las condiciones de la época. Por consiguiente, el consejo de Pablo en ninguna manera alienta a la práctica moderna de la bebida social como la prescripción de una pastilla no es pretexto para consumir narcóticos prohibidos.

LA TONTA OBJECIÓN DEL REQUISITO DE UN ANCIANO

Con referencia a las cualidades de un anciano, Pablo afirma que el candidato para obispo no debe ser “dado a la bebida” (1 Tim. 3:3; Tito 1:7, LBLA).

La expresión griega, PAROINOS, significa “dado al vino, borracho” (Thayer, Greek Lexicon, p. 490). Leer en eso alguna clase de licencia para la bebida moderada es una ampliación irresponsable. ¿Si la medida hubiera sido en contra de ser un adicto a las drogas entonces estaría permitiendo “fumar un poquito” de manera recreativa? ¿Lo interpretaríamos como un permiso para consumir cocaína “moderadamente”?

Además, la restricción de Pablo en cuanto a los diáconos —que no deben ser “dados a mucho vino” (1 Tim. 3:8, LBLA; Thayer, p. 546) — de manera similar no prueba ningún permiso para el uso moderado de la bebida alcohólica en el mundo del vino destilado en el que vivimos —las cuales son muchísimo más fuertes que las bebidas de la era primitiva. La realidad es, dentro del mismo contexto, se les encarga a los oficiales de la iglesia a ser “sobrios” (NEPHO), lo cual significa “libre de la influencia de bebidas intoxicantes” (Vine, Expository Dictionary, p. 746).

Josefo emplea la palabra NEPHALEOS (“sobriedad”) en cuanto a los sacerdotes, y con respecto a los roles en los cuales éstos funcionaban, comentando que “no se les permitía beber vino” (Antiquities, 3.12.2). La palabra literalmente significa “mantenerse sin vino” (Bromiley, ed., Theological Dictionary of the New Testament, p. 634).

En el contexto, denota un “estilo de vida abstemio” requerido por la instrucción apostólica (Verbrugge, Theological Dictionary of New Testament Words, p. 863).

Es enteramente posible que el uso de “vino” en los contextos de Timoteo y Tito pueda ser un ejemplo de la figura de lenguaje conocida como sinécdoque, una forma de la cual es poner un objeto para representar una verdad general. Por ejemplo, “pan” (Mat. 6:11) representa a la comida de cualquier tipo. Sin embargo, se menciona específicamente ya que es lo ingerido comúnmente con los alimentos.
Siguiendo esta línea de razonamiento, la moderación en cuanto al “vino” podría simplemente representar el dominio propio en general. Es interesante notar como un término parece ser el balance del otro. El obispo debe ser “sobrio” (1 Tim. 3:2), y “los diáconos de la misma manera… no dados a mucho vino” (3:8); similarmente, “las mujeres de la misma manera… [sean] sobrias” (3:11). En Tito 2:2, los hombres deben ser “sobrios” y asimismo las mujeres “no esclavas de mucho vino” (2:3).

Así que “vino”, debido a que era una bebida común, puede ser una ilustración específica para la moderación en general —sin alusión alguna a si éste era o no fermentado.
El Nuevo Testamento representa los abusos del vino en una serie de palabras que describen las etapas de la transgresión.

Primero, está la palabra POTOS (traducida “embriaguecesLBLA1 Ped. 4:3). Esta denota una fiesta donde hay bebida, pero como R. C. Trench observó: “no necesariamente de forma excesiva…pero dando ocasión al exceso” — ¡Y aun así es condenada por el apóstol! Esta escena describe perfectamente los cocteles modernos.

Segundo, está la palabra OINOPHLUGIA, la cual se traduce “bebedor de vino” (Berry, Greek-English Interlinear, 1 Pet. 4:3), o “borracheras” (LBLA). Trench dice que esta palabra “marca un paso más avanzado para el METHE [bebedor] (Synonyms of the New Testament, p. lxi).

Ningún cristiano consciente estaría dispuesto a aventurar con la bebida alcohólica —en ninguno de estos grados.
EL ARGUMENTO DE LA CREACIÓN

Es verdaderamente impresionante que un hermano esboce el argumento de que si el placentero consumo de una bebida alcohólica estuviera mal, Dios no la hubiera creado. La implicación es esta: ya que el licor existe, entonces al Señor debe agradarle.

¿Tendría este caballero el cuidado de hacer el mismo argumento en cuanto a la cocaína, el opio o la marihuana? Aunque es cierto que “todo lo que Dios creó es bueno” (1 Tim. 4:4), es bueno mientras cumpla el propósito por el cual fue creado; Dios hizo al hombre bueno pero luego él se pervirtió (Ecl. 7:29).


Dios nunca pretendió que las uvas, el maíz, la amapola, la planta de marihuana, etc., fueran utilizadas como sustancias recreativas para alterar los sentidos. Ω